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Jonatan Echeverri, Colombia

Por: Jonatan Echeverri

En el principio...
 

Hubo un tiempo de esplendor
en el que las palabras nacían con las cosas
Un tiempo sin lenguaje
donde cada hombre portaba la palabra
como el precioso recuerdo de un sueño
incomunicable y abierto

Las palabras vivían con las aves
o se escondían en las cuevas
—temblorosas a la luz de las antorchas—
La palabra de nadie nombró antes de ser nombrada
Tuvo su lugar entre las cosas
y cada hombre la contaba entre sus hallazgos
Las palabras vivían con los peces
y las más tímidas alumbraban solas
en los abismos del mar

Hubo un tiempo de caída
de vano sacrificio
La palabra se rindió ante la boca
que con hablar habló de muerte
No predijo el oráculo su propia extinción
ni predijo las gramáticas ni los diccionarios
donde las palabras quedarían condenadas
al servicio del hombre

 


Monólogo


Uno va perdiendo el hábito de hablar
y se vuelve más hablador consigo mismo
El problema de hablar para sí
es que, poco a poco, la intimidad
se torna en extrañeza

Y el hablador que no habla para nadie
termina hablando para otro
que nace ya maduro o agonizante

Eso de hablar con uno es, sin embargo
un hábito en el que se ocupan todas las sillas
de una mesa vacía

 


El enigma de la esfinge


El bípedo implume que remplazó a los pájaros por el despertador
el animal que gira alrededor de una bombilla, el cautivo
quien bautizó a las criaturas sin saberse nombrar él mismo
—levantó museos y carnicerías—
el amigo del perro, el triste, el borracho
el que dice “no más” y prefiere el método más rápido
ese bípedo implume camina en la arena
y el mar, el cielo, lo siguen intimidando

 


Eco y ausencia


Que un extraño toc-toc
resuene bajo el vestido de los pinos
que una luz salte de un lugar a otro
una luz capaz de perforar el aire
y alternar con el espacio reservado a los muertos…
que una casa con prado y un mapa de luces dibujado al fondo
sobre el negro y la niebla
una casa que pide fantasmas a gritos
—pues ni las vacas espantan esa soledad
sin puertas, sin cortinas, sin ventanas—…
que todo esto pase indiferente
ante las preocupaciones del mundo
no quiere decir nada
y no quiere decir nada porque ya no hay mundo
en la indiferencia
y ni una palabra puede salvar a los hombres
del no-lugar donde sueña la nada

 


Cotidiano


Se van estos días arrastrados en la calle
hojas sin fecha se van y se deshojan:
naturaleza muerta de los días
—naranjas secas, triciclos olvidados—

No avanzan ya los días y se van
se quedan atrás
El día pasa como sombra en el día

Pasan los días, despedidos por las horas
—ventanas, celosías—
días arrastrados en los parques
—el hombre del rastrillo amontona las hojas—

 


Lucrecia


En medio de ningún encuentro
la carrilera entre la hierba y un guayabo muerto
—el tallo envuelto en un alambre de púas—
los ojos saltones por la droga psiquiátrica
la extraña voz de una miseria
que escarba en zonas de alto riesgo
serpientes en la alcoba
zarigüeyas en la basura
el tocador lleno de pastillas y pinturas
que se mezclan en la palidez
los huesos que chocan en la noche
de desespero o de lujuria

La puta desciende a la ciudad
desde su casa de tablas en el barranco
en el abismo
la puta en medio de ningún encuentro
y a la espera —su carne es un signo—
del derrumbe


Jonatan Echeverri nació en Caldas-Antioquia el 26 de julio de 1989. Ha publicado tres libros. En el 2014 recibió el Premio Nacional Ciro Mendía con el poemario La Corbata de Nerval. En 2015 obtuvo el Estímulo al Talento Creativo de Medellín, en la modalidad cuento con el libro Consideraciones del Polvo. En 2017 publicó Krakatoa. Su último libro, A propósito de Woyzeck y 7 caprichos, son poemas en prosa.

Última actualización: 25/07/2020