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Fakhri Ratrout, Palestina-Jordania

27º Festival Internacional de Poesía de Medellín
Fotografía de Sara Marín

Por: Fakhri Ratrout
Traductor: Ghadeer Abusneineh

 

Foto del autor

 

Algo de mi corazón

A veces por la noche
bajo sus ventanas escuchan unas cojas pisadas,
es mi rengo corazón de cascos naturales,
es lo más cercano a una flor.
Es más duro que un río: engañó a las montañas
y atravesó los senderos.
Enterró las raíces en las orillas
y su profundidad se ahogó en las arenas.
Entonces, se suicidó en el mar.
No entiendo a mi corazón,
cortó su brida,
ya nada le impide galopar bajo un cielo azul claro.

 

 

Algo de mi melancolía

Ni los deseos disimulados la acercan
a la grandeza de la extinción,
ni las plumas de la eternidad visten su cuerpo desnudo,
ni las hojas de calabaza curan sus úlceras.
Le gustó la oscuridad a la que fue tirada por la ballena,
Su plato está lleno de moscas,
el mundo le da asco,
se paró detrás de las paredes de la preocupación,
bombardeando el mundo con la catapulta de la melancolía.
Aquí, es el último lugar en el mundo en donde no será juzgado sólo por él.
Aquí está la perla más grande y más hermosa.
Aquí está su tumba junto a la porquería:
Su vida está perdida en el basurero
que los gatos nocturnos desordenan sin encontrar nada qué comer,
los barrenderos recogen los restos de su vida
dejado algo colgado en las esquinas.
Aquí quedó derrochada la vida de un hombre.

*Por fin, encontró algo parecido a su vida en los ojos de un viejo moribundo.

*Es una isla, ni siquiera los naufragios de sus barcos llegaron a sus costas.

*Es el viento, y yo estoy vacío como un bastón,
   me tambaleo, me rompo, y me pongo amarillo.

*En cada esquina se colgó algo de mis muñones,
sigo caminando
con mis lágrimas mezcladas con la lluvia.

 

Cosas de mis planetas

Mordió la luna, lo tiraron al piso, quedó un trozo en su boca sangrienta.
En noches de profunda oscuridad, una luz sale desde su interior,
en noches iluminadas, hay una luz deformada en el cielo.

De espaldas, acostado,
con la punta de su pie, juega con una estrella
que al final de la noche cae sobre él.

El sol es mi zapato derecho, la luna es mi zapato izquierdo,
yo también viajo.
El sol viaja.
Mi sombra viaja.

Amarré mi bote al sol, no me alejaré.

Con su primera flecha, hizo caer el sol,
Con su segunda flecha, hizo caer la luna,
La tercera flecha fue para su corazón;
Con tres flechas terminó la decepción, y se apagó el mundo.

El sol hundido en el mar de la sangre regresó al horizonte.
Una luna con la nalga descubierta.
¡Qué gracioso!
Toda esta oscuridad no cubrió sus partes íntimas.

¿Cómo nos verá el ángel de la muerte?

Si habita la luna,
derramaría desde su ventana un balde de orina sobre esta tierra
y estaría perdido.
El aire de esta noche, ¡está podrido!

En el fin del mundo será absorbido por la oscuridad.
Él escapa de una luna a otra.
Esto es lo que quiso exactamente,
tragarse un bulto venenoso de luz,
tapar su ojo derecho con un sol marchito,
cortarse una vena con un pedacito de carbón,
ahorcarse de una galaxia.

 

El hombre surrealista

Detrás de su almohada,
justo donde se pone la cabeza,
dibujó en la pared el hocico de la pistola.
Cada noche agrega una nueva parte.

La noche del crimen,
dibujó una bala con la forma de la no eternidad.

Su cabeza vacía está insertada
entre la almohada y los trozos de la eternidad.
Un dolor de cabeza crónico,
disuelve una cápsula de la eternidad en su vaso,
y traga.

 

El hombre real

Para dormir
él lee esta oración escrita en la pared:
“se perdió la llave, las puertas se duermen
y detrás de ellas, hay estaciones que se muelen”
En la habitación, hay una estación de ceniza
¡Duérmete ahora! ascua encendida.

 

El hombre hambriento

El anzuelo en el agua no molestó el temple del pez.
Él lo sabe.
Lo más importante es que el anzuelo quede en el agua,
que no pierda nunca el deseo de pescar.


El hombre bohemio

Quiere un cielo sin nubes,
sin estrellas, sin lunas y sin dioses.
Quiere un cielo parecido a él,
un cielo que lo alimente.

Después de la salida del sol,
antes de la puesta del sol,
lo tienen que sacrificar al bajo ritmo de la vida.

El sol anaranjado lo mata,
Mientras, muere el sol en el vidrio de una terraza polvorienta.

A media noche, lo resucita el gemido de una flauta bajo la ventana;
la escucha con los ojos cerrados.
Cada mañana se reúnen los muchachos de los suburbios de la ciudad
Alrededor de un hombre desnudo y asustado.

De Los tambores de Dios
 


Fakhri Ratrout es un poeta y pintor palestino. Nació en una mañana nevada en la ciudad desértica de Zarqa (Al-Zarq en árabe) donde nieva raras veces, el día 10 de noviembre de 1972.

Obtuvo la Licenciatura en Filología Árabe de la Universidad de Yarmuk, Jordania. El duende de la poesía descendió sobre él en la ciudad palestina de Jericó, donde ejerció como maestro durante seis años. En el 2000 se trasladó a Nicaragua donde emigró hace 100 años su bisabuelo, y trabaja actualmente como mercader de tejidos. Tiene tres poemarios publicados en árabe: Hecho en el infierno (Al-ghawoon, Beirut, 2012); El paraíso de los sicarios (Dar Roya, El Cairo, 2010); y 400 elefantes azules (Dar El Adham, El Cairo, 2014). En 2016, publicó en Costa Rica su selección poética Los tambores de Dios.

Sus poemas han sido traducidos al español e italiano y publicados en varias antologías de poesía.

-Sobre Fakhri Ratrout La Prensa Literaria
-Poemas El coloquio de los perros

Publicado el 14 de febrero de 2017

Última actualización: 02/03/2022