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Poesía, un estado de conciencia: Nicolás Antonioli

Por: Nicolás Antonioli

Especial para Prometeo

 

 

“Aunque la poesía argentina actual no tiende a mirar hacia su tradición literaria, vira su discurso hacia los medios de comunicación masivos, utilizando un discurso social a veces, otras haciendo eco de discursos musicales, puede verse una fácil generalización entre los poetas actuales de aquella nación. Si aún en los mercados literarios poéticos de Argentina suelen consumirse los libros de los “monstruos” literarios (Girondo, Borges, Pizarnik, Orozco, Lamborghini, etc.) la joven poesía actual tiende a difundirse por su valor reflexivo, sus “nuevas” propuestas. Sin embargo, para una poesía que no mira hacia atrás, hacia su tradición, ¿qué queda?”.

 

Manuel Parra Aguilar (n. 1982) poeta mexicano, nos interroga con ese comentario sobre en qué terminará esta mezcla de propuestas que nos ofrecen los nuevos poetas de Argentina. Las temáticas siempre son abundantes y complejas, pero se advierte un hilo conductor que entabla situaciones de relación que evidencian, por lo menos una tendencia común: ironizar sobre el mundo y  sus actantes, tomando elementos de la infancia como punto de partida para revivir en la relectura del poema, el acto creativo, como si cada línea se describiera a sí misma, pero sin recaer en detalles; se intentan poner en estado lúdico aquellos elementos dotados de lenguaje que nadie se animaría a decir. Es para destacar que estos poetas del nuevo siglo traen una carga social por añadidura, ya que en su mayoría nacieron o por lo menos vivieron su niñez en democracia. Existe también un ánimo por movilizar ciertos nervios, por irritar, por despertar al otro con un aire o turbulencia cargada de libertad, pero es mediante acciones concretas, performances, revistas virtuales, blogs, colectivos, editoriales independientes. Estos escritores de poesía logran comunicar la liberación que han visto sus ojos. El hilo al que me refería anteriormente es sin dudas: la ironía. Las piezas del poema interactúan con el lector, llegan a él espontáneamente y como sin darnos cuenta el poema hurga o corrompe, genera un estado de identificación, al menos parcial pero claro y directo, gracias a ese atributo de irónico en diálogo con el lenguaje publicitario o neo-pop (pictórico), en alguna medida. Es importante distinguir entre “tradición” y “tradicional”, para lo cual a esta altura se puede intuir que nosotros somos una continuación de la primera pero negamos y vapuleamos a la segunda. La poesía que se inicia ahora, está sumergida, bucea a estas horas en lo inasible, toma como propios todos los elementos de descarte del s. XX, los reutiliza para sus propósitos estilísticos, el poema no está construido por recursos retóricos enlazados sino que son en esencia concreciones retóricas, cada poema por separado actúa como una extensa metáfora que logra bienherir. Esos conceptos y las palabras no han cambiado, lo que cambió es el uso que se le da a esa unidad mínima de conmoción: el verso.

Abundan nombres en este nuevo escenario poético; darlos a conocer todos, ofende.

El escenario del mundo actual exige a los poetas el máximo compromiso ante las avanzadas neoliberales en nuestra América. Es menester que surjan movimientos de neovanguardia para paliar artísticamente la decadencia en la que está sumida la humanidad. Aunque el poeta Juan Gelman afirmaba que la idea mesiánica de cambiar el mundo mediante la poesía había fracasado, esto no es del todo cierto cuando tomamos conciencia de las transformaciones sociales que, la poesía y sus múltiples vehículos (música, artes plásticas, cine, teatro, etc.), han logrado afianzar a lo largo de la Historia. Es que no se necesita ser poeta para vivir en estado poético, ni mucho menos el no haber leído nunca este género es determinante para asegurar que la poesía no vive en cada hombre y en cada mujer de manera natural e inconsciente. Sólo algunos de esos observadores de la realidad logran transcribir o traducir lo que las masas impulsan y perciben desde las bases de la sociedad. No existe humanidad sin poesía, como no existe ser que no sobreviva gracias a su percepción. El poema no es poesía exactamente, al poema en este siglo XXI hay que dotarlo de revelación psíquica, pero no como los surrealistas, sino como la huella mnémica que imprimen aquellos  acontecimientos catastróficos que amenazan la vida. Una poesía en estado de shock, para salvarnos de una muerte segura, como si la lucha por la prolongación de la especie dependiera de no decir, sino de instar al cambio desde lo subliminal, validado por la mediúmnica,  la teléstica,  para alcanzar otro potlatch, de rasgos verdaderamente chamánicos, para prefigurar una nueva cosmogonía que propulse a los seres humanos a otro estado de cosas, a otro nivel de razonamiento alejado de todo tipo de violencia o actitud retrógrada que atentan a la especie. Estas sugerencias o visiones, no pretenden la búsqueda del mundo perfecto, sino el hallazgo de una verdadera utilidad, concreta de lo que conocemos vulgarmente como poesía, poema y cualquier otro artilugio semejante. Porque poesía es vivir en estado de muerte permanente, para comprehender con responsabilidad y amplitud, que somos un instante en el Tiempo.

 

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Nicolás Antonioli   nació en Florida, Buenos Aires, Argentina, 1985). Escritor, editor y gestor cultural. Es Secretario de la Asociación de Poetas Argentinos, Director y fundador de La Juntada-Festival Internacional de Poesía Joven (APOA) con sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Director de la editorial Baldíos en la Lengua (www.baldiosenlalengua.wordpress.com).

Libros en poesía: Sentires del alma, 2004; Se necesitan ojos, 2005; Muñecas/maniquí/muñecas, 2009; Mansalvar, 2012; Mano emplumada, 2013; Monólogo alucinado e interminable del sargento Cabral, 2013 y Las carnes ayunas, 2017. Autor de las plaquetas Mandinga y Diecinueve. Posee otros 5 libros inéditos.

Participó como poeta invitado en el IV Festival Internacional de Poesía de la Ciudad de México y en el XI Festival Latinoamericano de Poesía “Tinta nueva” (México), 2015.

Obtuvo el Premio del Concurso Binacional de Poesía ArBol (Argentino-Boliviano) del Ministerio de Cultura de la Presidencia de la Nación (Argentina) y del Ministerio de Cultura del Estado de Cochabamba (Bolivia), 2014.

Su obra fue traducida al quechua y al alemán.

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Publicado el 02.04.2018

Última actualización: 31/08/2018