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Eugenia Brito, Chile

Por: Eugenia Brito

El árbol rojo

En la mitad de mi casa creció el árbol rojo

 anudado a paredes ya amarillas

Y se abrió paso.

desde la cocina extiende sus raíces hasta tocar el jardín


A veces cuando miro sus largas ramas 
 me siento debajo de su sombra girando el torso

Cómo quedó atrapado en mi jardín.,
pasando por el techo de la casa

No me atrevo a moverme para que no huyan los pájaros

Pero mi casa se quebró íntegra cediendo paso al árbol

que ocupó el espacio desde las rotas raíces y los cimientos
hasta convertirse en un amplio hogar que baja mirando el suelo
áspero y mudo. Oscuro

Tal vez abra una interrogante este árbol sin manos 
Tal vez esta casa deba ser abierta y reconstruida

¿qué vamos a hacer con su color rojo?
¿qué hacer con lo incesante y duro de ese color
marcial,
sonoro,
militar

Porque cuando recorro el jardín y miro la calzada
Veo sólo antebrazos y fémures. Y espaldas
Nunca una sola cara
Cuerpos fragmentados. Y escritos. en la tierra
 
Desde la madera a la hoja caída entre las piedras.

 

Camilo Catrillanca

Los canelos y su piel verde fueron deshojados
Pero nadie advirtió la señal a pesar de que la machi
dijo que ese día había que cuidarse, que el cuerpo era un hilo delgado, sostenido por un poco de noche.

Un sonido surge de las ramas
misioneras del ayer que se desplaza
en el tiempo veloz y subterráneo de la madera

Es un sonido aciago
que hace caer el tiempo de las hojas
y volar como el polvo por la tierra,
desnudo

Un sonido
que lastima el tiempo y sus reveces
en la tarde oscura de Temucuicui
se vuelca hacia la nada
traicionera

Qué frontera se abre en el curso pensante de su tiempo
y una historia más justa y verdadera
se vuelve letra yerta, paralizada letra.

La carne rota de su etnia
ve hundir la promesa de ese cuerpo
joven
sagaz
y ventisquero


Escritura corporal dejan las balas

Remolino de luces traicioneras
se agachan     se expanden

Como copihues o como arrayanes
brotan las huellas de su sangre

Habrá una patria en los reversos
que cante al helecho taciturno
al duro esplendor que fue su nombre
al hermoso llamado de su lengua

Habrá una forma
de hacer retroceder a los volcanes
de volver opacos los espejos
de articular las letras de su ritmo


Pero ahora
sólo se ven los días deshojados
desierta de nidos la araucaria
vacía el habla

Habrá otro sitio y otra permanencia
para un alma que fue montaña
legión  signo

universo.

 

                        A contrapelo  


V

Un cubo de hielo estalla y sus fragmentos 
Interpelan las formas desde su condición de glaciar.
Ellas derivan de la luz, pero su reflejo cae, irradiando el agua
En sucesivos brillos que emanan   luces destempladas

Es una malla imperfecta la que ensambla  
La geometría y su figuración suprarreal.

Los colores bajan   dotando el tiempo
Con la ilusión de la profundidad

Consagramos las horas, desatamos el fin
Embadurnados con la presión de la tierra
 Que instala   su ojo, su medallón sacro, en lo hondo
No como un fin, sino como comienzo.

Son varios los cuerpos superpuestos
Cuadros rectangulares, ásperos sones
Y sombras varias
Que cada cuadro desata junto con 
Las semillas 
al tallo fino de un canelo en flor.

Árbol del agua, mantra volátil
Acalla el ethos adherido a 
Tierras volcánicas
En qué manantiales sacude su esplendor,
Bajo qué ramas se hunden y cuál su surco hiende
Árbol del agua,
Los canales se esmeran furiosamente tenaces para llegar al Sur
Hoy son albos jirones del terror. 
Y sólo  furias  atenazan  sus aguas
Corrientes veloces bajan
Con su  leyendas a solas
En la que laten gotas sobre las hojas  embebidas y sordas.
¿Dónde estará su hijo, el pequeño gigante?
¿dónde lo arrastran sus sutiles aguas?
 Sus escombros  veraces.
Gritan en la trastienda de las casas burguesas.


VII

Hay dos cicatrices en esta habla  dormida,
Una, la de la voz cegada
Por  melancolía y posición  adversa
Otra, por amplia
No cupo en el cuerpo, no tuvo territorio alguno.
vadeaba en el absoluto, un poco ebria,
Por los centros
Pero los comisarios  la expiraron y la lanzaron fuera.
Como a una máquina averiada y rota

Sin embargo,  la cicatriz vuelve a los cuerpos hostiles,
Y su regreso  es  triunfal  así ella sabe 
Que ha dominado los muros
Mientras tanto  el asedio de los helechos dormidos
 palpan
La intimidad secreta de los sueños.

¿Se reconocerán los rostros en esta deformidad enorme y blanca?
Como el aullido violento del deseo en el vientre
Perezoso y brutal
Definitivo

La cicatriz avanza como la tierra seca por  el cuerpo
Y lo toma

 En un acto de suma irreverencia
Permanece horas en él, y siembra su nocturno llamado
Hacia la calle

En ella se refugia la mensajera de la historia
Como una trasplantada.

 

* * *

 

Escribo estos fragmentos
con el goce inhóspito de los condenados a muerte

Me cedo la escritura como el único placer
que asiste a estos cuerpos tumefactos
y a la centella que cruza sus barrotes.

Barrotes de los cuerpos
persiguiendo una sombra

Cedo esta escritura como respiración
acaso huella


Me doy esta escritura como un acto de honor
a nuestras grietas.

A nuestros tajos

Hendiduras del mapa
A  sus grietas no vistas   a las nunca buscadas

Para ellas el viaje es insistente, es temible y
Final.


Eugenia Brito nace en Santiago de Chile en 1949. Poeta y ensayista. Estudia Licenciatura en Literatura en la Universidad de Chile y posteriormente realiza su Master of Arts en la Universidad de Pittsburgh, USA y su Doctorado en Literatura Chilena e Hispanoamericana en la Universidad de Chile.

Autora de los siguientes libros de poesía: Vía Pública, Santiago, Ed. Universitaria. 1984; Filiaciones; Santiago, Van SA Ediciones, 1986, Emplazamientos, Santiago, Cuarto Propio, 1991; Dónde Vas, Santiago, Cuarto Propio, 1998; Extraña Permanencia, Santiago, Cuarto Propio, 2004, Oficio de Vivir, Santiago, Cuarto Propio, 2008, A Contrapelo, plaquette, Santiago, Eds Cuadro de Tiza, 2012; Veinte Pájaros, La Joyita Editorial, Santiago, 2021, 

Ha escrito los libros de ensayo: Una milla de cruces en el pavimento, con Diamela Eltit, Santiago, Francisco Zegers Editor, 1989, Campos Minados (Literatura Post Golpe en Chile), Santiago, Cuarto Propio,1990; Sergio Castillo, Santiago, Ed. Universitaria, 2002; Ficciones del Muro, Santiago, Cuarto Propio 2016.

Ha participado en varios proyectos culturales y escrito en múltiples libros de análisis literario, cultural y visual. Ha publicado una Antología Crítica y Feminista de Poesía de Mujeres Chilenas en 1998, titulada Confiscación y Silencio y la reedita, corregida y aumentada en el año 2022, bajo el patrocinio de la Universidad de Talca y con el nombre de Cuerpos Desiguales.

Publicado el 18.05.2022

Última actualización: 18/06/2022