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La estación de los pájaros

Por: Bárbara Lins

Retrato uno

Pude haber nacido hombre
o haber nacido sirena.
Pude haber nacido gaviota
o ave de rapiña.
Pude haber sido un oasis
o una palmera en la playa.
Pero nací mujer
y me llamaron Denis.
Mas yo quise que me llamaran
Bárbara.
Mujer bárbara,
que lleva algo del hombre
y de la sirena,
de la gaviota
y del ave de rapiña,
del oasis
y de la palmera.

 

 

Mutación

Se desvaneció el arcoíris.
Ahora vuela en nuestra casa
convertido en colibrí.

 

 

Nombres mutables

Prefiero darles nombre a las cosas
para que sean sólo nombres
y no enseres cotidianos.
Por ejemplo:
A la estufa, llamarla Antonio,
así la mantengo limpia
y huele a hombre de campo.
A la sala, llamarla Raquel o Ana,
(son tan simples)
al baño lo llamo Lázaro
y mi baño huele a siempreviva.

Cuando me encuentro con un
desconocido lo llamo Don,
porque ellos son extraños seres
en potencia de dones.
A los días los llamo dardos,
algunos son invisibles,
y es cuando me doy cuenta
de que uno se muere de repente.

 

 

Madre Ceiba

- cortar los árboles,
   hacer canoas de los troncos-

   Aurelio Arturo                                       

Estación de aves migratorias.
Testigo silenciosa de veranos y olvidos.
La centenaria ceiba
rejuvenece en los abriles
y el brote de sus hojas
brinda un nuevo color a la sabana.

Madre Ceiba, eres mi iglesia.
Tú me regresas de nuevo al pueblo.

 -Volver si estás Tú –
Fue mi argumento de adolescente,
y pudo mi argumento contra el hacha.

Volver, y verte.
Volver y saber que sigues siendo
la estación de los pájaros.
O no haber vuelto nunca más,
si te hubieran convertido en canoa.

 

 

Medellín 2004

Otra vez estoy desempolvando los clásicos:
ya pocos se interesan en leer a estos genios
y los estudiantes, casi siempre,
preguntan por la edición resumida.
Mis días transcurren en las librerías
de Junín y Boyacá
y mientras atravieso La Playa,
escucho el pregonar
de los ingenieros del andén,
-como se hace llamar un amigo que es poeta
y vendedor ambulante-.
Pregonan los libros de moda
y los últimos objetos necesarios y baratos,
traídos de la China y de Taiwán,
ofrecen todos… todos los mapas,
todos los sistemas, las tablas de multiplicar,
los paraguas o sombrillas,
la manito que rasca,
los abrigos y los relojes,
porque no hay que olvidarse del tiempo;
y yo paso mi tiempo
entregando libros para calmar el estrés,
libros para ayudar a olvidar,  
para no pensar.
Libros para interpretar los sueños,
libros para encontrar el alma gemela
o el número ganador de la fortuna.
Libros para armar un hechizo
de amor o muerte,
o el último Kama-Sutra moderno;
no importa el género,
lo importante es mantener
al ser deseado atado siempre,
o simplemente un libro
para reinventar a Dios
y asegurar la salvación eterna.

Mientras desempolvo
los libros que más amo,
a veces lloro.
Y lloran conmigo
todos los pensadores
de la vieja Grecia.

*

Bárbara Lins nació en Galeras, Sucre, Colombia, 1967. En 1989 obtuvo el Premio de poesía Alfonsina Storni, otorgado por la fundación Givre de Buenos Aires, Argentina. Poemas suyos han sido publicados en las revistas Punto de Encuentro de Montevideo, Fuegos, Quitasol, El Túnel y Crisol. También en los periódicos: El Universal de Cartagena, El Colombiano y el Mundo de Medellín. En 2018 publicó el libro de poemas La estación de los pájaros.

Última actualización: 15/07/2019