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Éliane Vernay, Suiza

Por: Éliane Vernay
Traductor: la autora

Junto al arroyo el árbol -
puerta abierta.
Una hoja,
una castaña, como una casa
en la mano.

Deseo-zurrón
en el vacío de las entrañas,
bajo el dedo.

Hasta la albura.

Alto en el invierno por todas partes
y él
dentro 
en las raíces. Despacio. Y por las venas bajo la corteza
un silencio
fluye.
(...)
Y a ti, te gustaría entrar, tocar
ese entresijo del tiempo donde la nieve arde, suavidad 
debajo -
donde se estremecen los rostros.

En ellos el recuerdo de los días venideros.  


* * * 

 

Homenaje al día 
el deseo es una hierba.

tan cerca, la alegría
bajo la piel -
de las entrañas a los labios.

A carcajadas 
el cielo

el espacio es nuestro.

Muy alto en la pradera
el árbol -
en pleno cielo erguido,
solitario en la mañana. 
Muestra el camino
Nutre los rostros,
recuerdo de caricias -

un abedul, tiempo 
concentrado.
Enlaza -
muy bajo.
Muy alto.

Puesta en él tu mirada
que se apacigua en el azul.

Y piensas: qué palabra 
a cielo abierto
podría unir el exilio
y el camino...

* * * 

 

Bajo la rama la araña, su tela
suspendida de un clavo oxidado
brillante en la luz.

Y en lo vivo del viento, un relámpago:
soplo
impulso -
nada.

El pájaro, vocal entre las hojas.

Rápida, la travesía
de un eco a otro -
instantes concertados
cuando surgen las primeras notas.
y lo efímero se esparce por todas partes
largo tiempo.

Un impulso
grabado en el viento
hasta el mar.
Agujeros que danzan en el fondo de la luz
-    flores de sol
que nunca mueren.

Y se anuncia un día cargado 
de todos los veranos del mundo.


 * * * 

 

La araña – una hacina de heno. Se afana, entra en pánico
-    su tela tejida a toda prisa.
por encima la mano dibuja un puente de polvo, arco
que se desliza por el aire
        y esas palabras surgidas, asombradas
balanceándose en el reflejo – sombras de rostros, briznas de paja 
contra el peso del tiempo, 
ventanas abiertas
a zarzas ardientes,
llamada 
a la insurrección de los crisantemos.

Y cuando brotan, directamente de las bocas, 
entonces todo vuelve a su sitio

al sitio exacto:
apenas un soplo en el que apoyarse, y a través de
la transparencia de la mañana

Tú las miras cambiar la dirección de las horas, el curso de las 
estaciones.


 * * * 

 

Entre las hierbas, entre las pieles 
este roce con la punta de los dedos
hasta el abandono.

Y cuando de repente el capullo estalla
decir
decir -
¿cómo?

bordeando el abismo.

        Gavilán 
infinitamente.
Su vuelo te alcanza.

Penetras entonces el camino de los trigos
-    la felicidad en las entrañas.

 

 * * * 

 

Volver a afilar. Allí en el brocal, sin apoyo
ni certeza.
Nada se mueve.
Tú tampoco
te mueves
esperas.
Escuchas
lo inescuchable.
Una sed
sin respuesta.

De pliegue en pliegue, de vacío en vacío
justo en la roca
justo en la piel
Cortar más.
Sin fondo, la sed -
la luz es un pozo,
el amanecer un árbol, un poco de amanecer entre las hojas.
Dentro, detrás.

Donde se aprende su nombre
Y el rostro de los demás.

Un murmullo, y en él escondes tus palabras
Los destellos tintinean entre los mástiles

Y tanta ligereza en este momento se invita 
sin medida, dando a la palabra una forma tan concreta
que lo indecible
entra en la casa.


 * * * 

 

Imperceptiblemente, lo oyes latir.
Sed
un instante -
un instante solamente
-    Emocionado
Decir ese instante
donde por dentro
-    un relámpago
se desgarra el tiempo
el frágil orden de las cosas

poniendo lo invisible 
al desnudo
-    al alcance de ser.

Entre dos hombros –

Ese instante en el que –
la sed se aplaca
el desgarro 
suaviza.

Y el sol entra en las entrañas.
Y se abrasa lo oscuro
en los ojos.

Límpido entonces
-    el azul del viento,
decir.

Decir. Del árbol arrancar la corteza
imágenes lo más escueto.

Un instante solamente
desnudo como un corazón que sangra.


Éliane Vernay  nació en Suiza en la frontera francesa. Después de una infancia en el Jura francés y luego en Italia, obtiene una licenciatura en letras y un diploma de periodista en Ginebra, mientras que prosigue paralelamente estudios de música (piano y canto). Trabajó como redactora en las ediciones Naville y Kister, como traductora para la Confederación suiza, y luego como responsable de las emisiones literarias y colaboradora en las emisiones musicales en la Radio Suiza Francesa (Espace 2). Fundó en 1977 en Ginebra una editorial que lleva su nombre y que ella dirigirá durante veinte años, publicando 150 títulos de numerosos poetas, diálogos entre pintores, libros para niños, testimonios, critica, entrte otros.

Su primera obra fue publicada en 1976 por el editor Chambelland en París, seguida de una treintena de otras, prosa y poesía, en Suiza, Francia y Bélgica, traducidas en varios idiomas (japonés, alemán, portugués, griego, italiano...), a menudo en colaboración con pintores (por ejemplo, A l’autre bout des yeux, Ed. Voix d’encre en Francia, es un diálogo poemas-imagenes con 36 pintores). Fue galardonada con numerosos premios, entre ellos el Premio Rilke por A peine un souffle sur l’écorce, el premio de la Fundación Gaspoz por una novela: traverser la mémoire, los premios de literatura del cantón de Berna y de la ciudad de Ginebra, el premio de los escritores valaisanos, etc, y varios encargos de obras de la Fundación Pro Helvetia.

Durante su vida ha viajado mucho, y después de haber vivido una decena de años en Madrid, Viena y Nueva York, se divide actualmente entre Ginebra, Sète y París. 

Última actualización: 22/04/2022