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Regina Ramos, Uruguay

Por: Regina Ramos

Sobre herraduras


Tengo el magnetismo del campo estampado en la remera.
Aro cuando taconeo la hoja que va rumiando

La Femme Natura Fatale.

Son chistosas nutrias pulso y palabras
que se zambullen presurosas ante la amenaza del olvido y
arrastran tierra hacia adentro de la letra.
Sobona en los garrones se me engancha algún verso
a veces se posa cabizbajo como un tordo,
tordo verso reflexivo.
Pieza del puzzle de la noche bohemia
o águila posada en el ombú existencialista.

Soy de madera
acacia
de pasto-gramilla.
Tengo las manos ásperas con aroma a eucaliptus
pero a veces madre selva. 
La mujer bicho.

Negada de elegancia
con desolación de tapera y robustez de monte.

Para mí no se hizo la esbeltez o el histrionismo,
sí un objetivo y un intento.
Hay un manto de pradera que recubre una pieza
esa que solo muestro cuando asoman los dientes
cuando burla la ciudad:
valor.



Las moscas

                                         Fuerzas de resistencia en el acto de ser

Aunque el movimiento las disipe
ese chisme ancestral es omnipresente.
La tortura del zumbido de saber que están ahí
conjeturando
y buscando otro arribo.

La paz se hace imposible.

Tu superficie es amenazada por esa colectividad
mugrienta
solidaria para la persecución.

Vuelan de vida en vida
con una inercia brillante como tradicional.
Una acción inútil que la llevan
de la mancha al relicario
del hastío hasta tu vida.

El soñador
espíritu
retira el cuerpo de la persistencia
cuida su onirismo
intenta seguir.
Pero las imágenes se borran
y el cuerpo responde
la ira hace cosquilla en los párpados.
¿Qué no nos convierte en carne de moscas?

La acción.
El soñador las atrapa una a una
y con ellas moribundas
le ofrenda un negro corsé peludo y sonoro
a Rimbaud.



Casa de campo


Todos te imaginan de barro.
Eso sí, coincidimos:
triste y sola.
Inalcanzable.
Una llama que amenaza con apagarse
pero débil humea.
Adornada pero con poco anhelo,
resistiendo la caída
entre la rudeza y el abandono.
Sin sembrar, florece
y ella acata sin esperar nada
acogiendo el fenómeno.
El avasallar de la naturaleza
la ensucia
le abre venas
y sangrando grietas a la fuerza
le borra la huella
de aquella tapera.



Osamenta


Incisiva presencia en mis sentidos
como una obsesión entre el verde y el verde Lorca.
Aunque majestuosa por lo innegable
Siempre fósil
simulando lejana o ajena.

Un poco yo un poco el todo:
tierra
aire
campo y misterio.
El adentro y el afuera fundidos en un objeto.
Irrisorio como censurado
auténtico.

Raíz olvidada del sostén de los días.
Tantos iguales con mismas posibilidades.
Un día para vivir o para morir.

Te asumí desde siempre
parte del todo.
Entre colores y perfumes
Texturas y cosechas
gente y taperas
tirada en un rincón del tiempo
humilde
conformándose con ser el punto final de las historias.



Camaleón de pradera


Brilla de lejos la hilera de focos
los caminos señalados por las estrellas.
Sumergidos los monstruos marinos se asoman en las
alturas
mostrando esos caparazones con casas.
Y acá en la llanura
dos ojos que se metamorfosean al compás
de acordes
de letras
de imágenes sintéticas.
Mutantes no:
Sofisticados.
Ojos
piel
huesos
al servicio de la supervivencia social
de la visualización del quiebre de la frontera.
SOY también TÚ
Todas las cosas perennes de este mundo.
No me prives la palabra.
El delirio no es sectario.
No me culpes de lo bruto
También navegué mi inconsciente por estos llanos
bailé en ese trigal como Jackson
soñé con acróbatas y piel de serpiente.
Quise ser Tyler
Axl
Madonna.
Pero la noche cabeceó y golpeó mi ventana.
Me despertó el ruido del motor
los olores desagradables
el jadeo del perro
la herida de la tierra.
Un motivo productivo
un motivo que dicen es certeza
un destino que es de un color que todavía no distingo.



She Wolf/ O


La orilla en la mano
lo inabarcable en un ojo que respeta por temor
por no poder encuadrar el todo.
No pueden ser dominadas las complejas sustancias
solo sobrellevarse.
Cáscara de nuez sus manos
sorteando las corrientes
con letras incrustadas en su cuerpo
la garganta herida
sus caderas deshojadas.
El yuyo le impide ver el fruto.
El norte fruto
que caerá como piedras en sus bolsillos
y parsimoniosa
cinematográfica
dejará la certeza
de que jamás puede ser
arrancado de raíz
su cuarto propio.


Regina Ramos nació en San José de Mayo, Uruguay, en 1992. Poeta y profesora de Literatura. Publicó el poemario 23 veces Out (2017), Premio Ópera Prima, MEC y Señuelo (2020), Primera Mención en los Premios Nacionales de Literatura, MEC.  Obtuvo diversas menciones honoríficas en poesía joven en su país.

Participa del grupo de investigación (GILFU) sobre el cuento fantástico uruguayo publicando trabajos sobre Adolfo Montiel Ballesteros y Armonía Somers y es coeditora de Antología de poesía ultrajoven, En el camino de los perros (2016-2021). Ha realizado diversos talleres de escritura creativa para adolescentes y adultos como Pulso (MEC, 2017), ECO (Casa Dominga, 2019 y 2020) y Orientación Poesía (2021).

También se desempeñó como curadora y gestora de los eventos culturales Otro miércoles (Ciclo de poesía en San José, 2017), festival Mundial Poético (desde el 2018) y Jam de Literatura, Cine y Psicoanálisis (ciclo desde el 2018).

Última actualización: 15/06/2022