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Hu Xian 胡弦 (República Popular China)

Por: Hu Xian 胡弦

Tras la ventana

 

Solo, en el tren, cansado del largo viaje,
podrás darte cuenta de que aparte del silbato ocasional
del tren
hay otros sonidos que nunca se han detenido
en este invierno.
Tras la ventana, la tierra gira
como un disco compacto.
Rostro pegado al frío vidrio, escucha con atención:
la suave pero majestuosa voz de las montañas;
el tiple de los gansos salvajes, casi quieto y adherido
a las nubes grises.
En el campo profundo, un campesino: agachado el cuerpo,
como un grano de polvo sobre el disco:
un sonido tan débil que apenas alcanza a escuchar.

 

 

Leyendo las montañas en Pingwu

 

Amo estas montañas y ríos que se deshacen una y otra
vez, amo los peligrosos barrancos,
tal como amo los tiempos turbulentos del pasado.
Inclinadas las rocas. Amo
el orden controlado por la furia.

… Entre los ecos, la tierra
de repente se arquea. Amo la fuerza rota
en el aire, también los recuerdos que aquella capturó
sobre las cicatrices y las estrellas.

Amo la cumbre de la montaña, pero también
amo la roca gigante que rueda desde la cima hacia abajo
por su amor al abismo:
Por el resto de la vida, un corazón fallido
ama los grandes desastres.

 

 

 

En Nanjing

 

En Nanjing, me gusta escuchar
las campanadas del Templo Jinghai. Si decido
esquivar los ruidos de la gente,
por ejemplo, evitarlos a las ocho de la mañana,
prefiero caminar por las avenidas Yihe o Luojia.
He recogido hojas caídas, en algún instante
cartas enviadas por alguien no identificado.

A veces, en el restaurante giratorio
observo desde arriba la ciudad, como un cielo estrellado,
sus centros cambiantes entre luces y sombras,
rotando lentamente.

A la orilla del río, o en el camino
de los elefantes de piedra,
todo lo que surge ante mis ojos
parece revelar una ignota lejanía.
Diviso la montaña Zhongshan, donde hay
pabellones y alturas verdes,parecen contener en sí mismos las antípodas del mundo.

 

 

Farolas

 

En las profundidades del universo, flotan
los agujeros negros.
Las estrellas más lejanas están sumergidas
en el azul oscuro.

Paso por un pequeño camino.
Bajo una farola aparece la sombra.
Percibo el apego de la sombra: la luz
es su hogar.
No quiere irse.

Y yo necesito seguir caminando, como disculpándome,
como avanzando por un área desconocida.
Tras una larga caminata, al darme la vuelta, la farola
de un charco de luz
en el suelo se ha hecho un diminuto brillo
que aún se ve en la distancia.

Quizás, alguien camina en lo profundo del cosmos
y las estrellas son farolas.
Yo he pasado por la última y entro
en la oscuridad total.
El universo es majestuoso,
pero no es más pequeña que él
la soledad de un minúsculo sendero sobre la Tierra.
Sigo marchando, y el sonido de mis pasos
parece el eco remoto de alguien que anda desde muy lejos.

 

 

Leer

 

Si lees demasiado rápido,
el lector que llevas dentro desaparecerá.
Lo que nos atormenta no son los pensamientos,
ni la ruptura de una mala suerte,
sino la paciencia en un discurso narrativo.

El libro está en el estante, como un pedazo de pared rota
guardado en una colección.
—Sigamos leyendo, para que la tormenta se escape
de las páginas apretadas.
O, esperemos un minuto,
para permanecer en la breve quietud
antes del rugido.

Gran caos en el mundo, eso no es importante.
Más importante es que
en un libro recién cerrado,
la tormenta destructiva
haya vuelto,
para vigilar el silencio que abraza a un corazón inquieto.

 

 

Momentos jóvenes

 

En el piso de arriba, un niño toca el piano,
repite una simple sonata sin cesar.
—Conoce algunas notas, otras no.
Al escucharlo, siento que esos sonidos discordantes
están marcando el tono
para este momento de vida.

En la habitación de al lado,
mi madre y mi tía chismorrean
sobre asuntos menores
y un dios al que ambas adoran.

El río fluye por la ventana,
llevando sus secretos en la misteriosa corriente,
una fuerza controladora
de la que aún no estoy al tanto.

En la pared, en una foto amarillenta,
mi abuela, con las manos blancas
sobre un apoyabrazos
negro como la tinta,
joven y serena, parece también aguzar el oído.
Tal vez, escucha el milagro que se repite
en las profundidades de la sonata.

 

 

Insecto en el ámbar

 

Él sabe observar ahora, como también lo sabía en el momento de morir.
La lenta solidificación le quitó la ansiedad y el miedo inicial.
Incluso se ve más vivo después de su muerte.

Estás casi vivo—, se dice a sí mismo, —excepto que
no puedes moverte ni envejecer, estás igual que antes.

Le parece curioso tener nuevas ideas.
Como no puede almacenarlas en la quietud que lo rodea, las mantiene en el fondo de su corazón.

La luz proyecta su sombra como un deseo en el mundo exterior.
Sus ojos compuestos ven innumerables deseos, por ejemplo:
Debajo de sus pies inmóviles, siempre está colocada una escalera
brillante, casi invisible, moviéndose lentamente
y confundiendo su larga quietud por un breve instante.


Hu Xian 胡弦 nació en 1966 en un pueblo de Xuzhou, provincia de Jiangsu, China. Vive actualmente en la ciudad de Nanjing. Ha trabajado como profesor, periodista y editor. Actualmente es el editor en jefe de la revista Poesía Yangtzé y miembro de la Asociación de Escritores de China. Ha publicado los libros de poesía Lámpara de diez años (2007), Los aguaceros (2010), En busca de la tinta (2015), Reloj de arena (2016), Escalera vacía (2017), y los libros de ensayo Notas sobre las verduras (2008), Gente que nunca podrá volver a su tierra (2016), entre otros. Ha sido galardonado con los “Diez Mejores Poetas Jóvenes del Nuevo Siglo” (2009), los premios de poesía Wei Yiduo (2011), Xu Zhimo (2012), Rou Gang (2014), revista Poesía (2014), Academia de Letras Tencent (2016), poeta del año Huadi (2018), poeta del año de la revista Estrellas (2018), premio Octubre (2018), premio Lu Xun (2018). Sus obras han sido traducidas a inglés, francés, español, ruso y coreano.

Publicado el 8.04.2021

Última actualización: 06/05/2021