English

Diana Carolina Gutiérrez, Colombia

Por: Diana Carolina Gutiérrez Montoya

Mi madre pinta 

Mi madre se enfurece cuando digo que no creo en la pensión
ni en amparar fragilidades
en garantías estatales. 

Mi madre me hizo esteta
me obligó a romper el límite 
puso pelos a las calaveras
años a mis primeras lecturas 
lápices en mi mano izquierda; 
germinó rosas en territorios baldíos. 

Madre, tú que pintas sobre lienzo paisajes al óleo, retratos... 
Recuerdas al hacerlos
¿la hipoteca, la banca, el mercado? 

Podría ahora morirme
arrodillada ante la hoja en blanco madre
yo que escribo insomne
paisajes, retratos, signos
sin lógica alguna por la vida
más allá de estas creaciones. 
Nosotros, jóvenes
que moriremos sin haber viajado 
que nos resistimos a entregar la vida en una empresa
prefiriendo empeñar el alma
al espíritu salvaje del camino. 

¡Madre, madre! 
Tú que sí creíste en la pensión
y confiaste tus fragilidades al estado
tú que invertiste en la bolsa
en inmobiliarias y arriendos
que forjaste un imperio
con tus pies descalzos
empinados sobre algún pueblo de Antioquia. 
Madre, compárteme una herencia para poder escribir. 

 

Las hijas de Lemuria 

              A Colombia 
              A las madres, abuelas y hermanas que han perdido los frutos de su vientre

 
Las hijas de Lemuria
hacen resonar sus voces con una flor de hielo desmayada en las manos 
Las hijas de Lemuria
caminan por el gran sótano del mundo y un eco de voces allá abajo se repite 
Circular elegía secreta
Legiones bajo el agua sepultadas 
Pangea
¿qué equinoccio de sangre han celebrado tus hijos? 

En todos lados fuimos una
hoy, cuando somos miedo
me arrodillo como último gesto 
a recoger los frutos putrefactos
los pedazos
y da tanta lástima esta tierra fértil
el eco, las voces, el sótano del mundo... 

Las hijas de Lemuria
cambiamos las tanquetas
por una caricia al viento 

Las hijas de Lemuria
necesitamos llorar a tantos muertos
y ofrendamos la sangre del vientre
al corazón oculto de la tierra
aún en medio de la guerra y de las balas. 

 


Por el vértigo exacto de tus curvas 
el odio es un himno en vano
sobre tus caderas
¿Para qué vivimos? 
¿Para qué nos movemos? 

No eras vos a quien llamaban detrás de los muros
todos tus amantes 

¿Te gustaría que fuera más dulce? ¿más frágil?
Más
de li ca da mente 
silenciosa 

Dime si te gusta
este cuerpo que me dieron
 ¿Un mejor diseño?
¿Mejor arquitectura? 

Si yo fuera más
si yo fuera suficiente ¿eso qué significa? 
Si no encajo exactamente en tus abismos ¿no soy acaso una mujer? 

 


Contingencia 

Mientras todo se derrumba cuento las partículas de polvo dispersas entre mis actos. Mientras todo se derrumba una mujer es masacrada 
y espero que nazca un río de mis piernas y que mi boca
ya no enuncie sacrificios
pero un niño igual muere de hambre. 

Mientras todo se derrumba
estoy sola
en la esquina remota de mi cama
y los ojos de un verdugo me miran repitiendo incesantes
que haber tirado la primera piedra 
no confirma que en efecto estamos vivas 
solo alarga secretamente el sueño
y todo son figuras parecidas 
pero la historia
nunca ha sido “más amable” una ilusión, un trance.
 
Mientras todo se derrumba, escribo en la esquina remota de mi cama 
y las palabras, ¡las palabras! 
cambiarían el mundo 
pero no usamos el amor como se debe. 

 

De diosas y tarotistas 

              A Evelyn de Morgan / Clytie 1887
 
Un cuerpo brota de los girasoles
una mujer no tiene miedo
acoge a sus hijos degollados
estelas refulgen en las rocas
siete diosas se declaran tarotistas
nunca la muerte tuvo un rostro más dulce
y sus manos aterciopeladas abrazaron las estrellas 

Un cuerpo brota de los girasoles se estremece
su cabello esboza puentes
que se eclipsan, colisionan. 

Purpúreas veladuras ambarinas oleadas
flores resurrectas confiesan que han nacido que es el día, el momento 
guardan una rosa mística en su centro un cuerpo brota, un cuerpo se entrega 
al más secreto sacrificio. 
Que tus cabellos
fértiles, reveladores, herméticos
no pudieron ser pintados por otras manos que las de una mujer. 


Diana Carolina Gutiérrez nació en Medellín en 1995. Es estudiante de la maestría en Humanidades en UOC, España. Comunicadora Audiovisual egresada de la Universidad de Medellín y docente de crítica de cine y fotografía, egresada de la Escuela de Crítica de Cine de Medellín. Apasionada por la historia del arte, poeta y escritora, ha sido publicada en distintos medios locales e internacionales, tanto en poesía como ensayo crítico.

Ha participado en festivales de poesía como El Mundial Poético de Montevideo y el Festival Panza de Oro de Bolivia. Incursiona en el videopoema, siendo ganadora del Festival de Videopoesía Clemencia Tariffa.  Publicó el poemario La Mujer de Correría (Vásquez Editores, 2021), un libro alrededor del cuerpo femenino, el lenguaje y los símbolos que pesan sobre nuestra propia historia vinculado a los videopoemas que postea en su canal. 

Para la autora, es fundamental considerar las herramientas caseras, afirmando que la tecnificación no es lo fundamental a la hora de crear arte visual. Sigue un proceso creativo desde la intuición, usa su cuerpo como medio, tanto en los videos como en los autorretratos (@devisu_ph). En su oficio como escritora tiene un blog de crítica visual: https://carolinadianana.wixsite.com/punctumcritica

Publicado el 05.05.2022

Última actualización: 09/05/2022