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Percepciones de la luz

Por: Ricardo Contreras Suárez

Monólogo de Wittgenstein sobre la tumba de David Pinsent

Este dolor es la medida de mi corazón.
Sobre la larga noche tallaré tu nombre en el fuego.
Que vengan ahora las sombras a beber de la extensión de esta herida.
Yo tuve un amigo, un amante
en Noruega juntos fuimos la senda de los hechos y el mundo.
Ahora, bajo la tierra
sus ojos no volverán a resplandecer para los míos
no hallará mi locura más sosiego en su buen humor.
Que se oculten las palabras del universo.
Que lloren los números a quien los supo una vez amar.
He perdido a quien fue mi bastón, mi rival, mi luz.
Hacia lo alto del silencio cavaré con mis labios hasta sangrar.
Sobre lo que no se puede amar, se debe callar.

 

 

Al poeta

Una bandada de pájaros, desbocados de su rumbo
atravesó un pueblo de hombres mudos que escuchó admirado su canto eufónico.
Como nadie nunca había cantado allí
todos los hombres se prestaron a lanzar maldiciones al cielo
y sus palabras se hicieron piedras que herían rabiosamente
y las piedras golpearon las alas de los pájaros que cayeron a la tierra
olvidando en su caída su antiguo imperio de aire y cielo.
Con los años, estas aves nefelibatas

fueron sanadas y adiestradas en el arte de ser buenas y justas
De aceptar vivir sin la más mínima noción de canto o de vuelo.
Así, con las piedras que habían sido lanzadas en su contra
las aves construyeron templos, donde se venera, en silencio,
el vuelo y el canto de un paraíso
que está tras encorvar el ala
de un modo distinto al de la súplica o la genuflexión.

*

Ricardo Contreras Suárez nació en Pamplona, Norte de Santander en 1983. Candidato a Doctor en Literatura por la Universidad de Antioquia. Magíster en Literatura colombiana por la misma universidad. Ha publicado el libro de poesía Percepciones de la luz (2009) y la novela gráfica El extraño caso del asesinato de Marcuse Circuse (2012). Se desempeña como docente de literatura en institutos y universidades de Medellín.

Última actualización: 15/06/2019