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Alemu Tebeje, Etiopía

Por: Alemu Tebeje

Saludos para la gente de Europa

 

Por tierra y por mar, vuestros padres vinieron a África
y desempacaron biblias por millares
y llenaron a nuestros ancestros de palabras de amor:

¡Si alguien os abofetea la mejilla derecha
            dejad que os golpee también la mejilla izquierda!
¡Si alguien se os lleva el abrigo,
dejad que se os lleve también los pantalones!

Ahora nosotros, los hijos de sus hijos
herederos de las palabras que vuestros padres dejaron atrás,
nuestros cuerpos abofeteados y despojados
por los presidentes durante nuestras vidas,

desafiamos mares y botes agujereados,
olas frías de miedo – que los vientos salobres golpeen
nuestros rostros y vuestros guardacostas
nos saquen del agua, como a pájaros del petróleo

pero aquí estamos por fin,
tocando a vuestra puerta,
esperando contra toda esperanza que recordéis
todas las hermosas palabras que vuestros padres nos predicaron.

 

 

Oh, democracia occidental

 

 

Te exalto,

tú que nos llevas a Gleneagles[1]
en un cálido autobús
para poder hacer nuestra protesta
contra el carnicero de Etiopía.

Nos dejas en un campo baldío
a tres kilómetros del hotel,
así que aunque el Carnicero no pueda escuchar,
somos libres de arrojar nuestras consignas
al viento

“Pluralidad política”, gritamos

“¡Derechos humanos!”, increpamos

El sol ha bajado y hace bastante frío.
Los policías zapatean con sus botas.
Algunos cuervos nos escuchan hablar
y se sorprenden, se comprometen

a llevar mensajes a tu conferencia
donde cada pausa acepta con entusiasmo
la dulzura de tus palabras,que golpean las galletas de tus promesas.
Así que, en la oscuridad, te exalto,

por tus autopistas relucientes
de libertad de expresión
por tus campos baldíos y tus cuervos bien dispuestos,
y por las pastas de harina secas con las que alimentas a los monstruos.

 

 

Mi madre en su pueblo campesino

 

No necesité permiso
para conservar a mi madre
muy adentro de mí por dieciocho años,
su tristeza por no verme,
mi tristeza por no verla.

Pero después de dieciocho años ella murió
y entonces ese tenue rayo de esperanza
al interior de la tristeza por no verla
se deslizó fuera de mí
y se sentó sobre el suelo
y lloró

 

Calvo

 

Juventud – ¡No te vayas!

                        Edad - ¡Déjame entrar!

Dos voces gritan en la torre de asedio de su mente
mientras la sal y la pimienta luchan por su cabello
así que para recuperarse y reagruparse, y acoplar edad con edad
busca en su bolsa de trucos

y agrega una esposa más joven a la vieja,
pasa noches alternándose con cada una de ellas
y enciende un fuego de celos
mientras él sigue feliz, cómodo, orgulloso

pero su esposa joven, para qué él se aproxime más a su edad
le arranca algunas canas todas las noches,
y su esposa mayor, para qué él se aproxime más a su aspecto
le arranca algunos pelos negros todas las noches

así que finalmente él se queda sin pelo y sin trucos,
sólo una cabeza calva en tierra de nadie.

 

 

Las voces de la torre Grenfell

 

Hashim llama y llama, la esposa
de Hashim llama y llama, los tres hijos
de Hashim llaman, y llaman, y llaman.

¡Mira! El fuego consumió un edificio
y ahora me consume a mí
con todas las ardientes voces de los muertos
de viejos          y jóvenes
            Marco llama y llama
chicos y chicas… todos los que solía ver
            Zainab llama y llama
y saludar en la parada de buses
            Bernard llama y llama
o en la estación de trenes o en la calle Latimer
            Nura llama y llama
voces que lloran en sus celulares retorcidos
            Haniya e Izra llaman y llaman
por las escaleras y el humo
aunque no tengan ojos para ver el edificio
o vivan en él ahora, sin sus cuerpos
            Anthony llama y llama
aún si sus palabras amables y sus sonrisas de la calle
Mariem llama y llama
se han hecho humo     yo era su vecino
            Jeremiah llama y llama
compartimos este campo        y ahora soy testigo
de su desaparición       ¡oh, las almas que arden tienen voces que arden
déjame ser su garantía de verdad!
            Ligaya llama
                        Mahadi            llama

“éramos vecinos… ¿qué harás por nosotros?”
Las voces preguntan cada vez que salgo
o cuando vuelvo a casa           quieren saber
por qué se quemó en minutos, como una caja de fósforos
dónde encontraré justicia y un hogar
para la familia de voces de Nur          para la familia
de voces de Khadijam para la voz de Malak, y la de Jessica y la de Tuccu
para la voz de Biruk y de su madre, y para la voz de Ali
y la del pequeño Isaac que llaman    y llaman   y llaman    y llaman    y llaman   y llaman

 

Visa

 

El presidente vestido de traje de paño y corbata
y con unos zapatos costosamente lustrados
blande su Carta para la Paz y la Democracia,
hace un recorrido por la justicia étnica de su gobierno
palabras como
            Derechos humanos
            Crecimiento y desarrollo

resbalan con facilidad por sus labios,
él está feliz de repetir una y otra vez
los cambios a los que ha dado paso a lo largo de los años,
tan generoso en su hablar y hablar y hablar…

eventualmente abre la reunión
(aunque a sus ojos no les gusten las preguntas)
y el primer interrogante sale a flote
de uno de los muchos jóvenes manifestantes que se
arrojaron a Birsheleko, un chico cuya camiseta grita

¡NUNCA MÁS!

cuyas piernas están conectadas a unos pantalones raídos
un zapato sonríe por un agujero por delante
pero está torcido por detrás, su otro pie descalzo
e hinchado, está roto por los azotes.

Este chico se levanta y dice

“Señor presidente, lo he escuchado con cuidado,
pero con respeto siento que todo
lo que tiene que ver con mi vida es distinto de la suya.
Tal vez yo vivo en otro país,
¿hay dos Etiopías?
Si es así, me gustaría irme de la
que conozco y visitar la suya.
¿Sabe dónde puedo conseguir la visa?
¿Hay alguien repartiendo formularios?”

Una risa momentánea ilumina el recinto,
pero el chico sólo está apretando sus cadenas.

 

A los turistas

 

Turistas que viajan a Etiopía,
donde dejé mis huellas sobre la tierra,
tengo algo que decirles, es sólo una anotación
para que se la lleven con ustedes, de vuelta a casa

en cada pueblo que visitan
cada aldea por la que pasan,
piensen en todos los
            luchadores por la libertad
            activistas de derechos humanos
            manifestantes por la democracia
que pelearon juntos, murieron juntos
y ahora yacen enterrados bajos sus pies.

Así que cuando se bajen de su nuevo avión
            y entren caminando al festín,
por favor pisen blandito, y despacio,
y saluden en mi nombre a los abnegados héroes -
ellos son el país del que me han exiliado.
 

[1] Gleaneagles es el nombre de un valle en Escocia, famoso por su hotel y su campo de golf, “el más fortificado de Europa”. El hotel fue sede del 31 encuentro del G8 en el 2005.


Alemu Tebeje un periodista etíope, poeta, escritor y activista de derechos humanos que dejó Etiopía a principios de la década de 1990 y ahora vive en Londres, cerca de la Torre Grenfell. Dirige el sitio web www.debteraw.com y sus poemas han sido publicados en amárico, chino e inglés, así como proyectados en edificios en Dinamarca, Italia, Estados Unidos y el Reino Unido por la artista internacional estadounidense Jenny Holzer. Ha publicado una colección de poemas, ¡Saludos a la gente de Europa! (Tamrat Books, 2018), que incluye el guión de un boceto comisionado por BBC Radio 4 para que los migrantes vuelvan a imaginar la Odisea de Homero, Mi nombre es nadie. Con Chris Beckett, ha traducido y coeditado la primera antología de poesía etíope en inglés, Canciones que aprendemos de los árboles, y ha creado una pequeña editorial llamada Tamrat Books para llevar la belleza de la poesía y las letras etíopes a un lectores de lengua inglesa.

Última actualización: 31/08/2020