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Sabrina Usach, Argentina

Por: Sabrina Usach

telar

 

a la hora de la penumbra cuando solo se escucha
un lejano ladrido de perro incansable retomo
el aparato bendito que me deja oler la lana
y su fragancia a chamiri a jarilla a retortuño
a mullaca -sí tejer es construir el pasado yendo
hacia adelante- corre por la piel un sordo rumiar
de animales andinos en vez de hierba parecen
alimentados a fuerza de silencio miran estoicos
la inmensidad avanzan de a poco dispares
son como cardones con múltiples espinas raídas
por el viento algo de esa aspereza refulge
en cada movimiento de urdimbre a urdimbre
-me hago la idea de sus ofrendas para contrarrestar
la culpa de los cueros esquilados y a la intemperie
abrigándose en infinita espera tibetana- intuyo:
han asumido el sacrificio sin queja para decir
la trama de un lenguaje milenario creo verlo apenas
más allá de este texto en las manos estoy tejiendo
mi amuleto con la desnudez de los redentores
 

 

araña

 

hago un nudo una cadena enlazo engancho y saco
ojalá este ovillo tenga el poder necesario para arrastrarme
por los rincones de la casa que nunca fue mía y rescatar
a la mujercita analfabeta aprendiz de locuras

enlazo engancho y saco
¿en qué momento del otoño de mil novecientos noventa y siete
ya no supe si eran sus manos o las mías las que recogían
 el hilo como un niño desnudo y frágil al que abrigar
con el tramado de una lengua desconocida para nosotras?

enlazo engancho y saco
eso de inventarse puntos y enseñármelos bajo la luz tenue
colada a través de la parra bordó a medio deshojar fue la manera
de enredarse en su pedacito de mundo cada vez más ajeno

enlazo engancho y saco
si supiera que hoy mientras ensayo ser insecto se me figura
manipulando saliva -tácita- yendo y viniendo en la red
donde esperó disecarse lentamente

enlazo engancho y saco
no hizo falta guardarla en una cajita de fósforos
porque el único museo que conservo es la aguja
con la que me unió a las palabras que aún intento descifrar

enlazo engancho y saco
si al menos me hubiera dicho en qué vuelta debía torcer los hilos
para que nazca esta breve extensión de mí -invisible pichón-
y terminar ¿debo torcer los hilos? ¿quiero terminar?

 

 

lithops

           

te recuerdo niña:
desde que nos engendraron como peñascos
cincelados por la fuerza monstruosa de la vida
tirábamos roquitas al agua les dábamos un nombre
porque nos parecía cruel desprenderlas del suelo
y cambiar sus destinos seguramente ahora
que sólo te importa hablar con tus plantas a media mañana
o pasarte horas urdiendo el i ching para hallarte
te olvidaste de la intuición por la que elegiste
aquella piedra ovalada color azulado entre las sombras
de una noche extraña la acunaste jugando a la mamá
y dijiste no sé si llamarla raíz o sangre

¿tu necesidad de nombrarla habrá sido la urgencia
por encontrar el origen de la especie escrita?
sin querer remordíamos antepasados para modular
por primera vez el sentido de estar juntas
con los pies desnudos mojados a la orilla de aquel lago
ocupadas en ablandar con una sola palabra
lo que otros llamaron lava mineral tierra

memoria niña:
de pronto te nacerán huesos y deberás tallar
las cuerdas vocales para definir las manos
que te arrojarán al embalse de tus vibraciones ocultas

 

 

hiedra

 

un gajo desprendido de la planta madre bastó
para saber que desde mi ventana colgaría
una pequeña selva con el golpe de frescura necesario
para mi cabeza en los últimos días del verano
de dos mil diecinueve olí el follaje un mediodía
y desperté en mi cuerpo fui trepando
por sitios desconocidos coros de vocecitas
acompañaban el vértigo de enredarme nervadura
a nervadura fue cierto lo que dijeron las magas
patología diagnóstico extirpar son palabras
que deberías deglutir hacia el fin de la estación

no voy a contar lo duro que fue ver partir río abajo
a las serpientes luminosas -ellas me protegieron
del intruso hasta asfixiarlo con otras palabras
como tejido anticuerpos obstrucción- en su lugar
eché raíces tiernas como esas hilachas rojizas
que nos raspan los pies al andar por zanjones agrestes
y sirven de nido a microanimales que quieren desovar
ya no puedo salir de mí habito el sistema natural
que me une al mundo y crezco de acuerdo a la luz

 

 

visión

 

dos horas cuesta arriba para llegar
desde acá observo de un lado el mar absoluto
del otro una vieja cordillera hoy de un verde
semejante al jardín que queremos tener
se mueve algo reconozco la sensación
de lo que está por venir: un picaflor vuela
y se sostiene delante mirándome tu cuerpo
viene del desierto surgido entre dos masas de inmensidad
de tus manos cuelga el penacho que sostiene la cabeza trofeo
rodó hasta vos por minúsculas patrias ungidas de polvo
hablarás con tus espíritus nadadores alados y terrestres
sobre tu cicatriz está marcado el surco por el que regresarán
los cantos del pueblo muerto en estos acantilados

el avecita se pierde entre matorrales oscuros
la persona que amo repara en mi postura fetal y me abraza
la tierra se expande hacia la costa bruta demencial
parece el deseo de una divinidad que quiere salvarse  

 

 

cementerio chauchilla

 

a dos árboles de mí –porque de un tiempo a esta parte
mido la vida de ese modo- hay una bestia de pie
la quiero adoptar te alimentaría a bocanadas
de baba y sangre pienso te vería crecer te enseñaría
a escribir tu nombre con retazos de mi fragilidad
 

pero masculla después de caminar por un largo desierto 
encontrarás un cráneo erosionado: es el tuyo
lo llorarás apenas cuando golpeen tus piernas
ráfagas envueltas de arena y un silbido llegado
de las colinas penetre profundo tu lengua
seré tu sustento en los meses de locura
hasta que me plantes y pueda aferrarme a la tierra
como una penca sin miedo entre las piedras

la bestia sigue ahí y yo necesito explicarle: a los desiertos
los atraviesan las mujeres que han aprendido
a morder el cielo para hacer llover desde sus vientres

 

caza

 

el viento me ofreció más de un pájaro mudo para comer
pienso en el alimento –sacrificio hambre sed-
hay quienes lo niegan pero en el paredón
silvestre de las noches éramos varias las hijas
que raptamos cada ráfaga -sus aullidos-
y las dejamos orilleras en ríos altos
-ofrendas sonámbulas- junto al último jirón de aliento
para que en el amanecer un balín o piedra
diera como resultado un pucherito implume

hervía mientras una niña tirada
en el piso con un lápiz hurgaba el desgarro
con la misma intención de búsqueda
de los nidos vacíos hasta que la voz filtrada
por lejanas masas de aire ofreciera el plato del día
entonces era entendible el rito era lícito
anular el tormento: entiendo que el caldo de esos seres
hizo crecer en mí el acecho por todo aquello
que no tiene la capacidad de nombrarse


Sabrina Usach nació en Argentina, en 1985. Es poeta, narradora, ensayista y profesora especialista en escritura y literatura. En poesía, publicó Versos para beber hasta, 2012; Muecas de una voz pájara, 2015 y Magnética, 2018, obra con la que obtuvo el Premio Provincial Vendimia de Poesía. Actualmente, es correctora de la editorial independiente Baldíos en la Lengua y coorganiza Cordillera, ciclo de poesía latinoamericano. Ha tomado parte en festivales de poesía en México, Argentina, Bolivia y Cuba. Coordinó, en el período 2016-2018, La Juntada- Festival Internacional de Poesía Joven, las Olimpíadas Colegiales de Poesía y el Café Literario Último Infierno, eventos organizados para la Asociación de Poetas Argentinos. Impulsora de proyectos y concursos relacionados con la producción escrita en diferentes escuelas.

Última actualización: 25/07/2020