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Celia A. Sorhaindo, Dominica

Por: Celia A. Sorhaindo
Traductor: Carlos Flórez

Creación


A veces, los únicos bebés
que nosotras las mujeres (sub)conscientemente
elegimos dar a luz, son nuestras palabras.

Siempre una creadora tardía,
las mías escarbaban
en una pausa embarazosa—

y luego forzaban su
salida por 
labios apretados.

Descarriadas, desordenadas, 
gateaban desnudas hacia el
el mundo.
 
Intenté atraparlas
y atarlas con
moños rosados
 
pero se escabullían
a jugar,
confiadas, despreocupadas,
 
y sonreí cuando Kahlil
y otros murmuraron
que ellas no me pertenecían.
 
De noche entraron sigilosamente
a mi cama
y cubrieron
 
mi desnudez
con sus torpes
extremidades.
 
En mudas pesadillas —
abandonada, llena de miedo y vergüenza—
desaparecieron.

Hoy despierto
aliviada:

que incluso en un silencio de amplios espacios
nada es
estéril;
las palabras generativas
siempre nos sonarán 
nos rebosarán, nos anclarán
silenciosas y cósmicas como la gravedad.



Ac(ción cortan(te)


Un bardo vivaz, enjuto, pálido, fue invitado a casa.
Papá se inclinó, honrado por esta presencia.
Organizamos una pobre pero honesta bienvenida
Brindamos un espectáculo, nuestras ofrendas.

La hermana menor poetizaba a África. Mi cabello áspero,
se alzaba al compás de su puño. Pero nuestro invitado
no se impresionó; nos dijo que dejáramos de poetizar;
que ajustáramos los puntos sobre las ies a nuestro lugar. Firmes

traseros apretados, nos quedamos boquiabiertas, en silencio,
sin saber qué más hacer; sentadas demasiado tiempo
respetuosas al borde de sillas duras. Ojos vueltos
hacia nuestro padre, confundidas, esperábamos

que nos salvara; él se sentó sin palabras y tomó las astillas de
las palabras filosas del poeta; las abrazó en su pecho.
Yo no me puse de pie ese día; ni mano, ni cabeza, 
Ni voz mía subió para sacar la púa; silenciosa—quieta.

El hogar nunca fue el mismo después de eso. Agachado
de verguënza, herido; no le habíamos dado a algún blanco; 
juzgadas, abofeteadas, tachadas, por un invitado 
de halo cortante. ¿Por qué? no podía entenderlo.

Esto es lo que pasa cuando amablemente dejo quietos 
a los sinvergüenzas; que infectan, picotean en labios
carnosos; manteniéndome callada por años. Padres, ¿será que hijos
e hijas necesiten ser salvados por, o de poetas…

o sacerdotes? Los cuales aún crees inmóviles; que mantienes muertos
y sagrados, o totalmente vivos y llenos de esperanza? ¿Ninguno de los dos? 
¿Qué utilidad tiene reflexionar sobre musas, si no hay palabras descifradas
Por mí, por nosotros? Me cuido de quien me dicen que venere

ahora, sólo por algunas palabras; separo las palabras de hechizo
de los actores que las ataron, luego actúo.
Mírame, intentanto  pararme, levanto mi voz ahora en poemas.
Demasiado tarde, dices, para escuchar al poeta ¿padre, sacerdote?

Vamos, regáñame. Dime que debería callarme, lava
mi boca otra vez. ¿Por qué debería temer a otro
espanto embrujado muerto sagrado más? ¡Sopas!
Shivanee escribió Todo el Mundo Sabe Que Soy un Encantamiento;

no temas, todos estamos horrorizados, perseguidos; desnudos y con púas—
apuntando, apuntados. ¿No odias lastimar?
Déjame, déjame buscar/hablar este fantasma; envolverlo,
botarlo; servirlo en verso. ¡Bienvenido,
                         bienvenido-
                                                    ¡Bueno venga!

 


Ámbar gris


algunos gusanos de pirita devorados hace tiempo permanecieron
adheridos a nuestras gargantas. Irritados. Intentamos
con miel. tosimos. tragamos fuerte.
Se necesito una puñalada en la negritud para escupirlos
completamente. mira. escucha. trozos de ámbar sacados a la luz 
desde la oscuridad profunda. vomitados. pútridos, 
manchando páginas de playas vírgenes. huele este caos
globular en masa, batido entre los vientres de las bestias.
aunque no valga millones, aún no tiene precio. y
tú, solo funcionas normalmente. Inmerso en tus
asuntos. sumergiendo un anzuelo curioso para alguna
criatura brillando en un océano de palabras. puedes
alimentarte y a tu aldea entera por algún
tiempo, con esta pepita de certeza que pescaste



Tips de supervivencia

Cuando empiezan a gritarnos
después de decir, ven, hablemos, confía en nosotros,
este es un espacio seguro,
nos dicen que esto es para nuestro propio maldito
bien niñas 
niños 
pero nuestras entrañas
nos dicen que esto se siente
mal
nos patean y nos advierten
que tratan de embutir
nuestras bocas con vergüenza y culpa
tratando de lastimarnos,
o sonrisas de síndrome de estocolmo,
brillos en ojos nos confunden y deslumbran,
Pensamos
que hemos estado aquí antes
Pensamos
que no son nuestros dioses estelares,
Pensamos
que no son
nuestro padre
o madre
Pensamos-
que aunque
ya no somos niños,
Pensamos rápido;
¿Será que deberíamos quitar sus dedos de la garganta
de nuestra opinión?
corre corre corre
o lucha 
esta vez
o
quédate quieta-

decidir
hacer

nada
porque
confiamos
aunque no sepamos que sabemos...


Estrés de acento


El cartógrafo se chupa los dientes
y dice: todo idioma, incluso el tuyo,
es un mapa parcial de este mundo

-Kei Miller
(El cartógrafo intenta trazar un camino a Sion)

Escribo so
                 para advertir sobre el
                                                               peso
de un acento:
El prejuicio inesperado
contra tonos vocales;
estrés agudo, colgado sobre
una cabeza considerada culpable.

Escribo
                para hablar sobre el
                                                         juicio
de un acento:
Sílabas suaves, tímidas,
conjuran fechorías gigantescas;
jurado sordo a palabras,
juzgadas por inflexión.

Escribo
                para regarme sobre la
                                                                mancha
de este acento:
Etiqueta diacrítica
marcándome como el otro,
condenándome como seria
desertora de mi tribu.

No me advirtieron sobre la
                                                        maldición
de este acento:
Un abracadabra genio que
no desaparecerá;
palabras adheridas como zapatillas de rubí,
llevando de vuelta al hogar sustituto.

No estaba preparada para el
                                                         precio
de este acento:
Ingenuamente adquirido
infinitamente querido;
me marca la arteria circunfleja
que alimentó la juventud para otro.

No trataría de
                                           atesorar
mi acento:
Nuevo e insidioso canto 
tan furtivamente invadido;
lengua natal atada,
sacada como la basura.


Celia A. Sorhaindo nació en la Mancomunidad de Dominica. Emigró con su familia a Inglaterra en 1976, cuando tenía 8 años, regresando a casa en 2005. Su libro de poesía, Guabancex, fue preseleccionado para el Premio OCM Bocas de Literatura Caribeña 2021 y fue publicado en 2020, por Papillote Press. Otro de sus poemarios, Normalización radical, será publicado por Carcanet Press en 2022. Es co-compiladora de De nuevo en casa: historias de migración y retorno. Sus poemas han sido publicados en revistas caribeñas como PREE, The Caribbean Writer, BIM y Moko Magazine. También en Los Poetas responden de la revista Rattle, Mslexia, Wasafiri, Anomaly, New Daughters of Africa Anthology, Verse Daily, y próximamente en Magma Poetry (editorial Obsidian) y en la revista literaria Illuminations.

Publicado el 12.04.2022

Última actualización: 23/05/2022