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Ama Ata Aidoo (Ghana)

Fotografía tomada de Txalaparta

Por: Ama Ata Aidoo
Traductor: Ricardo Gómez

La voz de una jovencita no se rompe, se hace más firme

Para Kinna IV

 

Te recuerdo a los cuatro, a los siete y a los once años.

Tu voz de bebé:
era tanto real como fingida
me decía
(o más bien gimoteaba levemente)
cuánto me extrañabas, y
quién te había hecho o dicho qué, mientras
yo no había estado…
Ahora
tu voz
llega abruptamente por los cables, a través las ondas de radio y por encima de la tierra
reportando
lo bien que está todo
en casa, y
ordenándome que
sólo me relaje
y me preocupe por el asunto por el
que viajé hasta aquí.
Y claro que,
si me extrañaste,
no estabas ni si siquiera en vías de revelarlo.
Jovencita,
… pues ya no me atrevo a llamarte niña – tal vez
cuando estamos preocupados por
nuestras existencias normales,
con sus tensiones y necesidades,
no me doy cuenta de los cambios que
han sucedido en ti.
Pero cuando
me voy y
los teléfonos lo permiten, sí.
Las medidas de tu crecimiento golpean confiadas
a las puertas de mi percepción y se anuncian
en términos más que seguros.
Por supuesto,
Sólo hablamos de los datos de una.
Pero
si la tuya
es algo para seguir,
entonces de seguro,
a medida que crece y
de niña se convierte en mujer,
la voz de una jovencita no se rompe: se hace más firme.
 

 

 

Un regalo de cumpleaños

- para Mumbi (mugo)

 

Toma este regalo, hija mía,
no es mucho.
Sólo es un tazón de pétalos:

tal vez con color,
secado y aroma
artificial.

No cumple un propósito.

Excepto el de traer
-cuando las brisas soplan donde deben,
lo cual es raro hoy en día-

un olorcillo de
la bondad del bosque antiguo y de
la frescura del jardín moderno… así le dicen.

Pero disfrútalo si puedes.

Con pleno conocimiento
de que sólo es el tipo de
regalo no-tan-útil

que me hubiera encantado
cuando era
como tú eres ahora.

Toma este regalo,
hija mía,
es para ti.

 

 

Ojos

 

Salir tambaleando del
consultorio del doctor,
eso es inseguridad.

El mundo se rehúsa a nivelarse,
tiembla entre el blanco y el gris,

como lo que ponemos encima
de la comida cambiante,
en la cocina de una mujer recursiva.

Que los ancestros, Dios y Alá

la bendigan.

Complicado, piensas.
Inverosímil, dices.

Hermana mía, no estaríamos
hablando
de los ojos si fuera
así de fácil
así de simple.

Cuando sucede el crepúsculo y
un gris más oscuro viene a
advertirnos de la negrura acerada de la noche,

nos recuerda el descanso y la muerte.
Hermano mío,

Nuestra visión afectada se alegra
de que podemos imitar débilmente al sol:

Un trapo en aceite en una vasija
El fósforo que encendemos
Una lámpara de verdad
Estroboscópica
Una torre que brilla por encima de todo.

Los amigos y la familia se consolaban:
“Damos gracias a Dios por tus ojos,
y por lo mucho que te ayudaron a lograr”.

Me alegra tanto que no puedan oírme gritar:
“Pero eso era en ese momento,
¿y qué hay de ahora?
Envejecer nos devora la confianza.
No podemos darnos el lujo
de llegar a este acuerdo.”

En cuanto a
lo mucho que
alcanzaron
los de nuestra clase

¿Dónde dejas
al granjero,
el pescador y
el carpintero?

 

 

Una caída

 

Un golpe seco, y una
presencia amarillenta.
Antes de eso
estaba la ondulación y el peso leve del viento
que te trajo.

Aquí no estamos hablando de oro:
Líquido, aunque seguro de sí mismo y recio
táctil y maleable
inquieto, sin óxido, regio,
siempre encontrado, nunca perdido.

Hermana mía, se trata del amarillo.
Modesto, orgánico,
suave como la música que sonaba
la mañana que se llevaron el
no-nos-atrevemos-a-decirlo de mamá.

Amarillo, hermano mío, es el adiós.
Es lo que queda
cuando se ha ido el reverdecer,
y antes del blanco cristalino, el marrón profuso y
el gris sombrío de nuestra
putrefacción.

 

 

 

La señora

 

Alguna vez fue una mujer.

Con mucho vigor y empuje,
coraje, iniciativa y agallas.
Grandes energías,
montones de ideas, y eso sin mencionar
una dosis decente de
ve-y-trae y de atrévete-a-hacerlo.
Incluso intentó tenerlo todo
una buena carrera en espacios públicos
una acogedora familia burguesa.

Eso, claramente, era en ese entonces.
Ahora es una señora.

No está para
indolencia y esnobismos,
o para ser la vana proyección de una generalidad, 
y la veleta de los sueños, la codicia
los deseos y los odios de otros,
sino que es un título apropiado
ganado por medio
de la gracia que traen los años

Absolutamente

Su cabello descansa sobre su cabeza,
con una tranquilidad que sólo encuentra rival
en los sombreros de paja que
sus hermanas menores del mercado y sus hijas
lucen para protegerse
del trópico bello, pero cruel,
ya blanqueados por el tiempo y el sol inclemente.

Esta es la realidad de hoy.

La visión deteriorada
los tobillos hinchados por lo no mucho que ha comido
su voz, un susurro que va a la par
con su paso acompasado…

Pero luego, baja la mirada.
Los dedos de sus pies brillan refulgentes
en una díscola gloria carmesí
diez estrellas
desvergonzadas que titilan y ríen
extravagantemente,
y le animan su cabeza, su corazón, su alma,
y las nuestras también,
alentándola y a todos nosotros.
Brindándonos esperanza y amargura.

Oh, señora, me complaces.

 

 

 

Número equivocado, número dos

 

No,
aquí no hay ningún “Sr. Coleman”.

Y no, no.
No puedes quedarte conversando conmigo.

Te advierto con antiguas notas históricas
y con todas las notas de mal agüero que he podido,
por favor, extraño, no te demores más
el camino que nos trajo aquí fue
accidental

La voz cuya música te atrae
quizás yace en la garganta
de una protuberancia serpenteante
de 1,000 leguas de largo y 1,000 fanegas de ancho,
que en su cobertura abarca
grandes mansiones cuyos interiores de
teca africana, roble, cedro y sándalo,
y cuyos cálices de oro y plata de minas
que colapsaron hace tiempo, ahora están ocultas bajo
las flores silvestres y el follaje del valle.

Por favor, regresa a la vida
rutinaria y poco romántica que conocías
antes de marcar este número equivocado.

Cuídate.

 

 

Los pájaros.
Una respuesta a una pregunta hecha una noche a las 8:30

-A los pájaros en mi ventana a las 5 de la mañana

 

Si me preguntaran
otra vez
qué es lo que más extraño en esta vida,
prometo
que no me derrumbaré
de nuevo
insegura de mí
con lagrimitas
que parecen arenosas gotitas plateadas sobre mis párpados.

Como cuando la profesora me escogió para responder
la primera pregunta de nuestra nueva clase.
Abrí la boca
y dije lo primero que me vino a la cabeza
que querían escuchar

A veces incluso sucedía en una clase nueva
El aroma de la pintura nueva, y los libros y uniformes nuevos.

No.
Si me desatan otra vez,
No nos voy a traicionar ni a ti, ni a mí.
Pondré mis pies firmes sobre la tierra
las piernas abiertas y los brazos en jarras,
y exigiré que me saquen lo que más puedan,Ç
que lo saquen completamente.

Amigos míos,
aquí en este pequeño planeta,
extraño a todos y a todo.
Mi madre, la genio nunca-letrada,
Mi padre, el intrépido,
Mi hija, y ella sabrá por qué…
Queridos amigos y familia,
que todavía estén acá, o que ya se hayan marchado
¿Quién dice que ni siquiera puedo extrañar a los no nacidos?

El mar de quien nunca me canso.
Las pequeñas montañas y sus atolones,
los grandes lagos y sus fosas tectónicas,
una roca negra plana y cuadrada
que se asa bajo el sol tropical del mediodía
bañada por la canción de una corriente fresca.

Oh, y las uvas más salvajes y dulces, enjutas y dulces.
Y luego los ríos, los ríos, los ríos…

… y ustedes cantando en mi ventana.


Ama Ata Aidoo nació en Abeadzi Kyiakor, Ghana, el 23 de marzo de 1942. Exprofesora universitaria, es poeta, cuentista, novelista, dramaturga, crítica literaria, autora de libros para niños y editora.  Ha sido directora ejecutiva de Mbaasen, una organización que trabaja por difundir la obra de autoras africanas. En su obra explora los efectos del colonialismo y su opresión sobre las mujeres. Entre otros recnocimientos, obtuvo el Premio de Escritores de la Commonwealth, en 1992.

Algunas de sus obras publicadas: El dilema de un fantasma, 1964; Anowa, 1970; No hay dulzura aquí, 1970; Nuestra hermana aguafiestas, 1977; Alguien hablando en algún momento, 1986; El águila y la gallina, 1986; Aves y otros poemas, 1988; Cambios: una historia de amor, 1991; Una carta furiosa en enero, 1992; La chica que puede y otras historias, 1997.

Links a Ama Ata Aidoo:

-La reapropiación de la maternidad en la obra de Ama Ata Aidoo. Por Isabel Gil Naveira -PDF
-An Audience with Ama Ata Aidoo at the Royal African Society's annual literature festival -Video-
-An Interview with Ama Ata Aidoo: “I Learnt my First Feminist Lessons in Africa”. By María Frías -PDF-
-Ama Ata Aidoo. The African Dream -Video-
-The art of Ama Ata Aidoo on Kwelitv

Publicado el 18.03.2021

Última actualización: 09/04/2021