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Carina Sedevich, Argentina

Por: Carina Sedevich

Unas láminas de sarro se desprenden
y golpean las paredes de mi jarra.

Pienso en brillantes filamentos de mica
ocultos en la arena de los ríos.
Pienso en las mangas mojadas
que los poetas chinos
prefieren nombrar para no hablar
de sus lágrimas.

                    de Gibraltar, 2015

 


El olvido es un fruto que requiere trabajo.

Casi siempre tardío, pero rara vez dulce.
No es uva ni es la parra donde pende el racimo.

No es como la sombra que daría la parra
ni como sus raíces contraídas y bruscas.

Se parece a la piedra del cantero y la fuente
que apisona la parra, que la ordena y la ciñe.

*

Hay que hacer saltar el olvido de un golpe
como a una piedra caliza en la cantera.

Que se entibie en la mano que quiera tallarla.
Sea opaca a los ojos. Sea venérea y ajena.

*

Una piedra tan blanca es casi como un niño.
Casi un sacramento para mí.

Inclino mis huesos como panes ácimos
sobre cunas que guardan el amor ajeno.

Qué fue de la ternura que pude sentir.
La siento en la garganta bajar como una hostia.

                 de Gibraltar, 2015

 


Mi hijo llama por la madrugada desde Gibraltar
donde hay mucha bruma sobre el mar, me dice.

Aquí se escuchan los teros sobre el campo.
El eco de la bomba de mi corazón
podría percibirse con las manos.
Quizás como una soga áspera y mojada
bajando la roldana de un aljibe.

¿Es posible el frío que sube desde el agua?
Tal vez el frío, hijo, nos perviva.

                  de Gibraltar, 2015

 


Canción de cuna

                                                a Isabella

Escuché los latidos en el vientre de mi hermana.
Fueron corcheas, apenas: do, do, do.

Afuera ya se dormían los tordos entre los álamos.
Dormía el calor de mayo. Pero nuestra sangre no.

Un silencio rodó lento, como ruedan los destinos.
Rodó como rueda un canto: sol, sol, sol.

                de Klimt, 2015

 

 

Aprendí de mi madre la palabra “invisible”
mirándola cuando se peinaba.

Una palabra afilada y aceitosa,
con algo de cartílago animal.

Me recordaba al antílope, mi madre:
sus huesos finos, sus caderas gráciles,

y sus colores bronceados, también.
Tenía cosas que no podían verse

debajo de sus uñas y su pelo,
debajo del vestido y del polvo de su cara

y del perfume, incluso, de ese polvo
y todavía debajo de su piel.

De su encanto discreto, como de hoja
de árbol, finalmente aprendí a esconderme.

Aprecio los visillos, las enaguas,
los echarpes y las medias de seda,

los anteojos oscuros, los papeles
para forrar cuadernos, los esmaltes,

las hebillas de nácar, las palabras.

Esas palabras que fueron forjando
mi dura vara para medir las cosas.

Y esa palabra invisible y poderosa.
La palabra mágica. La clave

de la esperanza y la transmutación.
Ese unicornio que peinabas, madre.

                       de Klimt, 2015

 

Amor

De una materia turbia y demorada
son los días.

La ternura es posible
y la tristeza
un pan administrado con justicia.

                    de Klimt, 2015

 


Pienso en tu pena, hermano,
y el corazón me pesa
como al viejo limonero
sus limones.

*

Te escribo para darte estas noticias:
el aguaribay ha florecido.
Los algodoneros eclosionan.
Las formas de las aves se dibujan
entre las altas ramas de los sauces.

*

Amanecí como una vaca.
Pacífica sobre el pasto.
Satisfecha bajo el sol.
Tan oscura y tan blanca
como otra vaca cualquiera.
Se humedecen mis ojos.
Son redondos y puros.

                     de Un cardo ruso, 2016


Carina Sedevich nació en Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina, en 1972 y vive desde su infancia en Villa María, Córdoba, Argentina. Es autora de los libros La violencia de los nombres, 1998; Nosotros no, 2000; Cosas dentro de otra cosa, 2000; Como segando un cariño oscuro, 2012; Incombustible, 2013; Escribió Dickinson, 2014; Klimt, 2015; Gibraltar, 2015; Un cardo ruso, 2016; Cuadernos de Lolog, 2017; Lavar a la madre, 2017; Los budas y otros poemas, 2017; Lejanas bengalas estallan, 2018; Flor cineraria, 2019; Grandes metales oscilantes crujen, 2019, y Cuando la muerte sorprendió a Fassbinder, 2020. Su obra ha sido editada en diversos países de Europa y Latinoamérica, incorporada a antologías nacionales y traducida al portugués, al inglés, al italiano, al mallorquín y al polaco. Se formó en comunicación y semiótica, entre otras disciplinas académicas. Dirige desde 2018 la revista de arte, ciencia y cultura Ardea, de la Universidad Nacional de Villa María. También es profesora de yoga y meditación.  Ganadora de la convocatoria del 31º Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Última actualización: 08/06/2021