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Olli Heikkonen, Finlandia

Por: Olli Heikkonen
Traductor: León Blanco para Prometeo

No tomes mi nombre en vano,
porque vendré cuando llames.
Vengo a través de bosques,
a raspar el musgo y la corteza con mis cuernos,
canto de pájaros mudos con mi aliento, golpe
de hojas mojadas y agujas desmoronadas en el aire.
Levanto mis fosas nasales al viento,
las resinas y las bayas de serbal, huelo el anhelo humano.
¿Por qué me añoran? mis cuernos
son huesudos y traen sólo dolor. ¿Por qué 
construyen líneas eléctricas, pavimentan el camino del bosque?
Mis cascos perforan el asfalto
y mis ojos absorben la luz.
No me invites
a la sombra de tus manzanos. No vengas
a la oscuridad de mi bosque.
No vengas. Las raíces se aferran a tus pies,
arbustos espinosos rasgan tu piel.

 

* * *


Hunde tus dedos en la oscuridad de mi pelaje,
porque soy la luz coronada de la selva.
Mi corona son las raíces
que extraen fuerzas de la tierra virgen.
Mi aliento
penetra el plumaje de las aves
y abrigos de helechos con nieve.
Soy una máquina infalible,
un mensajero corriendo y
el olor de un bosque joven marcado para el corte.
Cada noche dejo huellas de pezuñas
en el suelo poroso de tu jardín.
Cada noche el penacho de aire sigue creciendo.

 

* * *



Cuando nado a través de la laguna, recojo algas
en la horquilla de mis cuernos. Pongo
nenúfares de estrellas en el cielo, pongo una luna de caña
para aquellos que la disfrutan, a quien el dolor trajo semejantes
bosques lejanos de abetos. Venias
al sonido, pronto la enfermedad roerá tu
hígado, páncreas, testículo o pulmón,
romperá las membranas y cápsulas articulares.
Entonces la luna de caña espolvoreará luz
a sus porches, las escalas lloverán,
aquella misma tenue luz
día a día. Nada por hacerse,
el tronco del abedul no caerá, la triple rama bifurcada,
aquel tótem de muerte a los brazos
en el cual se acurrucan las personas mayores
y los niños también como hojas secas,
nada por hacerse, aunque como mis cuernos 
siete tenedores choquen contra el tronco.
                                 La luna se marchita,
se deshace caña a caña entre el viento.

 

* * *

 

No cerrarás tus ojos.
Su luz es más brillante que las otras luces.
Duele en los ojos y calcina el cuello.
Viene de más allá de los árboles, luz humana,
y me hace correr
hacia los arbustos y la hierba alta
al centro de hielo de la selva.
 
Y aquello es como hundirse en el pantano
con las piernas rectas, pezuñas como pesas de plomo.
 
Cabellos invaden el césped,
cada poro
se abre de golpe. Se abre de golpe
 
en las profundidades de barro y lodo
una luz suave ha echado raíces,
una simple luz
ha echado raíces.

* * *

 


No toques, la llama quemará las puntas de los dedos.
              Mete tu mano entera en el fuego,
Métela entre el frío de mi piel,
porque vengo de más allá de bosques y pantanos.
Una vez mis pulmones se llenaron con niebla helada,
cristales de nieve rasparon mis cuernos.
Campos de hielo cambiaron. He hablado con una voz humana.
Qué bellas palabras, qué débiles versos. Mi voz resonó
a través del bosque. Los árboles se agitaron, el césped se contrajo.
Me acerqué, más allá de los primeros suburbios,
las primeras casas iluminadas, su casa en algún lugar entre ellas.
                                          No toques,
el borde del glaciar se adherirá a tus uñas.

 

* * *


Vengo en medio de la tormenta de nieve,
gruño como la escarcha o un acordeón.
En medio de cinco vientos y ventisqueros de tiempo
Vengo persiguiendo el fuego fatuo-, vengo de
los parpadeos de la llama, los pantanos de combustión lenta
día y noche, de las burbujas de lodo.
El anhelo ha llenado el fuelle de mis pulmones.
Mi grito es más frío que otros gritos.
Congela lagos y esclusas, piedras 
en las costas como los dientes.
Aplasta bayas y cortezas de serbales.
Sostiene todavía al bosque.
Sólo remolinos de nieve, sobre el lago
la nieve incesante.

 

* * *


Irsk. Ruido sobre la terminal de trenes
como el rechinar de dientes. Me encojo de hombros,
el tren cambia de rieles.
Auto tras auto, día tras día.
Así, sus días están bien iluminados por la noche.
Las noches, el crujir de dientes.
Irkutsk. Rechinar de articulaciones, los días del pasado zumban,
en la estepa una yurta se derrumba.
Ahí es donde el hogar es, Irkutsk,
los vagones del tren como el aire exhalado.
Allí, en el calor de la respiración
bajo el denso pelaje.


Olli Heikkonen nació en Kontiolahti, en la parte oriental de Finlandia, en 1965. Actualmente vive y trabaja en Helsinki. Estudió literatura finlandesa en la Universidad de Helsinki. Su primer libro de poemas titulado Jakutian aurinko (El sol de Yakutia) es un viaje a la Siberia imaginaria. Obtuvo el éxito de críticos y lectores y recibió el premio literario del principal periódico finlandés Helsingin Sanomat al mejor primer libro en el año 2000. Después de eso, ha escrito cinco colecciones de poesía, la última en 2020. Heikkonen recibió el 2017 Premio de poesía Einari Vuorela “a la colección finlandesa de más mérito de los últimos tres años”. Ritmo potente, imágenes contundentes y detalles concretos son rasgos típicos de sus poemas. La poesía de Heikkonen se ha traducido a una veintena de idiomas y se publica en muchas antologías y revistas de literatura.

Última actualización: 25/04/2022