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Alpidio Alonso Grau, Cuba

Por: Alpidio Alonso Grau

Libro del viento



Libro del viento
en tus páginas se espesa el pájaro
El pájaro apoyado en la nada
Libro del viento: escalera de sangre
Quien oye del pájaro el grito
huye del árbol rojo
Del árbol rojo
sube a la nada el pájaro
por una escalera de sangre.




Monólogo de nadie



Mi Reino está en ninguna parte
Tal vez allí una mujer me espera
Cierto que puedo ser diestro con la palabra y con el arco
y que clavé una estaca en el maligno ojo de El Gigante
Mas sigo siendo Nadie
Como cualquier mortal soy vulnerable a la música encantada
y en más de una ocasión
pedí que me amarraran a los mástiles y taparan con cera mis oídos
Guardo una cicatriz y un secreto

Acaso el porquerizo me conoce.



Viendo llover en la lisa



Los demás que no fui,
los que pude haber sido,
los ajenos, los otros,
los que ya no seré:
ahora mismo sin sol,
¿son también de la lluvia?,
¿qué flamboyanes miran?,
¿dónde están esperándome?




                  De Sonetos del hacedor

                                      "La estrella es la estrella
                                      pero el guijarro es mío"

                                      Dulce María Loynaz

Menos mío el guijarro que la estrella
aunque humillarme pueda con su lumbre
inasible en su trono de alta cumbre
que … siendo mía … es mía y es aquella

Menos mío el guijarro cuando sella
mi ambición con su polvo en la costumbre
Una pobre nostalgia el pobre herrumbre
que al alma no pregunta ni destella

Tocado ... desearlo sería en vano:
lo que al tacto una vez rindió su orilla
pronto estuvo a perderse por cercano

Más que el polvo … la luz es de mi mano
Ganada fue por mí la maravilla
de quien … por huella … nos dejó su arcano.




La heredad



                                      "Donde él no está"
                                      R. F. R.

Nos dejó sus preguntas
su mirada de santo
su perfil de mortal crucificado

Junto a su respiración cortada
nos dejó una doctrina del amor
que a cada despertar somete a prueba
palabras que no son El Evangelio

Para los que vendrán
nos dejó su fantasma
sonámbulo pertinaz con un ramo de estrellas
braceando entre las sombras

Nos dejó su difícil manera de morir

Sin saberlo
nos dejó su resurrección
su forma de ser Dios en los tiempos que corren
y
por si fuera poco
nos dejó la vigilia
hecha
según él
de sueños imposibles

Se atrevió a decir: siempre

Prefirió ser nosotros.



Tonada


Y la muerte … en qué consiste
Cuál su rama … cuál su vera
Dónde … callada … me espera
por quién clama … por qué insiste
Bien puedo ser el que … triste
le suplica un ademán
de cortesía a su afán
insolente … pero no
Me niego: soy quien mordió
despedazado … su imán

Si algo me anima a lo hermoso
es la tristeza … es el fin
Y tampoco … En el confín
de su entraña sin reposo
crece un halo escandaloso
irremediable en su faz
que no quiero de su paz
nada que me comprometa
Bien sé su alfil … su saeta
sé su flor … sé su compás.
 


Venegas



Un día habrá
en que baje del tren
y no haya nadie esperándome

La calle vacía hasta la estación
las casas a ambos lados
sin nadie parado en el poste de luz
donde aunque no se vea … lo sé
siempre está esperando mi madre

Ningún niño
corriendo a saludarme
gritando mi nombre
mientras a mi espalda
el ruido del tren
se va
alejando

Ese día habré empezado a envejecer
Ese día
que … entre mis cosas de siempre
pareceré un extraño.



Sin saber para quién



Soy una simple rama
del árbol mutilado
de mis antepasados

Sin saber para quién
escribo estas palabras

sin conocer qué almas
comerán de ellos
hacia su breve eternidad
tiendo estos frutos.


Alpidio Alonso Grau nació en Cuba en 1963. Es poeta, editor y Ministro de Cultura de Cuba. Fundó la revista de arte y literatura Dédalo. Dirigió igualmente la Editorial Sed de Belleza. Ha participado en numerosos eventos nacionales e internacionales dentro y fuera de Cuba. Varios poemas suyos han sido musicalizados por trovadores cubanos. Ha publicado los libros de poemas: La casa como un árbol, 1995; Alucinaciones en el jardín de Ana, 1995; El árbol en los ojos, 1998; Ciudades del viento, Premio Calendario, 1999, 2000; y Tardos soles que miro, 2007. En palabras de Virgilio López Lemus: “Con un lenguaje ajeno a los vanos artificios, Alpidio Alonso se aproxima con absoluta certeza a las regiones poéticas más puras. Discurso íntimo, pero también abarcador y donde el amor tampoco falta, si bien quizás despojado de cualquier intención erotizante”.

Última actualización: 14/09/2020