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Mía Gallegos (Costa Rica)

Por: Mía Gallegos

Psique

 

Ella sueña con un hombre que la mira dormir.

No le sonríe

para no distraerlo de su contemplación.

 

La amada, de tantos sueños, duerme

y se vuelve metáfora de polvo.

Él contempla

e imagina una palabra para nombrarla.

La encierra entre su voz y la guarda para sí.

 

¿Ariadna? Él pregunta.

Ella tiembla en sus almohadas.

 

¿Psique?

Ella entonces derrama unas gotas de su lámpara de aceite.

Lo unge sobre su frente.

Lo besa y se va.

 

Mia de nadie

 

Mía Gallegos.

Mía de nadie. Mía de mí.

Sin una biografía.

Tierna. Casi ácida.

Con un destino trazado

y una cruz.

 

Mía Gallegos. Mía de nadie,

de nadie, nadie, nadie, nadie.

Aferrada a la ternura

como único pan que no consuela.

 

Mía de nadie. Mía de mí.

Sin aire. Umbría.

Deja que el tiempo pase.

Deja que la vida pase.

Deja que el amor pase.

Deja que la muerte pase.

 

Mía sin biografía y sin abuelo.

Sin un sitio.

Ni siquiera santa.

Ni siquiera puta.

Mía de mí.

 

Dolor

 

Hoy han venido todos a mi lecho.

Todos.

Los dolores fieros,

esos,

los insoslayables como ciertas lágrimas,

esos que no tienen ni cura, ni alivio, ni consuelo.

 

Ese dolor que para otros se llama nostalgia

y para mí se llama abuelo.

 

También vinieron otros,

los que antes, ayer, hace un instante,

no tenían nombre, ni apellido

para poder nombrarlos.

 

Digo todos desde adentro,

y las siluetas se dibujan en las cuatro paredes.

 

Musito el nombre de Dios y no puedo rezarle,

porque nunca,

porque antes,

porque hace ya mucho tiempo,

ese hombre, deidad, hacedor hambriento

cruzó mi propio umbral y ya es conciencia.

 

¿A quién entonces decirle la última palabra,

la plegaria a medias,

en mitad de un llanto tranquilo, total,

sin espasmos?

 

 

El claustro elegido

 

No busco nada.

A nadie aguardo en este día.

 

Esperar es una de las raras

estratagemas de Dios

para detenernos en un punto.

 

Mi país:

montaña verde y lluvia.

Un caballo se pierde en la llanura

imaginada,

que ahora está vedada a mis ojos.

 

Busco la intensa reflexión:

la de los libros amigos,

la luz interna que preciso para vivir,

el candil de oro,

el Eclesiastés y la paciencia de Job.

 

A mi edad y en un país de lluvia,

el claustro es una elección.

Ahí se pierden los contornos.

La vida se diluye en un ir y venir

del trabajo al café,

del café a la taberna.

Busco la infancia que soy:

la llanura, la sombra del árbol gigantesco,

el único mar sin fondo,

el caballo desbocado en su furia,

el verdor de la montaña junto al cielo.

 

Me gusta quedarme a solas

sintiendo como la sangre me nutre de nuevas vestiduras.

 

A solas me pertenezco.

No hay dicotomía entre el espejo y yo,

una vive y la otra sueña.

Juntas recordamos a un hombre.

Juntas hemos escrito estos versos.

 

 

El cerco del amor

 

Y ahí el cerco del amor lisonjero.

Y ahí el cerco del amor fugitivo.

Nada queda ya, tan solo el brío en la mirada,

una pisada firme como de quien marcha a la guerra.

Así vivo, como si no pasara el tiempo.

Como si fuera una joven que marcha hacia el frente.

Aunque no haya guerra.

Aunque no haya combatientes,

en mí vive una guerrera.

 

Suelo sonreír a escondidas,

donde nadie me vea.

Canto muy quedo el himno al amor

para no sucumbir ya más,

ya nunca más.

 

Lejos quedaron ya las redes del huidizo amor…

los hombres que no fueron,

los hombres que se marcharon.

Solo queda mi rebeldía y mi pie firme clavado en tierra.

Ya quebranté todos los cercos.

 

 

Misiles

 

Me veo ahí, sentada en la alfombra.

En la sala toda la familia está reunida.

Es octubre. Es 1962.

Descubro que el planeta puede estallar en mil pedazos.

Los mayores hablan de misiles.

Mencionan a Cuba,

Discuten sobre Rusia y Kennedy.

Un nombre me sorprende: Nikita Krushov.

Pregunto si es malo…

Se miran unos a otros y me mandan a jugar.

Yo quiero saber y me quedo detrás de un amplio sillón

para poder escuchar.

Observo sus caras largas,

y sé que hay mucho temor.

Bajan la voz.

No sé si rezan,

si tan solo susurran y me quedo dormida…

 

Crecí en el mundo bipolar…

Fui rebelde, ahora también lo soy de otra manera.

Ya no creo demasiado en nada.

Una sutil anarquía, muy íntima y dubitativa,

me transformó en una descreída.

 

Quisiera creer

pero la democracia está de luto,

hay dictaduras, sobornos, mano dura y enfrentamientos.

 

Escojo la soledad.

El silencio es uno de los más altos símbolos de la resistencia.

 

Mudez y sosiego.

La vida, no obstante, no pasa en vano.

 

 

El clamor asciende

 

Las naciones poderosas y altivas

poseen sofisticadas armas de destrucción masiva.

También hablan de desarme.

Cierto es que su clamor no llega al cielo,

no se eleva como un fuego vivo,

como una llama impetuosa.

 

Los pueblos, ¿acaso salen en las noticias

alzando una súplica?

No; solo los poderosos hablan.

Se acusan unos a otros

mientras que quienes no somos nadie

podemos morir con la colisión atómica.

 

¿Y si el impacto tenebroso llega?

¿Dónde quedarán las preclaras visiones de los mayas?

¿Dónde quedarán los que se amaron?

¿Qué pasará con la secreta luna y su rostro oculto?

¿Las pisadas del bisonte serán borradas?

 

Y el amor se habrá ido para siempre.

Y no se escuchará hablar de Empédocles de Agrigento.

Y no habrá pastores.

Ni cabreros contarán historias amorosas al calor de la hoguera.

Y alguien lamentará la muerte de Grisóstomo.

Y alguien dirá que Marcela, la zagala, era osada y certera.

Y alguien pensará con desconsuelo en don Quijote.

¿Y la Novena Sinfonía?

No se escuchará más nunca.

La honda música será tan solo un estertor de ángeles.

¡Y no habrá llama de amor vivo

que dulcemente hiera!


Mía Gallegos nació en San José, Costa Rica, en 1953. Es una de las poetas más reconocidas de su país. También es narradora, ensayista y periodista. Algunos de sus libros de poemas publicados: Golpe de albas, 1977; Los reductos del sol, 1985; El claustro elegido, 1989; Los sueños y los días, 1995; El umbral de las horas, 2006; Deslumbrada, 2013, y Para alcanzar la espuma, 2020. Autora del ensayo Tras la huella de Eunice Odio, 2019.

Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés, italiano y portugués, y han sido incluidos en importantes antologías de poesía latinoamericana. Pertenece a la Academia Costarricense de La Lengua. Algunos reconocimientos obtenidos: Premio Joven Creación, 1976; Premio Alfonsina Storni, 1977; Premio Rubén Darío del Verso Ilustrado, 1983; Premio Nacional Joaquín García Monge, 1984, y Premio Nacional Aquileo Echeverría, 1985.

Links a Mía Gallegos:

-Lectura de poesía con Mía Gallegos - Hablemos de Libros El Festival 2020 -Video-
-Mía Gallegos - La deslumbrada
-Poemas de Mía Gallegos, en Amediavoz
-Poemas de Mía Gallegos, en Gazeta
-Ser poeta y mujer: una manera de revelarse y rebelarse en la poesía de Mía Gallegos y Julieta Dobles. Por Mayela Vallejos Ramírez

Publicado el 1.03.2021

Última actualización: 21/06/2021