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Giselle Lucía Navarro, Cuba

Por: Giselle Lucía Navarro

Otra vez en el principio

               En el Malecón

Alguien supo que las aguas no serían mansas 
y el muro difícil de olvidar.
Ningún golpe de suerte lo desterraría.
Las piedras de las otras orillas son inciertas
como los rostros de las barcas que se asoman a la costa
como los planes de los ojos que se van sin mirar a atrás.

Alguien supo que la noche estaría fría
debajo de las estrellas de esta incertidumbre
la maldita incertidumbre que no avanza ni retrocede
solo permanece
permanece como las rocas del muro
el aire que sostiene a los aviones
o la distancia embalsamada en los ojos de aquellos que nunca la han visto.
Cualquier espacio sería necesario
cualquier orilla la adecuada.

Sobre los muros bajitos nunca hay espacio libre.
Todos saben que la noche es fría
y deben cuidarse de las aguas indóciles
por eso están esparcidos sobre el muro.

Hay música
ojos
bocas
idiomas
y preguntas.
El muro es lo suficientemente grande
para cubrir la orilla y protegernos de todo
pero aquel que se sienta en el muro
solo ve la distancia.

 

Resurrección del gladiador inocente

 

          Redondo sol encarnado
          va cayendo al mar profundo
          y parece un moribundo
          gladiador ensangrentado.

          Jesús Orta Ruiz.

Fuego indócil que adultera
sobre Roma el mar febril,
Coliseo donde vil
otra bestia vocifera.
Han quemado la bandera
con espadas de pecado,
la furia decide el hado
entre volcanes de gloria.
La sangre escurre en la noria
redondo sol encarnado.

No hay condena en la vigilia
que alucine en su trofeo,
la noche seduce al reo,
doblega el yugo, concilia.
Entre profetas se exilia
al nirvana de otro mundo
por el desquite rotundo
que desata un laberinto.
El siervo muerde el instinto,
va cayendo al mar profundo.

Otro cuerpo en cautiverio
con enredo desahoga,
finge en la plebe, le boga
a su ritual improperio.
¿Quién desnuda en el imperio
la cruz, el himno fecundo?
El trance –cual nauseabundo
dictamen del derrotero–,
pronto embiste al prisionero
y parece un moribundo.

El pugilato es la herrumbre
de los culpables en pos,
azar rajado entre dos
convites de servidumbre.
Nadie divague en la cumbre
cuando la hoguera ha cuajado.
Soy el grito en desenfado,
complicidad que desmiente,
resucito al inocente
gladiador ensangrentado.

 

Piropos

 

Una palabra en la distancia me golpeó de pronto.
Una palabra y un silencio que se borró a sí mismo
en el significado obsceno de la conjugación de un verbo.

La mujer contiene su ira contra el lenguaje,
y se coloca los audífonos para no sentir nada,
para habitar en los espacios del sonido,
la tranquilidad paralela del sonido,
ajena a los disparates de su raza.
Limpia de la lujuria de las calles,
dentro de sí misma.
Protegida de todo y todos,
sin perfumes, ropas y sonrisas,
inocente, libre, todavía niña,
sin curvas o edades,
sin sexo.

 


Giselle Lucía Navarro nació en Cuba en 1995. Es poeta y narradora. Profesora de Literatura en la Academia de Etnografía de la Asociación Canaria de Cuba. Entre sus reconocimientos: Premio Nacional de Ciencias Sociales José Viera y Clavijo, 2010; Premio Nacional de Ensayo Benito Pérez Galdós, 2011; Premio de Cuento Centenario de la Edad de Oro, en literatura para niños, 2011; Gran Premio de Poesía Fantástica Oscar Hurtado, 2013; Premio Nacional de Poesía Benito Pérez Galdós, 2014; Premio de Poesía KaraDura, 2015; Premio de Décima Indio Naborí, 2016, Premio Yasmina Calcines de décima erótica, 2017, y Premio David, 2019. Textos suyos han sido traducidos al inglés y al francés, publicados en antologías y revistas de países como Cuba, España, Chile, Perú, Estados Unidos, México, Finlandia, Venezuela, Argentina, Puerto Rico, India y Bélgica.

Publicada el 12.09.2020

Última actualización: 18/09/2020