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Sotirios Pastakas (Grecia)

Por: Sotirios Pastakas
Traductor: Autor, Jaime B. Rosa, José Antonio Moreno Jurado

Peligro de vuelo
Quiero tenerlos todos a mano,
a mi alcance, accesible,
materiales de desesperación:
alcohol, cigarrillos, el mando de la tele,
para agregar canales, extraer colores,
tal como el futuro se reduce
a una colorada y oscura mancha.
Hundido en el sofá de la desesperación,
perdido entre el humo,
el alcohol, con la pantalla en blanco,
parece mucho más fácil retirarme,
abandonar mi imagen
sin que nadie se dé cuenta que ya salí,
mi vaso sigue lleno, el cigarrillo humeante aún,
junto con mi cuerpo la tele sigue encendida:
y no me despedí de vos,
ni siquiera les he dicho au revoir, see you, adiós.

 

* * *

 

Grecia, un ciclomotor
Grecia viaja a cuarenta millas por hora
como un ciclomotor por una carretera de la costa.
La mayor velocidad posible
coincide con el intenso ardor
de una mirada de amor:
para saborear, disfrutar
para recordar. Los más sutiles
reflejos de la luz y el ondulante
balanceo de las olas, arrastradas por el viento.
Grecia y su acompañante pasajero
abrazado a ella cierran
sus ojos al mismo tiempo:
ella nunca podrá apreciar lo que
él significaba para ella, ni cuánto
el le debía.
Grecia es el único país
gracias a las velocidades bajas
en que el atardecer
una ida o vuelta desde Sounion
puede durar toda una vida.

 

* * *

 

Jorge
Ahora que ya tengo
familiares y amigos
entre los muertos, mi gato
sigue arañando la tierra.

Ahora que cada flor
florece de luto,
y mis maceteros tienen
los nombres
de aquellos muertos que nos dejaron,
mi gato
flaneando entre unos y otros,
con sus patas delanteras
cava, con sus patas traseras patea,
llenando mi terraza de tierra,
de pequeños huesos y calaveras,
evidencia de unos seres queridos
que el nunca amó
porque ni conoció,
pero hoy se tomó la molestia
de traerlos entre sus dientes
desde la galería,
para dejarlos al pie de mi escritorio,
a Thanásis —quién sabe
quién lo desenterrará mañana.

 

* * *

 

Monte Egáleo
Me gusta lo que veo
desde mi balcón.
La ropa tendida, las antenas parabólicas.
Ver, más allá de los reflectores,
en algún lugar por ahí,
al fondo, la Acrópolis,
deslumbrante como siempre.
Los invitaré
a compartir conmigo todo
lo que veo, tenga la seguridad
de que lo haré.
¿Por qué debería ver sólo
tanta belleza
desde aquí?
Los invitaré.
La vista desde lo alto de la Cruz
es magnífica.

 

* * *

 

Mi pobre mesa
Puse la mesa para uno.
Sólo para mí. Enchufé la tele.
Me senté. Para salvar al capitalismo
hemos de sacrificarnos todos nosotros.
Sonó el teléfono. Me preguntaste
si podías venir.
Podías. Apagué la tele.
Me levanté. El capitalismo
se está sangrando y muriendo. Dije.
Cambié el mantel.
Puse la mesa para dos.
 

                         Traducción del autor y Jaime B. Rosa 

 

 

Disponibilidad nocturna

 

Sueños de un orden abandonado me acompañan
cada noche. La novela a medio terminar
de la vida conyugal, mil conversaciones interminables
sobre el mismo tema, el placer y sus dolorosas
consecuencias: muy dispuesto y lleno de conciencia,
he de cerrar ya las cuentas abiertas,
volver a recuperar sangre, aunque sólo muestre
las 03:43 el reloj digital: el presente, digo, es
el engaño de un pasado bien dispuesto.
Y, sin embargo, cuando me levanto a cortar en dos
con la espada la trama temible, me pongo
al revés las pantuflas, y las últimas gotas
que caen siempre fuera del lavabo.

 

 

* * *

 

Últimamente estoy contento, dicen. Dicen
de mí que esto que aquello que lo demás.
Escucho en mi interior voces que este año quizás
estallan risas. Aclamaciones. Hice
mucho y olvidé más. Algunas mujeres
me gritan Detente, pero no me vuelvo
a mirarlas. Engañosos recuerdos
me construyen el humor. Despertaré

con un buen presentimiento el día en que muera.

 

* * *

 

No me equivoqué demasiado. Debía insistir
un poco más, mostrar un mayor
cuidado, laboriosidad. Retocar
mi natural talento para la ilegalidad,
los golpes por debajo de la cintura. Aprovechar
mi rostro risueño
para destruirlos a todos y no para tomar
después esta comunión de la absolución.

No, no pequé demasiado, lo acepto.

 

* * *

 

Un hombre es el número completo
que resulta de los errores que cometió
menos el coeficiente de sus correcciones.
La acepción perfecta de un extravío sucesivo.
Quizás un intento de imitación de los libros.
Del cine seguramente. Ejemplos
de padre con igual cantidad de alcohol en sangre.
Un lunar oscuro de falta de claridad. Algo ilusorio

el hombre en el cerebro de una mujer. De un amigo.

                             Traducción de José Antonio Moreno Jurado)


Sotirios Pastakas nació en Larissa, Grecia, en 1954. Es poeta, ensayista, cuentista, traductor, productor de radio y profesor de escritura experimental. Estudió Medicina en la Universidad de Roma. Desde 1985 ha trabajado como psiquiatra en Atenas. 

Ha publicado 16 libros de poesía en griego, y en inglés Food Line, traducido por Jack Hirschman y Angelos Sakkis. Su libro Corpo a corpo (Cuerpo a cuerpo), 2016, obtuvo el Premio Internacional NordSud, y es una antología de su poesía escrita entre 1986 y 2016, publicada en Italia. Otros de sus libros: Jorge, 2018, y Monte Egaleo, 2019.

Pertenece a la Sociedad de Escritores Griegos desde 1994, y es uno de los 47 miembros fundadores de la Academia Mundial de Poesía fundada en Verona, Italia, en 2001, por la UNESCO. Ha participado en festivales internacionales de poesía en San Francisco, Sarajevo, Roma, Nápoles, Siena, Izmir, El Cairo, Estambul, etc. Desde 2002 en el sitio web personal de fis (www.poiein.gr), ha presentado poetas y poesía de todo el mundo. Ha traducido a varios poetas italianos, entre ellos Saba, Penna, Pasolini, Gatto y Sereni.

Links a Sotirios Pastakas:

-Sotirios Pastakas. Biography and poems. Mediterranean Poetry
-Three Poems by Sotirios Pastakas from his new collection “Prayers for Friends”, translated from Greek by Yiannis Goumas) Poeticanet.com

Publicado el 25.04.2021

Última actualización: 25/04/2021