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Poemas de Barbara Pogacnik (Eslovenia, 1973)

Poemas de Barbara Pogačnik (Eslovenia, 1973)




Cuando el silencio no habla

 

El rocío, el rocío, las hojas lanceoladas
del rocío se filtran entre tardías hojas de hierba
en el umbral, y una corriente de ojos
se vierte volviéndose rocío. Qué manera de no escucharse el rocío
en nuestras gargantas ni en el limo del estanque.
¿Cómo podemos alivianar la armadura
del suelo congelado?
¿Cómo podemos drenar la pesada noche
que oprime al rocío?
La noche en la que palos, puntas de lanza, anzuelos
se acuñan obstruyendo el camino, porque el rocío
no tiene manos.

El rocío, el rocío desaparece como un pájaro recién nacido,
como si se posara en la noche
a ver las luces vivir
antes de caer al valle.

 

 

Uva sumergida

 

Ellos, como un vil sobresalto de hidra...
Mallarmé, La tumba de Edgar Poe

 

El mundo se balancea sobre una bandeja cargada
y cualquiera no puede darse el lujo de comprar una mesa,
se desliza como uvas de vino fermentadas.
Mañana será demasiado tarde para ver cuál
aperitivo nos ha traído la guerra de papel.
Nuestra lengua es larga, una interminable
serpiente inofensiva envolviéndose entre nuestras manos,
tostada o sin tostar por cada lado,
atravesando su camino por panes migados
y te sorprende cómo
mucho más allá del hambre
el capitán sumergido guía sus comandos.

 

 

Un cordero en la noche, un cordero en la mañana

 

I.
Al principio es simplemente una ligera luz que duele al fondo de las escalas.
Las sombras de siglos pasados pasan zumbando.
Le cuesta al hombre sin tierra mucho tiempo abrir la puerta.
Las habitaciones rebosan de alfileres eléctricos.
Yo, sobre la corteza del borde de la luna,
estoy lánguida.
Iría por cualquier prado
descalza sobre virutas,
corderos balan en la distancia, injustamente.

Chupan de a dos cabezas lo que se evapora.
Y nada puede ser depositado entre la lana.
Pero largas carreteras han sido construidas.
Cables eléctricos se retuercen como pescados, bloquean
el acceso al hombre sin tierra.
Parece que yo podría permanecer aquí para siempre,
meciéndome con resplandor lunar.
El viaje aún no ha comenzado, y estamos en el final.

La columna vertebral de Uroboros se rompe en tres
lugares, el hueso ha vuelto a crecer, pero las vértebras
son más rígidas ahora. Terribles garras brotan de las hojas.
Sales se desmoronan de enormes rocas.
Nos arrojamos arena en las gargantas el uno al otro, y esto sigue,
pero no puede verse en la miga lechosa de resplandor lunar.
El cordero es negro en la noche.
Manos tantean en vano en la oscuridad, se separan en gotas.

Pero nadie puede separar sus ojos de la blancura y el oro,
A pesar de una ola letal acechando tras la pantalla.
En el fondo de los pulmones, con ansiedad
los labios se abren para besar en secreto la superficie del océano.
El terreno tiene textura graciosa.
Desplumo la mano tendida, y las manzanas en mi garganta
quedan atrapadas en la tormenta.

 

II.
Las sombras del siglo pasado pasan zumbando.
Las caras cambiantes de padres faltantes,
madres en delantales totalmente solas
con sus manos en felicidad siempre en piedra,
niños creciendo desde el pavimento.
Madres desaparecidas en los torbellinos de sus manos,
padres con oídos musicales a la chimenea,
y niños nadando, nadando muy lejos.

Cualquiera que intentara atrapar al tiempo como mariposas
Sentía fragmentos de metal de fracaso sobre la lengua.
Nuestras manos no están a la altura.
Oh cordero torpe, ¿por qué estás perdido?
El sol está muerto en tu voz.
Necesito fijar continuamente mi pie hacia lo que solía ser,
la puerta es estrecha y se cierra con un truco.
Nunca sé sobre cuál lado he aterrizado,
la puerta me mira con su mirada vidriosa.
Hace un segundo, el amor era una branquia a través de la cual
yo apenas respiraba, y sin embargo veo en el agua
sólo una burbuja vacía elevándose.

El tiempo corre a través de mí y estoy llena de fisuras.
El agua vacila, luego se estrella en lo alto, de pura cantidad.
Ningún pilar crea la eternidad.
El cordero ha sido acariciado por manos que no semejan
su piel torpe.
Oh cordero, tomas café como la clase obrera.
Para ti el sol no se levanta por la mañana,
más bien, como las sombras del siglo, él se derrama
en la noche.

 

 

Balada para el oído

 

Casas erguidas como cuellos.
Gatos se mueven silenciosamente por campos de juego en la noche.
Nadie más juega juegos de azar ya.
Las líneas se dibujan. En el cuello,
hilos precisamente hechos aprietan
cada vez más estrechamente la garganta.
Puedes escuchar el sueño de motores
de carros apagados. El oído vibra,
el oído musical del cuerpo hinchado del pez púrpura-dorado,
importado e inflado en el puesto de mercado.
El oído oscila y sus cerdas
que impiden el tacto, relumbran.
Gente llora en pozos de petróleo
para acariciar los cuellos erectos de las casas.
Se clavan cada vez más profundo para alcanzar
el oro púrpura.
Están dispuestos a caminar por enteras ciudades de lluvia.
El río mira en los ojos de ellos.
La lluvia no necesita palabras para tartamudear.
Moscas y elefantes se acercan a la gente con sigilo
por eso olvidan que las casas están erguidas,
olvidan su largo caminar.
Fluye el canto del pájaro frío
más allá de piedras esponjosas en el sendero.
El oído mengua de nuevo dentro de su concha frágil
y gorjea en su sueño.
Su sendero es arenoso,
lento.
Su río observa, con asombro, mientras las venas de
un oleoducto corren a través del Oído de la Tierra.

 

Corriendo desde la película


Sean Penn se enamora, pero en su puerta aparecen los acreedores.
Sean Penn corre por calles y bosques, pero ellos están decididos,
lo persiguen más allá de cines e iglesias de todos los credos.
Una niña fatalmente descalza observa la acción de la película.
Sean Penn está al lado y de espaldas a una gran limusina.
En sus caderas brillan dos pistolas; él las gira.
La joven muchacha de ojos descalzos siente una aguja perforando su estómago.
En un suéter gris sencillo, ella se para en la calle, a su alrededor
sólo cintas de vídeo, DVD y cine para ver en casa,
ilimitadas ofertas abrumadoras, arenas movedizas fatales.
Cuñado en el agua de su ojo, puedes ver aún un fragmento de toma.
En lo que se refiere al dolor, serán horas.

 

Holograma

 

Las bóvedas celestes sobre nuestros barcos tienen muchas capas.
Tocamos la profundidad y el relieve del borde del cielo.
Ahora otras bóvedas celestes mudan
sus pieles bajo el sol. Tranquilamente
una palmera descansa a la orilla del mar.
Al besar, una cabeza se abre como una flor
y en su cáliz,  el polen de las mentiras
resalta sobre las nuevas fronteras desesperadas
de bóvedas celestes.

 

Hilo de junio

 

Y no sólo el llanto,
como sucede con las flores temblorosas de la señora Dalloway,
sino que se trata de las lágrimas volviendo a su origen,
como si viajaran por diminutas venas de raíz
subiendo la columna vertebral de un gran árbol,
un viaje que nos ilumina sobre la naturaleza de los líquidos,
su simbiosis con el aire que respiramos en el sueño

todos estos son signos de sensación por asideros a través del tiempo,
de palabras que otros hablan en tales momentos dentro de la luminosa barba gris de la mañana, entre noche y amanecer,
mientras como ratones de teatro ellos abrazaban y vitoreaban
la vida, y te encuentras entre un ser que mira hacia adentro
y otro que compartes con el que está a tu lado
en un capullo de significados entre dos cuerpos

a través del cual, incluso mientras sueña,
la savia de todos los pensamientos se mueve.


*

Barbara Pogačnik nació en Eslovenia en 1973. Es poeta, traductora y crítico literario, se graduó en lingüística románica y literatura de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica y completó su maestría en la Sorbona de París. Ha publicado cuatro libros de poemas: Poplave (Inundaciones, 2007), nominado al Primer Premio al Mejor Libro; V množici izgubljeni papir (Hojas de papel perdidas entre la multitud, 2008), un libro bilingüe Modrina Hise / El azul de la casa (2013) y Alica plaščev v deželi (Alicia en el país de los abrigos, 2016), dos de ellos por la mayor editorial eslovena. Sus poemas seleccionados aparecieron en Rumania en traducción de la poeta Linda Maria Baros (Funia Luni Iunie, 2016), y se han incluido en antologías en diferentes idiomas.

Su poesía en traducción ha aparecido en 26 idiomas, ha participado en más de 40 diferentes manifestaciones literarias en cerca de 20 países diferentes, y ha sido escritora en residencia en varios programas internacionales. Sus poemas también se han musicalizado.

Pertenece a varios jurados literarios, a la Asociación de Escritores de Eslovenia y al PEN de Eslovenia y organizó el festival internacional “Poetas traduciendo poetas” Sinji krog / El círculo celeste (2007-2010). Desde 2001 pertenece al consejo editorial de una importante revista literaria eslovena, Literatura, y ha sido editora de la publicación Litterae slovenicae, editada por la Asociación Eslovena de Escritores. Más de 150 autores han aparecido en sus traducciones, de los cuales alrededor de 100 autores diferentes del francés al esloveno, entre los que se encuentran los principales intelectuales y poetas franceses.

Biografía waleslitexchange.org -English-
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Publicado el 29 de mayo de 2016

Última actualización: 04/07/2018