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Tamara Mejía, Ecuador

Por: Tamara Mejía

Un pez en mi ombligo


Hay un escozor que no cesa
es rojo como el chupachups de fruta
es suave y circular como una reina claudia
y se extiende desde una estrecha base hacia el cielo celeste
como la retama.
Me pica en el centro izquierdo del ombligo único que tengo
en este cuerpo mestizo,
prieto como la sal sucia,
firme como los deseos de una niña de siete años,
y caliente como maduro en la herrumbre que despide humo en la
esquina de mi casa.
Este picor se hunde de cuando en cuando,
cuando el color de la noche aparece
despeinado y todo terco,
entonces este picor
se hunde hasta mi tripa principal,
esa que conecta
el cuenco vacío
con el puño rojo que pulsa en cada respiración.
No es urticaria,
es una quemazón,
que sacude mi espíritu
que da vueltas por mi pensamiento,
es un pozo con renacuajos
que nadan,
que disfrutan del hedor de esta luna maravillosa.
Por eso no espero más,
me hurgo en el bolsillo profundo
que es este agujero salado,
choco con un cuerpecillo
pegajoso y escurridizo,
meto dos, tres, cuatro
hasta cinco dedos y con la mano ya dentro,
con el índice y el pulgar
lo aprisionoo aprieto, lo suelto
lo vuelvo a tomar,
con sorpresa
reconozco que en el escozor
vivía un pez,
un pez en mi ombligo.

 


Mis cariños


Mis cariños
que siempre despiertan junto al alba, se colorean azulados y
crispados.
cierro mis ojos y estás del otro lado del sol, enojado y acalorado,
tirito fuertemente
y deseo que ya sea verano,
para no congelarme en este intento de morder mis huesos
escondidos en la almohada.
Mi amor, guarda estos cariños, que con tanta resignación construí
para ti
y engúllelos, guárdalos celosamente en la fuente de toda
determinación.
esa que nunca te permitió sacar ni un dedo de ese muro
inalcanzable,
que son tus principios y estructuras.
Mis cariños, despiertan junto al alba, azulada y crispada,
me refugio en unos brazos de cuadritos lila,
no quiero entonces,
que toquen tu lado de la cama,
ni el espejo donde mirabas como me desnudaba
ni que coma pan con ensalada,
porque esa, es la marca registrada de todas nuestras peleas a la
hora de la cena,
y sigo,
me corto y abro, me disperso en un solo grito de auxilio
uno que viaja hasta el otro lado del sol
que haga deshacerse en lágrimas a las nubes rosas que se
cuelan por encima de los cerezos de los vecinos
y que ahora te siguen para contarme un poco de tus días.
Ahora sé
que las gotas evaporadas
se convierten en brizna delatora,
que tu artritis avanza como herrumbre discreta,
que volviste a sangrar
y que lloras cuando te muerden los labios.
Mis cariños, son escarlata y escarcha azulada
los transformo en susurros que escribo y entierro en mis plantas.
Mis cariños,
son secretos,
son nuestros
son míos,
pero sobre todo son brizna abrumadora.

 

Fantasmas

Acabo de escribir que las mañanas no me pertenecen,
y que por las noches me encierro en una caja de metal
apretada, sudorosa y con la lengua seca.

Mientras tanto, las calles se vacían y
me evaporo hasta dejar una huella húmeda en el pavimento.

Me respondes que ojalá esté bien,
temes que la muerte se aloje en mi habitación,
y que desaparezca para siempre,
yo, la única huella comprobable de tu existencia.


De pronto, todo existe y se manifiesta entre las frutas con moscas,

y los congelados que se derriten en mi nevera dañada.

¡Es el fin del mundo! gritan mis sueños,
despierto con las muelas erosionadas
producto del bruxismo,
¡Es el fin de todo lo aparente! gritan mis pesadillas
y despierto con la mandíbula engarrotada.
 

¡Es el fin de un mundo!
bailo en la ventana abierta de mi cuarto
retrocedo y esta realidad se disemina,

incrédula me dejo absorber por lo inevitable. 

 

 

Poema de aire

 

Este no es un poema.
Es una imagen lejana que se ensombrece
un suspiro sin alma
una naranja helada.

A veces me pierdo
en la ventana de aire que asoma
en la sonrisa de mi hija, 
en sus ojos de avellana tostada,
en sus gimoteos de gatito mojado en la lluvia; 
la felicidad me mira de cerca

Me observo y prendo una luz en la ventana
antes de una nueva sonrisa.

Miro el cielo profundamente celeste
y agradezco estar aquí sentada, 
frente a ti, 
tú que tan lejos de mì
miras el mismo cielo
y sabes que mientras respiremos
no importa que lejos
o que tan distantes de corazón estemos
siempre estamos pensando en el otro.


Nació en Ecuador en 1987. Es blogger desde el 2008. Cursó estudios de Licenciatura en Artes en la Universidad de Guayaquil, tiene una especialización en producción de textos críticos y difusión mediática de las artes, además de una maestría en Crítica de Arte, ambas en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires. Como poeta ha publicado Esto soy yo, Marakamazov, por la Casa de la Cultura Benjamín Carrión, Mención de Honor en el Festival de Poesía Ileana Espinel Cedeño (2017 y 2019), y un estudio sobre el escultor Manuel Velasteguí, Historia Esculpida de Manuel Velasteguí, 50 años de nuevos comienzos. colabora ocasionalmente con la revista Cartón Piedra, como crítica de arte.

Última actualización: 16/10/2020