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Una estatua enterrada

Por: Ahmed Al Mulla
Traductor: Omar Pérez

Una estatua enterrada

 

Si hubiera sabido antes
lo que cargaba
me habría desembarazado de algunas de mis ilusiones
y el camino habría sido menos fatigoso,
Pero no lo sabía
y día tras día empecé a darme cuenta de su peso,
pensé que era mi nombre, del cual estaba al tanto hacía tiempo
y cuyas variadas repeticiones me agobiaban
debilitando mi brazo.

Pero entonces advertí que era el Tiempo
acompañándome como una piedra rodando desde
la cima de mi vida
Luego noté que era el Lugar
y una metáfora llamada El Sepulcro
y he aquí que estaba atada a mi pierna, mis gritos
me halaban hacia el vacío.

Entre la hierba ondulante
manchada de conchas y corales
y refugio de cangrejos asustados,
los buzos hallarán mi estatua hundida
alzando el asombro de sus ojos
con un dedo
apuntando hacia la confusión.

 

 

Sin brazos

 

Al suave sonido de una sirena de ambulancia
atravesaste mi vida
cortándola en dos
mitades desiguales,
en la palma de mi mano derecha está tu aroma
y mi izquierda la piedra de tu ausencia,
cuando la puerta se cierra lentamente
soy incapaz de detenerla
sin mis brazos.

Atravieso tu vida,
un tren huracanado
cortando el camino
en dos,
la curva hacia la que giramos juntos
y el camino que no tomaste,
y lamentaste.
Nos encontramos en el espacio engarrotado
entre dos estaciones de radio,
desconocidas sino para el chofer desenfrenado,
esa olvidada distancia en los espejos laterales
donde se ocultan los autos sombríos
para de pronto aparecer,
determinados a superar la caótica vida del conductor
esa pieza extraviada al tiempo,
oculta,
apremiada,
pero con un exceso de cálculo.

 

 

Intento

 

Desperté con una mano adormecida
cegada por la familiaridad con el dolor,
me interpuse en su camino
dudoso:
Hoy seré escultor,
este contempla la piedra de la vida,
pone la mejilla contra su mejilla fría
tratando de escuchar
un ahogado resonar de muerte.

El martillo golpea
como el grito de un salvador
llama al rescate,
destroza
parte
y excava
hasta caer sobre su rostro,
donde no hay más que polvo.
Un escultor
en una vida de tristeza dura como roca,
ara la piedra
en un intento
de rescatar
la risa de la estatua.

 

 

Tómate tu tiempo

 

Tómate algo de tiempo
y no te detengas,
deja que tu sombra se te adelante en tiempos pavorosos
y síguete a ti mismo camino a la nostalgia.

Tómate tu tiempo...no te derrumbes
tómate tu tiempo...desata la crin de tu caballo
tómate tu tiempo...deja que el barco te lleve ebriamente
y no saltes a ninguna costa de sobriedad.

Esconde las palabras apretujadas
haz chirriar los dientes al componerlas,
Tómate algo de tiempo
tu rabia es un tesoro así que no la gastes en lo indigno.
Si no fuera por la rabia no habrías andado descalzo
no habrías llegado hasta aquí,
la rabia te hizo maduro
y te moldeó
así que tómate tu tiempo.

 

 

Día de resaca

 

Otro error del universo
que pase un  año y el próximo lo siga
de inmediato,
debería haber una pequeña pausa entre ellos
un trozo oscuro de total neutralidad
como el punto al final de una oración,
una sala de espera,
o unas vacaciones obligatorias
para la resaca.

 

 

Señor de los depredadores

 

Ese aguijón de miradas
se hincha en mi cuello
y ya no me doy vuelta
para buscarlo.

Con su pelaje gris
su aroma penetrante
su saliva rabiosa
se sienta con las patas en alto
y su lengua colgando en mis sueños,

Se frota su cuerpo con mis días
persiguiéndome por doquiera que voy
su gruñido y sus comillas aprovechan cualquier lapso
para morder mi puerta.

Hizo entrar a sus jóvenes sin yo darme cuenta
y los crió bajo mi ventana
por las noches trotan detrás de mi
y se pierden de vista entre columnas
y sobre las colinas.

Mi remordimiento, señor mío de los depredadores
no sabía que ese pequeño pecado
abandonado tras de mí
alimentaría a todos estos lobos.

*

Ahmed Al Mulla nació en Arabia Saudita el 19 de diciembre de 1960. Es consejero de la Sociedad Saudita de Cultura y Arte; director del Festival de Cine Saudita (2008, 2015, 2016, 2017, 2019); director del Festival de Poesía en su país (2015, 2016, 2017); gerente ejecutivo y miembro de la junta directiva del Club Literario, en la provincia oriental de Dammam.

Ha publicado diez libros de poesía, entre ellos: Una sombra devastadora, 1995; Luz y sesgada como olvido, 1997; Una flecha susurra mi nombre, 2005; Las chicas nos han escrito, 2013; Los ejercicios de la bestia, 2010; El aire es alto... bajo es el suelo, 2014; Marcas distintivas, 2015; Mis hermosos errores, 2016; Eyak An Yamuta Qablak, 2018.

Obtuvo el Premio Gran Premio Poeta Mohammed Althbyti del Club Literario Taif, en 2015.

-9 poems Arabic Literature Today
-Poem Banipal

Publicado el 21.04.2019

Última actualización: 07/06/2019