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Sherwin Bitsui (Nación Navajo)

Por: Sherwin Bitsui

¿Qué tierra has lanzado desde la región borrosa de tu rostro?

¿Qué nación hincada con marcas de agua, fue sacada de la extinción a puros filmes y mostrada en semejanza de escarcha?

¿Qué criatura debe atravesar de un salto el ojo del nacimiento para merecer un guiño cuando esté cubierta con sudor de ladrillo?

¿Qué dolor apiló sus tablones en el espigón esquinado, ahora se desmorona en el agua inmóvil, olisqueado por el humo de la foresta?

¿Qué hace de esta canción un collar de cuentas atrapado por grietas de cemento cuando la cámara trepa por la ventana del sótano – mientras nubes invernales se enrollan a través de su lente manchado?

¿Qué estación no puede localizar un ojo en lo oscuro del sonido del sol girando hacia el rojo ocre después de pensar que habías notado que mi lenguaje era mitad reyezuelo mitad paloma y, juntos, escribimos una composición de alas en el muro levantado para impedir “nos” pasar, allí donde “llamar” se volvió “escoger”, “distancia” se volvió distante, en un mero raspado de esmalte sobre dientes amarillos?

¿Qué padre despertó, se volvió hacia su mujer, ella no quería, pero él empujó hasta que el niño saltó atravesando, ahora, ahora, ahora, mal tañido en un coro de quemaduras en cielo rasos de sirenas policiales fruta urraca cráneos sobre árboles de relámpagos monzónicos?

Qué, qué, qué, así repicaba la canción en el páramo.

 

*

 

Los colibríes escarban el último diente
del tirador de puerta enarbolado como ofrenda al sol.

Los caballos galopan hacia la colmena en la cual nuestros dedos arañan la raja:

la luz del computador se escurre desde bajo las uñas húmedas;

un gajo se estira desde el ojo nervioso de un toro agonizante,
crece desde la roja tierra,
se convierte en el remo que usamos para empapar la sed;

quieren que a fuerza de hablar abras una ventana resbalosa de sudor del Coyote
que rastrees poemas por escaleras de humo forestal
                 que alces hasta la cama
con las cerdas de la escoba con la que escribes libertad
una manta de preguntas ondulantes como plumas barridas por el viento desde nuestros ojos cerrados

hasta que ya no haya lengua que alise la finísima fractura entre “nosotros” y “ellos”.

 

*

No hay señal del rastro que conduce afuera,
solo un estanque de sangre de mula en la cuenca de la represa
que se asienta entre nosotros.

Juntos trepamos por el cabello del canto,
pisamos el tablón
y escuchamos gritos de parto hacer erupción en un puente de luz estelar
conectando las orillas, anegadas en tinta, de nuestros cuerpos anónimos
con anclas de cisnes
        tosiendo arena de dunas hacia el lecho seco de un rio.

Al alzar la tela para embarrar el bejuco invisible
noto arañas que emergen allí donde nuestro pelo se ha resbalado
y saltan a la luz del fuego 
hacia la balsa garabateada en agua de estanque,
sus remos translúcidos repiquetean metálicos cuando la balsa se hunde bajo el nivel del mar.

El dolor insertado oblicuamente bajo el piso de linóleo
empieza a sonar menos como llanto,
más como graznido de cuervos,
que se juntan,
         sedientos, barrigones,
del otro lado del ojo de la cerradura
para quienes nos hemos convertido, por primera vez, en cuerpos,
       para quienes nuestro lenguaje apuñala el tenedor con la cuchara.

 

*

Esculpo en esta manzana una paloma
la envuelvo en un nido de agua hirviendo.

Pellizco tus silencios hasta volverlos susurros,
los apilo sobre tu pecho inmóvil -
    dentro de ellos, el tuétano de las tortugas gira en contra de las manecillas del reloj.

Ofrezco un tallo seco,
           desdoblo esta grulla de papel en una jaula cuadrada.

Conservo aquí las huellas pulgares del carnicero.

 

*

Tamizando azul atlas de un cuerpo amarillo          aquí otra vez,

rematando el clavo del primer barco                      aquí otra vez,

embalando mapas estelares en hoja de maíz           aquí otra vez,

desplegando un cielo en blanco sobre tierra mapeada        aquí otra vez,

el tiempo de marcharse                                            aquí otra vez,

de blanquear el hueso                                              aquí otra vez,

una sombra de alce se yergue a nuestras espaldas        aquí otra vez.

 

Traducciones de Omar Pérez

 

*

Sherwin Bitsui   nació en Estados Unidos en 1975. Pertenece a la Nación Navajo. Es también considerado un hombre medicina. Obras publicadas: Shapeshift, 2003; Flood Song, 2009; Read America (s), An Anthology, 2016 (con Jericho Brown); Dissolve, 2018.

Ha publicado sus poemas en American Poet, The Iowa Review, Frank (París), Red Ink, entre otras publicaciones. Hay en su obra poética hay una geografía alucinante, de animales mágicos y atmósferas oníricas con episodios existenciales que registran más allá del bosquejo lineal de un retrato realista, el doloroso choque cultural siempre presente para los pueblos indígenas. El poema, música hecha con palabras, se metamorfosea en un más allá de sí mismo y se convierte en deslinde surreal.

- A Conversation With Navajo Poet Sherwin Bitsui By Theresa Braine, web indiancountrymedianetwork.com
- Poems Web Poetry Foundation
- Poems Sherwin Bitsui in Lyrikline
- Tortuga, poema Vídeo en el canal youtube dela Revista Prometeo
- The Nothern Sun Youtube Channel splitthisrock

Publicado el 26.05.2018

Última actualización: 05/09/2018