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Lilia Parisí, Argentina

Por: Lilia Parisi

Nigredo
Desde hace
160 días con sus noches
no ruge el demonio alado
que sobrevolaba estas
las ciudades malditas
nadie mutila el origen mineral de lo viviente
y los pequeños seres
los que espiaron siempre
desde la delgada tenebrosidad de la infancia
bajan a diario
a intercambiar sus cristales y sus pieles

A mí
se me ha conferido el nombre de superviviente
No existe el miedo
aunque la criatura mundana no respire
sé que a tiempo será invitada a poblar
las grandiosas luminarias de silicio
Y las bestias
las que quedaron
las que todavía andan sueltas,
yugulan a los pequeños animales
les arrancan sus cabezas jóvenes y frescas
y como a un juguete precioso las observan
pero sin la voluntad
de la apropiación
humana.

La casa
que dejé ayer,
cuando aún me comprimía
en la celdilla asfixiante de la lengua,
está llena de insectos.
puedo verlos desde aquí:
llevan en sus patas antiguas escrituras
dejan la exégesis de su reino
en las orillas de las tazas que quedaron servidas
y que son ahora
estanques oscuros
silenciosos
en los que se dibuja
la Nigredo.

 

 

Primera canción a mi padre
Ese día me había peinado mi padre
como si fuera un hombre
dispuesto a subir a un caballo
yo
él
como una cabra
maté a alguien dijo
con las mismas manos de peinar
pensé
y yo de ahí
todo
y yo de ahí
los cismas los barrancos
sin aire
y por las mañanas
sin peinado
y los niños perdidos
de ese entonces que venían
los niños sangrantes de esos días
que venían a jugar
ponían la locura junto al dulce de la tarde
junto al cuchillo y al humus negro
de donde regresan sus manos
cada vez que mi padre me peina.

 

 

Hormigas
Sé que el libro que dejaste queriendo darme algo
me trajo mala suerte
ese día tuve que asesinar a una milicia de hormigas
que vino a amenazarme con su capacidad minúscula
de construirlo todo
a mí
que tanto me cuesta apilar
juntar
adquirir
a mí
que no podría nunca con toda la basura
hacer un hongo para sobrevivir al invierno
No creo en la potencia de lo pequeño
me he servido de los saltos bruscos
del espasmo
de la deglución súbita del tiempo
Y tu libro:
un valor de uso rosado y muerto
un producto envasado al vacío
una pandemia literaria que ofreces al mundo
aunque de corto alcance comercial.

 

 

Canal
Tuve que irme
correr
por pequeños lapsos arrastrarme
y por largas horas usar un vestido
como un tubo un conducto
que tuve que coser con el nombre femenino de la brea
y que comencé a zurcir siete días
después de haber nacido
a zurcir
con los ocho huesos que componen
la actual agrimensura de mi mano izquierda
Tuve que irme
correr
con un vestido
oloroso triste
esencialmente cotidiano
heredado de mi familia tras la muerte
de un abuelo heroico
de un suicidio en los terrenos de Valdivia
de un abuelo revuelto en las malezas
envuelto en las lombrices de néctar que masticaba antes
de transformarlas  en vino
con sus dientes de herbívora criatura.
Tuve que correr
dejarme picar por tres serpientes
peinarme con la sangre de las manos
untar mi cara en alimento
Tuve que correr lejos
porque cuando estaba allí la tierra comenzaba a taparme
me confundía con bulbos y raíces
o simplemente carne muerta
Un viento caliente me cubría con la saliva  de su polvo
susurraba amor entre las muelas
por ese entonces yo
comenzaba a  pensar en poblados con mares
sus canteros cuyo nombre confundía con la palabra acantilado
y de ahí  ya pasaba mi mirada a las macetas
a sus cultivos claros
Tuve que irme
correr
pero para entonces ya pensaba en poblados con mares
y en lugares bellos y ciertos
de un modo indetenible.

 

 

Hola animal
Hola animal
he visto cómo llegaste a mí
a través del olfato
y yo te olí también antes de tocar la fortaleza
que convierte mi casa en bosque
he reconocido entre los ojos tu degüello
y llego a tu encuentro también para lamerte
atender tu chillido
tu destello
tu primera noche acá en la Tierra
Yo
necesito que alguien cuide
el tenor y la calidad de mi alimento
que quite con cuidado el nylon
que cubre mi cabeza
y apoye su mano en mi diafragma
para ver si sigue el curso de todo lo existente
Contracción-expansión
me contraigo más de lo que indican
las sanas ecuaciones del mundo
me comprimo en los asientos de un tren donde no duermo
pero simulo vida
Voy y vengo
como si afuera de la cápsula
hubiera algo
un sonido
una máquina de oxígeno.

 

 

Alicia
Una mujer llamada Alicia
se dice mi madre
fija mi  nombre
en un padrón de enfermería
me sostiene
me amamanta
me asfixia
con el  oxígeno claro del origen
y su cuerpo
su cuerpo huele a infierno
su cuerpo huele
a oficina de correo
a tinta
su cuerpo huele
al pescado de las calles
que nada tiene que ver con las mareas
del  mío sobresalen los ardores de la luz
y las costillas
y no sé para cuál de las dos
es hoy la muerte.


Lilia Parisí nació en Argentina en 1978. Es poeta y socióloga. Pasó parte de su infancia en México y Chile. Se acercó a la poesía desde los seis años de edad.  En 2004 expuso su obra visual Museo, en el Primer salón de Arte Contemporáneo de San Isidro, Buenos Aires, 2004; en adelante continuó realizando algunas obras, puertas adentro. Participó de su primer recital de poesía en mayo 2017, invitada por el ciclo Rumiar Buenos Aires. En 2018 fue invitada por el Ministerio de Cultura de Cusco, a participar de Enero en la palabra, Festival de Poesía del Sur Andino. Integró el Festival de Poesía Joven Jauría de Palabras, Bolivia, 2019. En 2018 conformó junto a otras poetas mujeres, la antología La sangre en las fiestas cortas. Parte de su trabajo reciente se encuentra en la antología Descosidas, 2019. Coorganiza el Ciclo de Poesía Cordillera. Estudia actualmente la lengua ancestral andina, Runasimi. 

Publicado el 25.07.2020

Última actualización: 24/08/2020