Festival Internacional de Poesía de Medellín

De regreso a Eleusis: Entrevista con Carl Ruck



Por Mike Millard
Traducción de Arturo Fuentes

Los sacramentos psicoactivos nos han ayudado a experimentar lo divino desde los primeros gestos de religión en el amanecer de la consciencia humana.

Ellos estuvieron presentes en el “origen mismo de la cognición religiosa de la humanidad, la conciencia de que había una dimensión espiritual de nuestra existencia”, expresó el profesor Carl A. P. Ruck en una reciente entrevista telefónica desde la Universidad de Boston, donde enseña griego clásico y lengua y cultura latina.


 Esto no es algo que las religiones contemporáneas acepten con dignidad; ellas tienden a verlo como un político vería que va perdiendo poder. También, las plantas psicoactivas, los hongos mágicos y otras arcaicas pociones etnobotánicas no sólo son en su mayoría ilegales en nuestro tiempo, sino que están manchados por los recuerdos de los años sesenta y del caos de aquel período convulso. Sólo pronunciar la palabra psicodélico puede crear una ola de pánico entre los accionistas del status quo social y político.


 Esta infortunada actitud puede estar cambiando. Ruck, doctor en filología clásica de Harvard y autor de muchos libros concernientes a los cultos del Misterio del mundo antiguo, acuñó incluso una palabra —enteógeno— “para liberar al tema de la connotación peyorativa de palabras como droga o alucinógeno”, según su sitio en Internet. La nueva palabra tiene raíces griegas y significa algo como “Sustancia que manifiesta a Dios”.

A través de su investigación en lingüística, historia y fuentes escritas de lenguas clásicas, Ruck también llegó a la conclusión de que el ritual espiritual primario de la antigua Grecia, los Misterios de Eleusis, celebrados por más de dos mil años en un pequeño pueblo en las afueras de Atenas, se iniciaba por el consumo de un enteógeno, derivado quizá del hongo de la cebada. Junto con Albert Hofmann -el químico que descubrió el LSD, y R. Gordon Wasson, un antiguo banquero de la inversora J.P. Morgan, quien estudió etnomicología y publicó en la pionera edición de la revista Life en 1957 un artículo sobre el uso religioso de hongos psicoativos por el pueblo mazateca de México-, Ruck co-escribió Camino a Eleusis: develando el secreto de los Misterios.

Aquel libro contiene una cita del siglo II, de Arístides el orador, la cual, aunque los Misterios estuvieran guardados en secreto, ofrece un destello detrás del velo:

Eleusis es un santuario común a la tierra entera, y de todas las cosas divinas que existen entre los hombres, es tanto la más impresionante como la más luminosa. (Wasson, Hofmann y Ruck, 27).

Ruck honra estas palabras al ayudar a promover el Proyecto Gaia, iniciativa para realzar el abandonado sitio arqueológico de Eleusis, a añadirse a la lista del Patrimonio Cultural de la UNESCO y construir un nuevo museo. El sitio web del proyecto menciona que Cicerón “señalaba los antiguos misterios representados en Eleusis como el ímpetu esencial para la evolución de la humanidad, elevándose del salvajismo a los modos civilizados de la vida”.

Ruck está de acuerdo. “La evidencia es muy clara”, dice. “Hace que vivas con más esperanza y mueras una mejor muerte. La idea central es que mueres y entonces renaces”. Esto, de acuerdo con el mito del retorno de Perséfone del Hades y la resurrección de la vida en primavera. “Como un evento psicológico, era una muerte del ego”. Lo que sucede, dijo, es que “ves una deidad cara a cara”.

La fuente de los Misterios es lo que Ruck refiere como el empíreo, “una deidad más allá de la deidad, la reserva de cada vida que alguna vez ha sido vivida, el hogar de todas las almas que encarnaron por todas partes, y si crees en la encarnación, el fuego que desciende del cielo a darle aliento al cuerpo, y luego al morir, vuelve a aquella reserva”. Es similar a la unio mystica referida por Hofmann en su libro, (ibid, 147) en la que el individuo encuentra una “sanadora experiencia de la totalidad.”

Hofmann advirtió también que mientras la liturgia cristiana adora a un dios en su trono celestial, en Eleusis el énfasis estaba en la transformación individual “experiencia visionaria del territorio del ser” que volvía a los sujetos místicos iniciados. (ibid, 148).

En el siglo IV, después que la cristiandad hubiera sido adoptada por Constantino como la religión del Imperio Romano, el emperador Teodosio I decretó el cierre de los santuarios en Eleusis. “Sólo podía existir una única deidad”, dijo Ruck. “Al tener un imperio era muy beneficioso tener una deidad, y que aquella confiriera poder al emperador, era un asunto esencialmente político”.

Durante este período, los cristianos a menudo profanaron los santuarios más antiguos, erigiendo templos sobre sitios sagrados e “incorporando fragmentos de viejas construcciones en las nuevas estructuras”, afirmó Ruck. Agregó que los Misterios Eleusinos se diferenciaban de la Cristiandad en que ésta es una religión patriarcal, mientras el santuario en Eleusis estaba “consagrado a lo femenino”, la madre de la tierra.

Perdida en esta mezcla de religiones del estado, estaba la directa conexión con lo divino, el empíreo, la unio mystica o inconsciente colectivo –llámalo como quieras– aquello que por milenios ha sido posibilitado por chamanes, sacerdotes e iniciados en los ritos de los misterios del mundo antiguo, siendo Eleusis el más famoso y notable.

Hoy aquella conexión se puede estar restableciendo dado que importantes universidades realizan investigaciones autorizadas sobre enteógenos para tratar las ansiedades del fin de la vida y el estrés post-traumático. Algunas organizaciones religiosas, incluyendo la Native American Church y el Santo Daime—llevado a Oregón desde los bosques lluviosos brasileños— han obtenido triunfos por fallos judiciales, que les permiten emplear enteógenos para vivificar sus ceremonias. A esta organización, ERIE, se le ha otorgado estatus oficial y sin ánimo de lucro en su misión de investigación, integración y educación enteogénica. “Es maravilloso” dijo Ruck. “Desde el mismo comienzo, Hofmann pensaba que el LSD podía ser útil en psicoterapia y para aliviar el trauma de la transición final a la muerte”.

La experiencia enteogénica es aún infrecuente. “Estamos ocupados en nuestro mundo y vivimos sin él”, dijo Ruck, “pero en psicoterapia esta ofrece el camino más rápido hacia la estructura de la psiquis”. Él también ha trabajado con gente, “que ha establecido iglesias que son conscientes de que los enteógenos son un camino hacia el desarrollo espiritual”.

No obstante es medicina poderosa, merecedora del máximo respeto porque “algunas personas no pueden manejar la experiencia, y también es peligrosa porque la gente quiere saber el significado de la experiencia, y si les proveemos un escenario corremos el riesgo de establecer una religión,” aseveró Ruck. Las dificultades permanecen, como lo ilustró el caos de los años sesenta.

“La revolución psicodélica coincidió con un desastroso periodo político. Resultamos envueltos en la guerra de Vietnam, lo cual fue un gran error que le permitió a la gente darse cuenta que quizá su gobierno estaba haciendo algo equivocado, de modo que fue vista como contra-cultura e incluso nociva para las estructuras de la sociedad”, afirmó Ruck, añadiendo que no tiene que ser así. Como vemos en la antigüedad, “En una sociedad donde el enteógeno tiene su papel apropiado, él no destruye al establecimiento, sino que fortalece la confianza en él”. Como eran utilizados en el mundo antiguo, en Eleusis, los enteógenos “reafirmaron lo que la sociedad pensaba sobre la dimensión espiritual.”

Pudiera ser útil considerar la posibilidad evocada por las palabras finales de Hofmann en Camino a Eleusis:

“Eleusis puede ser un modelo para hoy. Centros como Eleusis podrían unirse y fortalecer las múltiples corrientes espirituales de nuestro tiempo, pues tienen todas el mismo objetivo: crear, por transformar la consciencia del individuo, las condiciones para un mundo mejor, un mundo sin guerra y sin daño ambiental, un mundo de gente feliz”.
(ibid, 148-49).

Publicado el 21 de enero de 2016

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