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Irma Alicia Velásquez (Nación Maya K’iche’, Guatemala)

Prensacomunitaria KM169

Por: Irma Alicia Velásquez Nimatuj

Entre cargadores y perrajes

Tú evocas mis orígenes 
y me transportas al olor de tu espalda,
en la cual crecí. 

Tus cargadores cobijaban mi pequeño cuerpo,
mientras los jaspes de tus perrajes
me adormecían con calidez.
La seguridad que transmitías
traspasaba tus güipiles y gabachas.

Cuando dejaste de cargarme
me enseñante a no soltarme de tu mano.

Y si tus manos estaban ocupadas,
me enseñaste a agarrarme con fuerza de tu corte,
para atravesar calles y avenidas,  
para subir caminos empedrados. 

Ni bien empecé a caminar
me enseñaste tus secretos de sobrevivencia
desde usar una balanza,
buscando la exactitud,
hasta apreciar las alcancías
que emergían de la tierra
para resguardar las monedas
que llegaban a mis manos. 

No necesitaste del alfabeto occidental 
para enseñarme que la mejor inversión
es ser inquebrantable.  

Te negaste a fanatismos religiosos
o dogmas moralistas,
pero me orientaste en la lealtad
como valor sin precio e intemporal.

A ti debo la lealtad a mi mundo,
la lucha estoica por llegar a las cuatro esquinas, 
por entrar a los mundos contradictorios,
para entenderlos; no para esconderlos.

Viéndome en tus ojos,
la conclusión es sencilla.

El índigo de tus cargadores y perrajes me preparó para retoñar
en el inicio de mis orígenes.

 

 

Inevitable separación

 

Como quien sabe
que la separación es inevitable,
así me siento. 

Por eso, estos años han girado a tu alrededor. 

Pero desde el momento en que decidimos
tomar caminos diferentes,
no he hecho otra cosa que ocultar mi dolor. 

Mientras fingía trabajar, me he dedicado
a matar el insomnio, velando tu sueño. 

Verte dormir ha apaciguado mi angustia.

Y para que no me olvides, te pedí
que decidieras sobre nuestras pertenencias:
libros, discos y un gato. 
Con la esperanza de que un libro
te evoque las jornadas de limitaciones que compartimos; 
que una canción te arrastre a nuestras charlas
y a nuestros paseos en bicicleta,
o para que el gato te recuerde
que la lealtad se construye.

Tu llegada fue inesperada,
y hoy me niego a aceptar la separación.

Saco fuerzas para no desintegrarme 
mientras veo que los minutos se agotan.

¿Sabes?
Estos años compartidos se convierten en todo
           y en nada.

Por eso, ante la inevitable separación,
mi mundo se paraliza,
mi corazón salta en pedazos.
Y apenas puedo musitar:
vuelve cuando quieras.
Será un día de fiesta.
Abriremos los roperos para vestirnos de palito
y nos cubriremos con los rebozos de las abuelas. 

Bajaremos las piedras de moler
para preparar el Quichom
y partiremos a nuestros lugares favoritos. 

Pero antes de marcharte,
llévate las palabras de la fuerza,
ellas te recordarán que seguiré siempre contigo, 
kin majey cha we juntir le q’am que kaj pa b’inem,
che a raqtajic, ku k’axaj la chak,
la chomanic,
le ka riij.

 

 

Lápida

Me sellaste viva.
Con una lápida encima, intentaste
matar mi esperanza,
cerrar toda posibilidad de fuga.

Hasta la posibilidad de soñar quisiste arrebatarme.
No había evasión posible.
Cerraste todo margen de maniobra.
Aboliste lo racional.

Me pediste rendición
a cambio de mi liberación,
pero logré limitar mis movimientos,
controlar mis desplazamientos.

Y, sin darte cuenta,
dejé de arrastrar las cadenas.

Tus evasivas
lograron aflojar los nudos.

Y sin darte cuenta,
el poste de mi encadenamiento
se derrumbó.

 

 

 

Llamamiento a la retirada

 

La niña
sentada entre sus padres
llora
ante la tragedia
que no comprende.

En la pantalla
un hombre de pelo gris
clama porque apaguen
el incendio

“¡Son seres humanos!”

grita.

Detrás de él,
dos policías susurran:

“no son gente, son indios”.

El avión despega
buscando el Atlántico.
Detrás quedan
37 cadáveres carbonizados.

Al día siguiente,
Yujá está extendido en la escalinata.
En el otro extremo,
la cancillería no deja de humear.

La niña nunca entendió la tragedia,
ni el ejemplo de escarmiento.

Por eso, para ella,
Guatemala no desaparece
con lo que se queda detrás
sino con lo que continúa en el presente.

 

 

Lluvia estelar

Mientras caminaba me percaté de la fecha 
y volví a vernos.

Entonces, nuestro país,
nuestros sueños
y nuestras vidas eran otras. 

El frío en mi rostro hizo estallar tu recuerdo
con esa terrible fuerza que nos daba la adolescencia.
Lejos del hoy, pero dentro de una celebración.

Allí, cuando nuestros ojos se perdieron,
con el fondo de las notas,  
entre felicitaciones y regalos,
entre sones y valses,
entre nuestra colectividad y nuestras diferencias.   

Volvieron las sandalias,
pero también el olor del pepián,
saboreé el arroz
y me quemé con los tamales de milpa. 

En ese momento me percibiste,
dijiste gracias,
y el agradecimiento se convirtió
en un perpetuo presente.  

Luego aparecimos en la tienda de tu padre,
entre formas y colores,
frente a kioscos y camionetas. 

Finalmente, terminé sintiendo
que de mis manos se desprendía
olor a chocolate de canela,
colocado entre servilletas de azucenas criollas,
mientras hablábamos de viajar hacia estrellas lejanas. 

Entonces, nuestra comunidad era golpeada
selectivamente, 
nuestro país vivía la tierra arrasada,
pero tú atravesabas, todos los días,
el retén de policía.
No importaba si llovía, si hacía frío
o si la luna se escondía. 

No había razón que te detuviera
y que nos impidiera ponernos a pintar arco iris
en una región que vivía bajo el terror. 

Juntos cruzamos la frontera de los mundos
en donde crecimos con facilidad,
deseando haber tejido un ayer matizado.  

Por eso, mientras atravieso puentes,
mis ojos negros se llenaron de tu imagen
y me pongo a rememorar
cada una de nuestras aspiraciones y luchas. 

Nos unió la utopía.
Esa que nos dio la fuerza para revelarnos
ante los rígidos patrones de donde proveníamos
y que nos negaba por convencionalismos
la posibilidad de momentos propios. 

Hoy, en la distancia, admiro la fuerza que tuvimos
para desafiar lo establecido. 

Y aunque no pudimos trazar un mismo camino,
sí logramos apostar por nuestros sueños,
lejos de nuestra comunidad y nuestro país. 

A pesar de las caídas,
construimos con nuestras manos
nuestras vidas presentes. 

Hoy, nuestros diferentes senderos 
no nos impiden
desempolvar esta fecha para honrarla
con una lluvia estelar, 
que no se reduce a un recuerdo,
sino que se convierte
en el amuleto que nos hemos negado,
por diversas razones,
a sacar de nuestro morral.

 

 

Lunas y calendarios

Sin proponértelo paraste nuestras vidas,
hiciste que dejáramos nuestras cotidianidades. 

Tu decisión nos obligó a detenernos
para mostrarnos los límites de las fronteras
que, una vez cruzadas, no tienen retorno
ante lo humano, carnal y vulnerable.

Nos obligaste a verte reflexivamente,
a recordar las bicicletas, la foto familiar,
a reír por las travesuras de la adolescencia,
a ver las peleas absurdas
que terminaban en cómplices concesiones
o a buscar la marca que dejó la varicela.

Se quedan impresos en la memoria
nuestros días juntos.
Los inmortalizará el tiempo,
el recuerdo,
los otoños,
las celebraciones íntimas,
los momentos únicos,
las sonrisas honestas, 
los sueños que se nos fueron
y los momentos que tontamente perdimos.

Vuela,
       vete. 

Ya acompañamos tu camino con pino,
candelas y pétalos de flores.
Te hemos soltado
             ¡corre, corre!
Sepárate de esta parte. 

Ya has roto las ataduras,
ya rompiste el círculo que te oprimía. 

Todos los que te amamos desde que llegaste,
estamos sosteniendo y abriendo el cofre
de donde desenvolvemos las servilletas.

Estamos sacando, uno a uno, nuestros momentos,
envueltos en hojas de milpa tierna de julio
y en fresco doblador de noviembre. 

Hemos mojado el sibac
para desatarlo rápidamente,
para que puedas partir con el viento,
con la lluvia, con el frío, con las hojas. 

No dejes de correr.
Ya llegaste al encuentro
de nuestras abuelas y abuelos. 

Con su manojo de llaves
ya se apresuraron a abrir los candados,
ya separaron los aldabones,
ya te abrieron el portón.

Te han recibido en sus abrazos,
te cobijan en su regazo,
te recuestas en sus enaguas
y te cubren con sus rebozos. 

Están hermosas, y tú
has llegado vestido de fiesta,
mientras nosotros te vemos volar,
te vemos partir con tu sonrisa eternizada. 

Aquí queda tu lugar,
aquí se inmortaliza tu presencia,
aquí seguirán nuestros momentos plasmados
en lunas y calendarios. 

No más agonía,
no más dolor,
suelta tu carga,
te ha alcanzado la paz. 

Guardaremos tu silla en el comedor,
en el trinchante colocaremos tu batidor,
en el cuarto de papá enrollaremos
el cáñamo para tu barrilete
y en el escritorio dejaremos
el micrófono de la radio. 

Mientras nos alejamos, te recordamos
que aquí seguiremos luchando,
soñando
            y amándote.

 

 

Mi barca segura

 

Es hermoso retornar a casa.

Me siento como un animal que liberado en su territorio
corre con desesperada alegría,
hasta agotar sus fuerzas entre colinas,
volcanes humeantes o dormidos,
entre pinos y cipreses, 
porque se siente con derecho
de ser conocedor de su espacio.  

Eso respiro cada vez que llego a casa. 
Por eso me pierdo por las calles de mi barrio,
por mi cuadra,
en donde veo la transformación de los rostros
que conozco desde niña
y que como espejo me dicen
que yo también he cambiado.

He sido un espíritu errante,
por eso,
hacia la Xelajúj Noj remo.
Es mi barca segura
para llegar, soltar mi pelo,
cerrar mis ojos y
tirarme a descansar. 

Es el lugar en donde me espera una cobija,
en donde el ocote rojo busca
confundirse con la lumbre
para devorar los leños que calentarán mi cuerpo. 

Amo el ritual de entrar a la cocina de mi madre,
porque su amor se transforma en abrazos.
Me recibe con café de olla,
con un suculento caldo de res o
un exquisito estofado de rabo.
Con tamales en doblador,
pequeños y blancos
o con tortillas amarillas dejando el comal.
En este espacio terminaré. 

Es la tierra en donde quiero morir.
En donde mis huesos se confundirán,
al final de mi camino,
con los de mis abuelas y abuelos. 

Aquí me perderé
en medio de las fiestas de mi mundo k´iche´, 
entre cortes variados,
matizados lienzos de ranta
o de ramo antiguo,
cubierta con chales de seda o lustrina. 

Me veré en la fila del baile de honor,
gozando las notas que emanan de la marimba
y que conducen el ritmo de mi cuerpo,
mientras entrego mi espíritu al baile del son.  

La Xe´lajuj No´j, 
el lugar de las inmortales lunas
y de intensas estrellas de dorados contornos,
es la que cuida mi camino. 

Es el espacio celestial
en donde los nahuales están tan cerca
que con solo subir a los cerros,
accedo al privilegio de tocarlos,
de entrar en ellos para llenarme de energías,
pero también para escuchar sus advertencias.  

Es mi lugar amado,
porque las flores perduran
y donde en libertad las corto
para regar mi casa con sus colores y aromas. 

Ese espacio
en donde, sin etiquetas,
me devoro con los dedos
los mangos de pashte.
Es el mundo en donde los animales se meten en mi vida
y yo termino en sus vidas.

La frontera entre nosotros poco a poco se esfuma. 
Aquí juego con los me’s,
aquí termino durmiendo y soñando junto a ellos.

Es la tierra del agua fría,
del agua caliente,
a donde llego en busca de sanación,
pero también de protección.


Irma Alicia Velásquez Nimatuj nació en Quetzaltenango, Guatemala, en 1965. Es poeta, intelectual maya k’iche’, periodista, activista, académica. Es Doctorado en Antropología Social. Jugó un papel decisivo en la ilegalización de la discriminación racial en Guatemala y es parte del documental 500 años: Una vida en resistencia, de la directora Pamella Yates —que aborda los movimientos de resistencia indígena—, por su papel como activista y testigo experta en juicios por crímenes de guerra.

Escribe una columna semanal para el Periódico de Guatemala. De 2014 a 2015 se desempeñó en ONU Mujeres para América Latina y el Caribe como asesora en derechos para las mujeres indígenas y los pueblos. En el otoño de 2019, se incorporó al Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Stanford como profesora de la cátedra visitante Edward Larocque Tinker, donde imparte cursos sobre historia y cultura de Centroamérica y Latinoamérica.

Ella es parte de una larga línea de lucha y resistencia en su comunidad, vigente desde la invasión española en 1524. Desde 2016 ha sido profesora invitada en varias universidades de Estados Unidos, como UT Austin (2016), Duke (2017) y Brown (2018-19). En 2020 fue premiada con LASA / Oxfam America Martin Diskin Memorial Lectureship.

Links a Irma Alicia Velásquez Nimatuj:

-Irma Alicia Velásquez Nimatuj. Poemas. La Hora
-Irma Alicia Velásquez Nimatuj. “Los pueblos indígenas están dando una pelea brutal, una pelea ejemplar”. Entrevista de José David López Vicente en Agenciaocote.com
-500 años – Entrevista con Irma Alicia Velázquez Nimatuj. Entremundos
-Irma Velásquez: “En un país en posguerra las partes siempre van a estar en pelea por la memoria”. Por Patricia Reguero Ríos. Elsaltodiario
-Conversación con la Irma Velásquez, Maya K'iche, sobre las manifestaciones y los impactos del racismo en estos tiempos. Por Sara Curruchich
-Irma Velásquez. Colectiva #SOS
-500 años, Irma Alicia Velásquez Nimatuj entrevista sobre el documental 500 años -Vídeo-

Publicado el 16.03.2021

 

 

Última actualización: 09/04/2021