Festival Internacional de Poesía de Medellín


Julio 8-15, 2017

POETAS INVITADOS

Lucía Parias (Colombia, 1992)



Ella

Llena está de sin memoria;
como si nunca hubiera sido.
De ella las pequeñas muertes,
el estado fugaz de inexistencia,
la permanente transición
que culmina;
                        cada segundo.


Hoguera


Sobre llamas construida,
nuestra casa comenzó a arder.
Y esos ojos volcánicos,
agujeros agonizantes,

llenaron de ceniza nuestro paisaje.
Ansié verlo todo en flamas,
y a la existencia suplicar,
un segundo,
un refugio donde aún hubiera

 

aire.
Hace ya mucho tiempo nuestra casa se está quemando.
Es de acero,
no hay oxigeno,
¡arde!

no hay salida.


Instantes previos al nacimiento
o
motivos en los cuales instalarse temporalmente.

 

I

Descendía la oscuridad a través de las siluetas.
En la intersección de siete caminos
una ronda de figuritas se dibujaba.

Sus cuerpos eran de fuego
y en las cavernas
las sombras se proyectaban.

Pero una ola de manos oscuras,
rancio rumor de la catástrofe,
no les permitió pronunciar palabra.

Les chilló al oído;

y por el dolor, en llanto
sus rostros se apagaron.

Son ríos los siete caminos.
Ya no hay sombras,
ni otras luces.

Ya no hay sombras
ni gemido que las nombre.

Los días mudos han vuelto.
Sólo la soledad nos acompaña.


II


La luz ensombrecía a través de las siluetas.
En el pico de una espigada montaña
criaturas de niebla sus manos enlazaban.

Duerme un estanque en la tierra
brota de sus cuerpos
luminosa agua.

 

 

Un estruendo de mil campanas
perforó desde el fondo un abismo
y envejeció el agua.

Una nube ceniza cubre la montaña.
Lo etéreo yace
bajo mantos de nada.


III


Ascendía la claridad a través de las siluetas.
En la profundidad de turbias aguas
una fulgurante hoguera
el aire marchitaba.

Al ritmo del oleaje
tres seres danzantes exhalan lumbres,
pintan sombras
y pronuncian flamas.

En medio de ardientes plumajes
el viejo siamés
en dos jóvenes cantos se desmembraba.

 

 

Al ritmo del oleaje
golpea el viento
el cuenco suspendido fuera del pozo.

Van y vienen los follajes:
los árboles pronuncian nombres,
lloran,
tristemente.


IV


Resplandecía luz en medio de curvas siluetas.
Sobre un océano fiero
dos cuerpos nimbos descansaban.

Vaporosos e impalpables
se funden en la borrasca.
Braman luminosas grietas

ahora tan sólo un cuerpo etéreo abraza las pieles de agua.


La casa


Soy una casa llena de puertas,
infinitas puertas.
Un refugio abierto,
una morada de greda.

Agua.
Agua,
lar de blandos muros,
sobre mis diques:
agua.

Soy una casa habitada por infinitas casas,
y todas sus puertas,
desembocan en otras puertas.
Merodean en mí,
incontables voces.

 

Umbral esencial, cavidad vibrante,
alfarera de nombres:
desborda en mis manos luz,

alumbra,
nombra,
mi nueva forma.

 


Las puertas

 

Conteniendo la existencia
muros se levantan,
y en ellos se disponen
una tras otra,
otra tras otra,
diferentes aperturas.

Son incontables las fisuras,
como las formas de morar el porvenir
y el recuerdo.

Son aquellos paisajes tras los portales,
lumbre del joven aliento.


*

Lucía Parias Rojas (Bogotá, Colombia, 1992) Artista visual con énfasis en la expresión plástica y audiovisual. En el presente su trabajo está enfocado en la escultura en cerámica y otros materiales suaves. En su trabajo plástico busca crear piezas que puedan ser apreciadas desde una postura poética. Actualmente realiza, como estudios de posgrado, la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia.

Publicado el 21 de abril de 2017

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