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Nicolás Antonioli, Argentina

Por: Nicolás Antonioli

Miguel Ángel Bustos


No te cambio mis huesos por uvas de la
tierra
No quiero despabilar mi piel con lunas y
tierras alumbradas
Con cercanías erguidas como una
serpiente en la luz
No siento ya una claridad que me libere en cegueras de la vida
Que ya es vida para ser un artificio de la muerte
Reflejo de un cogollo que es tu múltiple mentira
Tu plural desesperanza
¿Te olvidas del asesino? ¿Aquel que te
prohibió volver con odio a la vida?
Cómo oyen sus oídos a todos
Cómo hieden los árboles a fragancia de
tiniebla
Cómo perdura su voz en un viejo dialecto
de ojos
Cuánto va a faltar del odio que tenía como
sea
un algo de sangre en los desagües del
alma
Un numeroso aplauso marca mi huida por
la plácida vigilia
Mi carne uniéndose en tu palma
Atardece
Un gato pierde su canto en las trizas del
mundo
Cómo hieden los árboles a fragancia de
tiniebla
Cómo perdura su voz en un viejo dialecto
de ojos
como una serpiente en la luz

 

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Es un buen número
la superstición
Escribo en Jujuy a orillas del Río Grande
siendo las 11 horas del día menos pensado
sin saber de lo que hablo cuando digo que
los testigos
de todo dolor morirían en el absurdo e
impensable ejercicio
de saber que aún no hemos escrito
aún no hay libro de promesas
no hay humanidad
aún no hay lectura crítica ni nación
nada está terminado aún
ni nació un Tolstoi en el altiplano
ni tanto ni tan poco
Se diría que la literhartura está en su etapa larvaria
por contraposición
toda aproximación es ficción o mentira
sobre la mentira
sobre la mentira
LA LOCURA ES LA MANÍACA COMPULSIÓN
DE DECIR LA VERDAD OCULTA

 

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Madariaga dónde te hiciste esa herida?

La tiniebla se desviste con el horror de llegar a la verdad

Güemes habla de la patria secreta

de los días en que nos excedía la tortura

Hablo de la sumisa forma en que los pueblos

se revuelven las tripas por nada

Qué hacer para salvarnos en un acto de heroica perpetuidad

Abolir las partes serviles del poema

No todo habla de la muerte del poeta

La gente tiene virtudes afrodisíacas

En los bondis que van hasta el velorio

del hombre

en la ambigüedad de Olga Orozco

que se traslada al plano de la realidad

María Meleck Vivanco se cruza una herida frente al espejo

para volver a la raíz del poema

de lado a lado corre la sangre de la palabra nunca

 

 

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                                         “regalaréte lengua ansiosa
                                          hasta agoniarte y fallecérteme”

                                         Juan Carlos Bustriazo Ortíz

Así haz de entibiada luz

Corónate de ademanes y ejecutorias del miasma

Encarceladas en la humareda del solsticio de Abra Pampa

Como un claror de madre yerta o de cosmogonía

De pelambres o sistémica elucubración

Devuélvenos Battistón  la poesía y oh psiquiatría

La imaginación poética

En la duramadre de mis más turbadas noches de insomnio

Mujer yarará que oscura sigmundeas en lo penumbroso

SÍ, LA LOCURA ES BERMEJA

 

   ***

                     A Sabrina Usach

Nuestra propia historia

la ficción realista de no

abandonarse jamás

por fin sólo diré

                     en este sitio

dos palabras y así concluye la búsqueda

en qué soñar por dónde a quién hay

que pedirle que la vida sea eterna

a quién los resquicios

nos unimos de los ojos del

ruido de las palabras

                                que rotas huelen a

seres de imaginar

                             entre usted y yo antes

pieza de ajedrez

que se mueve viva

mi mujer me abraza

estamos vivos

y siento a trasluz de su tacto

                                    que la vida se enrosca

que la vida se apelmaza y su piel

es todo aquello que dice estoy vivo

y mi mujer me abraza

y siento a través de su tacto

y los pulmones se hinchan de

paisajes diversos y conjugamos

el mismo verbo y miramos y

sentimos y la lucha es una

y las palabras vulgares se vuelven

adjetivos necesarios que niegan

a la muerte que echan a la muerte,

que prohíben a la muerte

que expulsan y aniquilan a la muerte

estamos vivos y nos abraza

un mismo tacto y mi piel y su piel

son una misma dermis

                                 nos envuelve

abrazado a mi mujer que

es como un brazo mío, como

una pierna mía, como

una boca mía como unos

ojos que observan la levedad

que todo es y existe, que

todo es unísono latido

al mismo tiempo con la fiebre de los días

impulsados a través de la vida

a través del orgasmo

es esa mujer que vuela

aquella mujer que vuela nombrada

y ahora es acaso la mujer

de las cerezas la que barre patios

en el sur y está aquí respirando

conmigo que soy ella y ella en mí?

acaso llegó quedándose

-estamos vivos 

(se oyen pájaros afuera)

un gato de negra estampa observa y maúlla

con un poema de testigo

 

por fin

 

***

Especial para Prometeo

“Aunque la poesía argentina actual no tiende a mirar hacia su tradición literaria, vira su discurso hacia los medios de comunicación masivos, utilizando un discurso social a veces, otras haciendo eco de discursos musicales, puede verse una fácil generalización entre los poetas actuales de aquella nación. Si aún en los mercados literarios poéticos de Argentina suelen consumirse los libros de los “monstruos” literarios (Girondo, Borges, Pizarnik, Orozco, Lamborghini, etc.) la joven poesía actual tiende a difundirse por su valor reflexivo, sus “nuevas” propuestas. Sin embargo, para una poesía que no mira hacia atrás, hacia su tradición, ¿qué queda?”.

Manuel Parra Aguilar (n. 1982) poeta mexicano, nos interroga con ese comentario sobre en qué terminará esta mezcla de propuestas que nos ofrecen los nuevos poetas de Argentina. Las temáticas siempre son abundantes y complejas, pero se advierte un hilo conductor que entabla situaciones de relación que evidencian, por lo menos una tendencia común: ironizar sobre el mundo y  sus actantes, tomando elementos de la infancia como punto de partida para revivir en la relectura del poema, el acto creativo, como si cada línea se describiera a sí misma, pero sin recaer en detalles; se intentan poner en estado lúdico aquellos elementos dotados de lenguaje que nadie se animaría a decir. Es para destacar que estos poetas del nuevo siglo traen una carga social por añadidura, ya que en su mayoría nacieron o por lo menos vivieron su niñez en democracia. Existe también un ánimo por movilizar ciertos nervios, por irritar, por despertar al otro con un aire o turbulencia cargada de libertad, pero es mediante acciones concretas, performances, revistas virtuales, blogs, colectivos, editoriales independientes. Estos escritores de poesía logran comunicar la liberación que han visto sus ojos. El hilo al que me refería anteriormente es sin dudas: la ironía. Las piezas del poema interactúan con el lector, llegan a él espontáneamente y como sin darnos cuenta el poema hurga o corrompe, genera un estado de identificación, al menos parcial pero claro y directo, gracias a ese atributo de irónico en diálogo con el lenguaje publicitario o neo-pop (pictórico), en alguna medida. Es importante distinguir entre “tradición” y “tradicional”, para lo cual a esta altura se puede intuir que nosotros somos una continuación de la primera pero negamos y vapuleamos a la segunda. La poesía que se inicia ahora, está sumergida, bucea a estas horas en lo inasible, toma como propios todos los elementos de descarte del s. XX, los reutiliza para sus propósitos estilísticos, el poema no está construido por recursos retóricos enlazados sino que son en esencia concreciones retóricas, cada poema por separado actúa como una extensa metáfora que logra bienherir. Esos conceptos y las palabras no han cambiado, lo que cambió es el uso que se le da a esa unidad mínima de conmoción: el verso.

Abundan nombres en este nuevo escenario poético; darlos a conocer todos, ofende.

El escenario del mundo actual exige a los poetas el máximo compromiso ante las avanzadas neoliberales en nuestra América. Es menester que surjan movimientos de neovanguardia para paliar artísticamente la decadencia en la que está sumida la humanidad. Aunque el poeta Juan Gelman afirmaba que la idea mesiánica de cambiar el mundo mediante la poesía había fracasado, esto no es del todo cierto cuando tomamos conciencia de las transformaciones sociales que, la poesía y sus múltiples vehículos (música, artes plásticas, cine, teatro, etc.), han logrado afianzar a lo largo de la Historia. Es que no se necesita ser poeta para vivir en estado poético, ni mucho menos el no haber leído nunca este género es determinante para asegurar que la poesía no vive en cada hombre y en cada mujer de manera natural e inconsciente. Sólo algunos de esos observadores de la realidad logran transcribir o traducir lo que las masas impulsan y perciben desde las bases de la sociedad. No existe humanidad sin poesía, como no existe ser que no sobreviva gracias a su percepción. El poema no es poesía exactamente, al poema en este siglo XXI hay que dotarlo de revelación psíquica, pero no como los surrealistas, sino como la huella mnémica que imprimen aquellos  acontecimientos catastróficos que amenazan la vida. Una poesía en estado de shock, para salvarnos de una muerte segura, como si la lucha por la prolongación de la especie dependiera de no decir, sino de instar al cambio desde lo subliminal, validado por la mediúmnica,  la teléstica,  para alcanzar otro potlatch, de rasgos verdaderamente chamánicos, para prefigurar una nueva cosmogonía que propulse a los seres humanos a otro estado de cosas, a otro nivel de razonamiento alejado de todo tipo de violencia o actitud retrógrada que atentan a la especie. Estas sugerencias o visiones, no pretenden la búsqueda del mundo perfecto, sino el hallazgo de una verdadera utilidad, concreta de lo que conocemos vulgarmente como poesía, poema y cualquier otro artilugio semejante. Porque poesía es vivir en estado de muerte permanente, para comprehender con responsabilidad y amplitud, que somos un instante en el Tiempo.

 

*

 

Nicolás Antonioli   nació en Florida, Buenos Aires, Argentina, 1985). Escritor, editor y gestor cultural. Es Secretario de la Asociación de Poetas Argentinos, Director y fundador de La Juntada-Festival Internacional de Poesía Joven (APOA) con sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Director de la editorial Baldíos en la Lengua (www.baldiosenlalengua.wordpress.com).

Libros en poesía: Sentires del alma, 2004; Se necesitan ojos, 2005; Muñecas/maniquí/muñecas, 2009; Mansalvar, 2012; Mano emplumada, 2013; Monólogo alucinado e interminable del sargento Cabral, 2013 y Las carnes ayunas, 2017. Autor de las plaquetas Mandinga y Diecinueve. Posee otros 5 libros inéditos.

Participó como poeta invitado en el IV Festival Internacional de Poesía de la Ciudad de México y en el XI Festival Latinoamericano de Poesía “Tinta nueva” (México), 2015.

Obtuvo el Premio del Concurso Binacional de Poesía ArBol (Argentino-Boliviano) del Ministerio de Cultura de la Presidencia de la Nación (Argentina) y del Ministerio de Cultura del Estado de Cochabamba (Bolivia), 2014.

Su obra fue traducida al quechua y al alemán.

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Publicado el 02.04.2018

Última actualización: 09/10/2020