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El corazón del cielo es tu naturaleza

Por: Angélica Hoyos Guzmán


               De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza.
               De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo,
               que éste es el nombre de Dios. Así contaban.
                Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz,
               en la obscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz.
               Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando;
               se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento.
               (Popol Vuh. Libro sagrado maya)

Cuando abrí los ojos a la vida mamá reconoció el brillo en ellos, en mí el ser que sabía cómo convertir cada célula del cuerpo entregado a morir en cada instante.  Nadie nos instruye en el arte de encarnar en la madre. Nadie ve al maestro para la semilla que brota, incluso para aquella que lo hace en el suelo más árido o en lugar menos pensado. Dejamos de percibir el homúnculo en el cigoto, solo códigos, moléculas en cadenas coloridas que traen información de papá, mamá y de los abuelos cuyos cuerpos germinaron y se hicieron árboles de trupillo, guayacanes de flores amarillas, o de algunos hombres que las mujeres llamaron en otros tiempos caracolíes, palmeras, y en tierras australes eran también abetos y frailejones de una tundra. 

Mi organismo cigoto se hizo feto y rompió el molde, se hizo único aliento, matices de la danza del universo dieron forma a la unión de los gametos. Se hizo un volcán con el que algunos aún no pueden y me traen las imposiciones de ser hombre o mujer en los regímenes de ser alguien, me pongo a veces las máscaras para danzar al trueno y a los bosques de la escuela y la familia. Murió cada célula ósea y se abrió paso un fémur largo y unas caderas de mujer caribeña. La máquina desarrolló en mis ojos el paso efímero de las letras, capturó en los oídos de la escritura el canto de las aves avisando la tormenta. Las manos se educaron para transmitir nueva forma (la del idioma finito) con restos de otros cuerpos sobre los que camina la madre, voces e Ícaros de otros seres que le abrazaron mientras llovía y los goterones asustaban el sueño del recién nacido. También se hizo el cuerpo sobre el teclado, los dedos reposaron desde el balanceo de un rodillo al backspace. 

¿Dónde está lo natural? Preguntaron a la madre durante este nuevo siglo. Cualquiera puede asesinar y morimos en la memoria del cuerpo a cada instante, lo que nos transforma es la perfección de lo que somos. Una flor es perfecta por su geometría natural, es la justicia. Cuando falta la naturaleza nos vamos a los parques de las ciudades (1). Central Park es enorme y hay un poeta que vende versos a un dólar, está sentado en una esquina con esta máquina de escribir, vestido de fiesta con smoking. En el Parque Simón Bolívar de Santa Marta cantan bandadas de pericos diariamente. Susurra el teclado cuando lo oprimen mis dedos. 

El cometa Halley sigue su curso a pesar de quienes ya no están con nosotros en la tierra, los ríos siguen siendo ríos y el desierto del Sahara prueba que antes fue mar profundo. El agua fluye y Oshun llama a sus hijas para lavar los corazones de la montaña. La montaña tiene derechos, los estados naturales no son antropocéntricos (2) y también soy un ballenato embelesado con el canto de su madre dedicado a Yemayá. Los únicos testigos de nuestro paso han sido los ancestros, no intervienen, solo vamos siendo con ellos mientras le hablan al corazón, así no escuchemos.  

La naturaleza y su estado está también en la literatura, encuentran mis ojos países imaginarios, lagos para contemplar como extranjeros, pueblos mitológicos exterminados por ciclones, pueblos que faltan (3). En Colombia, los desaparecidos y los asesinados están entre los ríos de nuestros libros. Un mapa resurge de las cenizas, todos los planos cargados de amor en la sangre que alimenta el cordón que nos une. 

Mi cuerpo, idioma, se hace presente aprendiendo voces de otros pueblos. La palabra iguana en iku ancestral se dice kansameiro, prefiere la lengua no escribirla, pero sí hablarla cuando el animal (kan) se mueve ondeante sobre el árbol (sameiro), la variante del habla juvenil prefiere el vocablo iwanu. Primero era Aluna, dice mamá al cigoto. Antes del amanecer, dice la saga sentada sobre la piedra mientras recibe la luna nueva. 

La paz natural, dicen las Ati. Ella es una mujer guardiana del tejido en las mochilas, pensamiento del útero, corazón del mundo. Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre creado, una mujer crea la casa con la fuerza de sus hombres. El cuerpo ahora sentado en la montaña de sí mismo, ha empezado a dejar de sangrar. Mis huesos ahora de mujer de bosque, recuerdan los días de contagios y pandemias, recuerdan los cautiverios, el sol y la luna cuando eran adoraciones de los pueblos. Dice Ati, hablándole a la anciana que seré, la paz es la naturaleza de los pueblos, merecemos todo lo bueno, la paz es el respeto por cuanto existe, la sanación es nuestro estado natural. Ati es los pájaros de otro tiempo y de los nuevos que empezaron a cantar. 

Oigo llorar a la madre y su llanto es lo más conmovedor que pueda haber escuchado antes, me dijo Cayetano Torres (4) antes de devolverse a ser abono de la madre durante la pandemia.  Oigo llorar a mi madre de hambre en este vientre, oigo el latido de su cuerpo cuando me acuno a dormir en el césped como lo hizo Jattin, oigo su latido en el corazón del hombre que amo, cuando me abraza. Estamos anclados en el miedo aún, cada uno tiene un farol para caminar el cuerpo de mamá. Dice el médico a la mujer que sus miomas están calcificados y hay uno que se ha hecho grande, es imperativo operar y extraer el embarazo fallido. El huevo es un pensamiento negativo incrustado en el vientre, ella se cuelga máscaras para no sentir. Dice taita Arturo Jacanamejoy (5) que uno tiene que pensar bonito porque cuando una se muere se lleva lo que está penando y es mejor atravesar esa puerta con la mejor versión de sí misma. Dice la madre estéril que no parió semillas al mundo porque también lo cantó Dulce María “Tú no serás camino de un instante/para que venga más tristeza al mundo”. 

La paz natural se escucha en las olas del mar y vengo de allí, aprendí a no entregar la sangre al agua salada, la ofrenda es a la tierra que llora porque recibe en cambio el calor del humano recién degollado por otro. La naturaleza de Dios en nosotros es perfecta, amamos geométricamente como una flor abierta hacia el sol.  Mientras también somos pueblos tristes y cansados, el vientre de la madre enfermo, la montaña es el útero de los pueblos y su aplomo aguanta, pero también se derrumba. Se oyen las quenas de los Andes y en Otavalo suenan flautas en honor al Arcángel de la espada azul. Hay una pacha en cada casa, bailan los niños y leen con sus taitas los caminos de las hormigas. 

Canto y bailo con el tambor de la mujer medicina que pintó el chamán sobre el cuero resonante. Agradezco por quien pasa sus ojos sobre la coreografía de las letras. La vida es natural y la paz también. Este cordón con la madre que nadie nos explicó antes de nacer y el silencio para escuchar el ruido de la violencia adentro ¿Cuál es tu paz? No hay paz más honesta que cuando más balas suenan. Cada vez hay menos rituales en el mundo, la amenaza nos hace sobrevivir y no tocarnos, tenemos miedo a abrir el corazón y somos el cielo mismo contagiado de ternura. 

La anciana cierra los ojos y la luz decae en la tarde, nadie la observa, no hay manual para irse, la fuerza es la sangre, el latido y la sílaba de cada segundo finito, la memoria que queda en estas palabras. El corazón del cielo eres tú, el bosque, la montaña que fue, la voz de las Ati, Caye y su pausa para resonar la canción de la tierra. ¿Nos habrá perdonado la madre? Se entrega el alma y su espíritu generoso nos abraza. La poesía en mi mano la escriben dos mujeres, la que se va y aquella que ve mamá en el brillo de los ojos recién abiertos. 

En mi corazón, el cielo que le da fuerza a las manos para crear una casa, un jardín de cayenas y en el centro un espiral de piedras para bendecir la música, los cantos, los abrazos y emerjo del vientre de mi madre chillando porque estoy aquí, sintiendo y viviendo por amor, desnuda para transformar. En un soplo eres el Dios que esperas para salvarnos, y en una lágrima es él viviendo a través de ti, surgiendo de lo denso y es también el asesino que riega el jardín y la bruja encadenada en la torre, es la madre que mata para salvar de la esclavitud y aquella que abandona al hijo en el basurero, es la hidra y es el ángel terrible. ¿Cuál es tu naturaleza? la iguana solo es, se posa sobre el árbol en el bosque, lo hace mover y ella nunca sabe cómo se dice en la lengua de los hombres. Y, sin embargo, se mueve. 

[1] Donna Haraway extiende sus reflexiones al respecto y también dice que “Los organismos emergen de un proceso discursivo. La biología es un discurso, no el mundo viviente en sí." Tomado de Las promesas de los monstruos, artículo de esta autora publicado en Política y Sociedad, 30 (1999), Madrid (PP. 121-163)
[2] Boaventura de Soussa Santos ha sido en la academia quien ha desarrollado una argumentación sobre los derechos de la naturaleza desde una perspectiva no antropocéntrica de los derechos humanos, del mismo modo nos permite emanciparnos de nuestra propia concepción de humanos en el sistema jurídico y pensarnos como seres relacionados con otros seres y especies, es decir volver a lo ontológico en relación.
[3] Este concepto es de Deleuze y Guattari el cual considero apropiado para pensar sobre la paz y la naturaleza cuando la literatura es vida.
[4] Cayetano Torres Izquierdo fue un líder Arhuaco, de la sierra nevada de Santa Marta, con título honoris causa en Antropología expedido por la Universidad del Magdalena por su determinada concientización sobre el calentamiento global y el cambio climático desde la perspectiva de los pueblos indígenas.
[5] Líder del pueblo indígena Kamentsá en Putumayo, donde se han reunido desde hace muchos años todos los pueblos indígenas del sur de Colombia para reclamar su territorio como sagrado y proteger a la naturaleza del extractivismo.


Angélica Hoyos Guzmán nació en Barranquilla, Colombia, en 1982. Estudió Licenciatura en Lenguas Modernas en la Universidad del Magdalena. Se ganó una beca del Seminario Andrés Bello para hacer su maestría en Lingüística Española en el Instituto Caro y Cuervo. También hizo una maestría en Literatura colombiana y latinoamericana en la Universidad del Valle. Es doctora en Literatura Latinoamericana de la Universidad Andina Simón Bolívar en donde realizó la tesis: “Poesía testimonial y sobrevivencia en Colombia: afectos, justicia y memoria del conflicto armado (1980-2019)”.

Ha desarrollado proyectos de documentación en diversidad lingüística y cultural en el Caribe Colombiano a través de su participación y liderazgo en la línea de investigación en Oralidades, lenguas y literaturas diversas del Grupo “La Oraloteca” del Programa de Antropología, donde ejerce como docente hace cinco años. Tiene publicado un libro de poemas cuyo título es Hilos sueltos (Madrid, España, 2014).  Ha publicado un proyecto de fotografía y poesía titulado Cosas del Caribe, y ha sido también incluida en varias antologías internacionales de la poesía contemporánea en Colombia y Latinoamérica. Su interés en la difusión cultural la lleva a gestionar programación en varios espacios de la ciudad de Santa Marta. También se ha desempeñado como docente de escritura creativa en narrativa para las comunidades Wiwa, Wayú y Afro en el Caribe colombiano.  También se ha desempeñado como editora de las revistas culturales Heterotopías y Atarraya Cultural de la Universidad del Magdalena y ha compilado el libro de narrativa escrita por mujeres Virginia & Co (Bogotá, 2019) como parte de la Editorial Lugar Común. En 2019 fue finalista en la VI edición del prestigioso premio internacional de literatura “Pilar López Obrador” concedido en Salamanca, España.  En el 2020 publicó su poemario Este permanecer en la tierra en la coedición de New York Poetry Prees-Abisinia Editorial y Escarabajo Editorial. 

Última actualización: 25/04/2022