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Un grito de guerra

Photo by Kim Wendt

Por: Claus Ankersen

Consideraciones sobre el papel de la poesía y los poetas en la transformación de la sociedad humana para lograr la paz, la verdadera democracia y la convivencia sostenible con el planeta.                                                                         

A medida que nos adentramos en 2020, parecería que la humanidad estuviera frente al umbral de algo completamente nuevo. Por primera vez en la historia del ser humano contamos con una tecnología que nos impacta literalmente a todos. Contamos con medios de producción que nos ofrecen una vida sostenible de lujo totalmente automatizada. Podemos producir y distribuir lo suficiente para que llegue a todo el mundo.  

Pero, desafortunadamente, aunque la tecnología en sí misma podría considerarse como un asunto neutral, la propiedad de dicha tecnología no lo es. Y la propiedad del capital y la tecnología, en cuanto más centralizados hoy por hoy, parecen priorizar el acaparamiento de los recursos sobre la distribución comunal, y la explotación sobre el compartir, aumentando la desigualdad y la opresión socioeconómica como un subproducto, y los mitos del transhumanismo y la superpoblación como los rasgos sistémicos de una oligarquía que se oculta de manera ostensible tras el frágil velo de la democracia.

Propagar los valores psicópatas de la agresión y la avaricia como rasgos humanos dominantes para justificar la desesperada lucha por la supervivencia como si estuviéramos en una charca de caimanes,  bajo  el principio de la meritocracia, y, al mismo tiempo, practicar la economía del regalo por encima de todo, en la que la abundancia extrema parece evidente, podría ser un movimiento estratégico de la estructura de poder establecida en cuanto a que los verdaderos rasgos dominantes de los humanos como son la tolerancia, la empatía, el perdón, la generosidad y el amor se tornan insignificantes.

Durante el último año, hemos seguido las protestas mundiales de ciudadanos desesperados y preocupados,  y aunque la respuesta de las sociedades verdaderamente democráticas podría ser complaciente y abierta a la reforma con respecto a las peticiones de la población, lo que observamos es todo lo contrario. El actual sistema de control gubernamental se niega a reformar.  En su lugar, se repontencializa la normatividad en cuanto a la vigilancia ciudadana y el control social. Podemos ver  los contornos de una cúpula férrea descendiendo a escala global, y una elaborada infraestructura de vigilancia a nivel mundial que sólo requiere de la Inteligencia Artificial para dominar de maner óptima a la población mundial, y así obstaculizar cualquier intento adicional de reforma del sistema -o rebelión-.

Los emperadores de Wall Street, sin duda, han notado la creciente concienciación sobre el desbordamiento de la injusticia. Y se habla de reforma, o eso se nos dice. Si representa un verdadero deseo de última hora,  o simplemente otro sofisma de distracción,  quizás ya no merezca nuestra atención. Lo más probable es que ya no suscite interés en la mayoría de la población mundial, somos una parte del hábitat de Gaia como cualquier otro organismo del planeta.

En la batalla por obtener y mantener el máximo poder y control sobre el  planeta, y de todo lo que éste encierra, no se establecen reglas. Gradualmente, la lógica de la inmediatez propia del  capitalismo se ha apoderado de la cultura humana y de los paisajes más sensibles, y se deplaza para adueñarse de la última frontera, a medida que nuestra espiritualidad esotérica, el misticismo y la magia son remodelados o desechados como copias desgastadas por la  entidad corporativa que los posee.  Hace un poco más de cien años, el ícono chamánico conocido como Santa Claus se volvió propiedad de y está asociado con un productor de refrescos, y el regalo de SOMA, donado en un principio por esta entidad, es hoy un regalo oscuro que ocasiona la diabetes,  y es tan tóxico que se utiliza para lavar metales.

Nuestro mapa del genoma humano con imperceptibles alteraciones probablemente será lo siguiente en ser  privatizado,  de  la misma manera en que el capitalismo corporativo se ha apropiado de los enteógenos y las plantas medicinales. Simultáneamente, se nos dice que estamos solos en el mundo, mientras que las culturas y los memes del superindividualismo se propagan a gran escala,  y se somete a presión la coherencia social.   La mayoría de las veces somos inducidos a  creer que estamos solos. Eso es una mentira. No estamos solos.

Pero hablando de la subjetividad, el recurso más valioso y supremo que poseemos como seres humanos que aún somos, afortunadamente está bajo nuestro control individual. Este recurso es también el más codiciado, por lo que todo apunta a un mismo objetivo: reinar sobre este trofeo de la humanidad hasta controlarlo.  No nos referimos al  oro ni a la fuerza laboral.  Se trata de  algo que la mayoría de nosotros damos por sentado de la misma manera que respiramos sin pensar.

Me refiero, por supuesto, a nuestra atención.  A nuestra mirada exterior e interior,  al único  y  constante punto fijo y focal que existe en la actualidad.   La atención se centra en el puente y en la puerta de entrada a la realidad por la cual la percepción viaja a la velocidad del rayo. Es precisamente la misma atención que sirvió de base a la maravilla de éste, nuestro mundo. Y la misma atención que ahora dirigimos hacia un ámbito cada vez más alejado del mundo que nos rodea, lejos los unos de los otros, lejos de nosotros mismos y de nuestro devenir en el universo mientras nos volvemos adictos al Hiper Reino de la realidad ficticia mediada electrónicamente. Mientras se da un retraimiento del origen, nos dejamos atraer por el mundo del simulacro. Como si se tratara de una fata morgana (espejismo).

Este movimiento, tan perfectamente perverso y simple como - o al menos en algún momento - irreversible, y que fuera ilustrado de manera insuperable en la Caverna de Platón nos remite hoy a una civilización humana que retorna a la caverna,  prefiriendo mirar las sombras en la pared de la cueva en lugar de fijar la atención sobre el bisonte real que está en el campo, das ding an sich (la cosa en sí).

En resumen, se podría decir que se avecinan tiempos oscuros y tormentosos, y que tanto las premoniciones pesimistas como las más sombrías y distópicas preocupan legítimamente a muchas personas mientras alientan la disminución de la calidad de vida y el aumento de una miseria existencial que desde toda perspectiva resultan innecesarias e inhumanas. 

Somos las flores que brotan eternamente (cada uno de nosotros), seres humanos en el planeta, así como todos y cada uno de los seres sintientes que nos rodean como la flora, la fauna y todos los miembros del reino de los hongos. Y es así como en estos tiempos aparentemente oscuros, la poesía puede ayudarnos a compartir y tomar consciencia de ello.

La poesía, como ningún otro fenómeno, es capaz de capturar el aquí y el ahora, identificar las sensaciones del ser, verbalizar la atmósfera, transferir lo inexplicable, pintar las sensaciones y capturar el encuentro del hombre consigo mismo, entre el yo y el otro, y entre el yo y el mundo. Por encima de cualquier otra manifestación artística, la poesía es el arte de saber enfocar la atención en el momento presente. Y es precisamente esta inmersión del ojo atento y creativo en la anatomía del presente, lo que imita la creación misma.

El don de la poesía no es menos fantástico que la creación, su don son los frutos de la atención y la posición transformadoras en el reino cuántico de la existencia donde todo coincide en el presente. De esta manera, la poesía combina efectivamente los universales humanos y lo particular de lo eterno en el momento presente en una condensación prismática tanto narrativa como instantánea.

De allí que la poesía sea transformadora, y el acto de crear poesía, de naturaleza chamánica.

La poesía es el arte del momento, captura el ahora, el ser, la atmósfera, la sensación, el encuentro entre el yo y el otro, el yo y el yo, el yo y el mundo. En esto, la poesía imita la creación misma. Su don cuántico realista combina los universales humanos y lo particular de lo eterno en el momento presente en una condensación prismática tanto narrativa como instantánea. Los poetas serán los chamanes del mañana. Al igual que otros chamanes, el poeta trasciende el velo entre los mundos y ofrece regalos que ayudan eventualmente a comprender, transformar y trascender los misterios y desafíos de la vida. La poesía manifiesta las  visiones, los sueños y las fantasías: advierte y presagia. Más que nada, la poesía abarca la utopía, la fantasía y lo real como un todo.

Ante esto, la voz del poeta se vuelve  esencial para abordar estos tiempos cruciales. No sólo a través de su obra, su poesía, sino como contribución en sí misma.  La voz de los poetas es la voz del mañana, y como chamanes del nuevo mañana, los rishis de la post-post modernidad,  deseo hacer un llamado a todos los poetas.

Para que no guardemos más silencio por temor a nuestras carreras o reputación. Para que no permanezcamos agazapados en el ático, inmersos en la creación sino también en la interacción, alcanzando  e integrando los frutos de este campo trascendental que es la empresa humana al lado de nuestro prójimo.

Debemos unirnos para ayudar a difundir la poesía a toda la humanidad, en todas sus formas y expresiones, como dones chamánicos y tótems mágicos, despertando solidaridad, empatía y cohesión en el plano de Gaia.

Como el famoso cibernetista, Gregory Bateson lo expresara:  es la diferencia lo que hace la diferencia. Y como poetas, podemos hacer la diferencia activa.

Pero como acto transformador,  terapéutico y colectivo, la poesía también enfrenta varios desafíos. Paradójicamente, la expresión artística de la poesía enfrenta retos similares a los del discurso público en las redes sociales, por ejemplo. Por un lado, hay un movimiento constante de contracción, de sectarismo y menoscabo que busca reproducir la poesía elitista, académica y reservada para unos pocos. Por otro lado, encontramos la cultura tal vez demasiado populista de la poesía de Instagram, o los memes poéticos, que aprueban la más mínima expresión.

Por suerte, y debido a la misma naturaleza transformadora de la poesía, ésta puede abarcar las dos posturas.  Considerada como El Gato Schöedingers de las expresiones literarias, la poesía puede ser ambas cosas y más.

Creo en el aspecto transformador del arte, la literatura y la poesía: para el artista y el escritor, el lector y el oyente, el espectador y el transeúnte. Creo que el desafío de estos tiempos exige una renovación de la función y el papel del vidente-poeta. El chamán artístico. El rishi posmoderno, por decirlo de alguna manera.

Creo en el sujeto como ser individual y, sin embargo, interrelacionado,  creo en nuestra pretensión de libertad para desempeñarnos y desempeñarnos libremente, desde cualquier expresión artística, y, por consiguiente, considero que la forma debe ceder el paso a la intención. Creo en la intención, la intuición, el amor y la comunidad entre las personas. Creo que el arte y la literatura se enfrentan a las mismas preguntas existenciales: ¿quiénes somos?, ¿qué estamos haciendo?, ¿hemos estado aquí antes?, ¿nos conocemos?, ¿hacia dónde nos dirigimos? Considero que nuestro arte y la poesía hacen la diferencia.

Creo que podemos lograrlo. Creo que la tierra es un verdadero paraíso. Creo que el mundo siempre fue un lugar mágico. Sé que la ficción y la realidad se están fusionando.  Llegó el momento de hacer realidad nuestros sueños.

Invito a todos los poetas de la hermandad local-global,  de plumas hipersensibles a las que todos pertenecemos, y  con actitud para la acción,  a unirse a esta red con el fin de instalar en tiempo real el Ejército de Poetas que cree en la cooperación para que nuestras voces se escuchen, se difundan y se enseñe la poesía que materializará nuestras visiones.


Claus Ankersen nació en Dinamarca en 1967. Antropólogo cultural, escribe poesía y prosa, traduce, ejerce el activismo literario y trabaja con híbridos interdisciplinarios con la palabra como elemento constante. Es autor de quince libros y ha presentado sus obras en más de veinte países. Su obra selecta ha sido traducida al sueco, finlandés, estonio, ruso, polaco, ucraniano, rumano, alemán, urmurt, búlgaro, inglés, uzbeko, español y macedonio. A principios de siglo, fue clave en el desarrollo de la poesía danesa e internacional del Spoken Work, y estableció la expresión artística de la poesía performática en la historia literaria danesa con su documental de 2009 Cacahuetes y cerveza gratis.

En noviembre de 2019, su último libro salió a la venta en Dinamarca, el poema esotérico "El triunfo del corazón cantante". En 2018 su colección Agarra tu corazón y sígueme fue aclamada por la crítica en la India, y su novela picaresca posterior en danés Pendæmonium fue elogiada por ser fantástica y, entretenida. En 2016 fue publicado en Ucrania con la colección original, Una convergencia súbita. Esta colección fue aclamada como uno de los mejores volúmenes de poesía traducidos del año. Otras obras del autor: Palabras habladas, 2003; 52 Poemas modernos de inconvenientes, 2005; Recuerdos del cielo. Híbrido / Gonzo, 2013; Brandtale, 2016; Almas gemelas, 2017; Río del hombre, 2020.

En 2015 lanzó Army of Poets, red global y local de poetas de acción.

Última actualización: 02/12/2020