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Bernice Chauly, Malasia

Fotografía tomada de International Writing Program

Por: Bernice Chauly
Traductor: Pablo Jofré

Nadador nocturno

Y después de esa excursión al estanque de las mujeres en el parque,
sí, al que todos probablemente fueron
podría verme viviendo hasta los cien,
ese estremecimiento inmediato en la sangre,
la cabeza fría, esa primera respiración
ese estanque sin fondo lleno de secretos, criaturas
y musgo antiguo,
fui purificada, y vuelta a purificar,
un bautismo.

Espera, recuerdo aquella vez en Joliette,
en algún lugar de Quebec, acabábamos de bajar de un camión
y vi un lago junto al puente, no nos habíamos bañado hace días
y sumergimos nuestros cuerpos desnudos, emergiendo congelados casi
muriendo de frío, luego tocaste el violín
fumamos y volamos, qué vivo se sentía todo

El agua tiene cada vez más significado para mí
bebo más de ella, la sorbo con avidez por las mañanas
mis dedos se ponen amarillos por la infusión de cúrcuma
me sumerjo en esta jarra transparente

Las guerras se combatirán por el agua,
cuando los políticos se queden sin más que decir
cuando los ferrocarriles y las tuberías roben y se vacíen
no estaremos a salvo, nuestra agua no estará a salvo
y no moriremos de sed
seremos maldecidos; porque
olvidaremos qué sabor tenía
el primer día que salió de la tierra.

 


Onkalo


Y fuera de la tierra
tallarán en ti
un laberinto de cinco millas de largo
y quinientos metros de profundidad

Has sido elegida
este espectro de roca, piedra
este repositorio
esta tierra profana
sin ninguna curiosidad
para dormir para siempre
y sin embargo despierta

Cien mil años
piedra bajo piedra
inhalando el mismo aire
una sed eterna
un lugar para la muerte
consumido, destripado
varillas de uranio

Descansa ahora
vuelve a la tierra
hasta que el movimiento comience
y el cielo en llamas
pronuncie tu nombre.



Sin título 2


La ciudad está pesada
vomita ríos interminables
de coloridos metales, ocupada
en carreteras que avanzan lentas bajo
el peso de lo familiar

Tal vez debiera alegrarme
de no ser uno de los esbirros
que venden sus almas a la seguridad, que viven
sus amaneceres y atardeceres amontonados 
sobre el negro alquitrán
de la integridad

Construida sobre la culpa
sobre los vestigios de contratos corruptos
sobre los sudarios del miedo
sobre el asfalto colocado a mano
quienes han sentido la furia de las guerras

Es triste, ¿verdad?
decir que el progreso es nuestro
cuando ha sido levantado por aquellos
que han sufrido, y por aquellos
a quienes seguimos ilegalizando

La ciudad no entiende
la ciudad se acuesta despierta, llena
por los recuerdos de aquellos que la ocupan
y la abandonan

La ciudad necesita algo más
que sólo recuerdos.



1973


Y al final, diré

Elegí mi sufrimiento
caminé con él
me lo comí con calma
lo respiré, me lo bebí todo
en su breve longevidad

No sé cómo cansarme de la pena
con la que he caminado tanto tiempo

Sé que se irá cuando despierte
en la mañana cuando vea el
sol a través del visillo, el perro 
entrando sigilosamente por la puerta
la heliconia en mi living
la cacofonía de alfombras, trozos tejidos
en tacos, mis pasos dentro y fuera de la historia
de cómo mis niños han
caminado conmigo

Elegí mi sufrimiento
pero no elegí verte morir
he pagado a la pena su precio
del reino de los vivos
a la muerte que todavía me persigue.



Tierra


¿Y qué hemos hecho?

Esta tierra sobrecalentada está llena de la locura de los hombres, no merecemos descansar, somos almas incansables, llenaos de podredumbre y de tortugas muertas, los árboles no tienen corteza, ni raíces, ramas desgarradas, tan sangrientas, veo el polvo como vuela por las calles, es absurdamente bello, no conoce la soledad, no sabe nada, sólo la intuición que descansará en cabezas de niños muertos.

Y recordaremos los mares de cadáveres podridos, ballenas muertas, sus estómagos llenos de plástico, peces ciegos, morsas hambrientas, pájaros sin patas, un oso polar solitario, elefantes sin cabeza, recordarás cuando el hielo se rompió y los pingüinos se ahogaron, toda una colonia, esta tierra desechada, sí, los océanos envenenados, las abejas se han ido, el rico suelo negro ya no está en tus manos; ya sabes lo que pasa después.

Esto, ya lo sabes.

Esto es lo que sucederá.

Esto es lo que te mereces.


Bernice Chauly nació en Malasia en 1968. Es poeta, novelista y educadora. Durante más de 20 años, ha trabajado extensamente en las industrias creativas como escritora, maestra, fotógrafa, actriz y cineasta y ha ganado múltiples premios por su trabajo y su contribución a las artes en Malasia. En 1998, comenzó a organizar eventos literarios y, en 2005, fundó Readings, la plataforma literaria en vivo más antigua de Kuala Lumpur. En 2011, fue directora del festival Writers Unlimited Tour Kuala Lumpur / Makassar y directora del festival George Town Literary Festival en Penang, el único festival literario financiado por el estado en Malasia.

Algunos de sus libros publicados: Yendo y volviendo, 1997; A Noventa Grados Norte, 2007; El libro de los pecados, 2008; Perdidos en KL, 2008; Creciendo con fantasmas, 2011; Onkalo, 2013; Una vez estuvimos allí, 2017; y Encantamientos, 2019 Ha recibido numerosos premios por su trabajo artístico, incluido el Neu Woman Achievers Award (2005), el Samsung Ultra Honor Award (2006) y el Most Successful Women Award (2012).

Última actualización: 20/05/2022