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Tania Ganitsky, Colombia

Por: Tania Ganitsky

El compromiso de las rocas en el mar: 
ser grandes y silenciosas,
albergar, en su centro, el pasado de las olas, 
en la superficie, el presente. 
Las rocas saben que las olas no tienen futuro, 
            eso las hace fuertes. 

 

* * *

 

El mundo va a acabarse antes que la poesía
y habrá nombres
para diferenciar el olvido de la fauna
del olvido de la flora.
La palabra esqueleto solo se referirá a los restos humanos
porque habrá una forma particular 
de describir el conjunto de huesos 
de cada especie extinta.
Habrá un nombre para designar la última chispa de fuego, 
un nombre primitivo como el del maíz,
y otro para la transparencia del río
que muchos se habrán lanzado a atrapar 
al confundirla con sus almas.
Las crías nacidas ese día no se tendrán en cuenta,
pero la palabra parto sustituirá la palabra ironía que ya habrá sustituido la palabra tristeza.
Y habrá un léxico de adioses,
porque se dirán de tantas formas 
que llenarán un libro entero, que es lo que quedará del amor,
de la literatura.
El mundo va a acabarse antes que la poesía
y la poesía continuará afirmando su devoción 
                      a lo perdido.

 

* * *

 

Dejo de existir en el planeta Tierra.
En este, que no es 
el mejor posible
sino uno menos efectivo, 
menos desarrollado
y más embrujado, 
estamos acompañados.
Todo viene descompuesto 
a excepción de la ternura 
de los drogados
que se quieren y cuidan en una rave.

 

* * *


Los caballos no iban a vivir
tanto tiempo.
Pero encontraron ofrendas
en el sueño de los muertos.
Allí pastan, beben agua y, a veces, 
se acercan a las manos 
cubiertas de panela
que brotan como flores dulces 
a su alrededor.
Doblan el cuello y reciben la ternura
que también debió extinguirse 
hace tiempo.

 

* * *


No sabemos dónde van a caer los rayos. Puede ser que uno vaya a atravesar una vaca en un potrero remoto o un gato en un tejado cercano. Nunca he visto un animal electrocutado, aunque mi hermana sí habló del esposo de una amiga suya que murió cuando lo tumbó un rayo en un campo de golf. Imaginé el rayo partiéndolo en dos y tumbándolo doblemente. En un campo de golf y en un potrero no hay dónde esconderse. Para nosotros, que no sabemos dónde van a caer los rayos, sería mejor hacer de perro callejero, refugiarnos en los basureros. Siempre nos hicieron salir de la piscina y del mar cuando llovía porque nos podían rastrear los rayos. Yo no sé. El día en que enterramos a mi abuela hubo una tormenta de rayos y es lo más hermoso que he visto en un cementerio, de lejos. Puede ser que un rayo atraviese un ataúd, electrocute al muerto y lo reviva. A los cadáveres sin ataúd también los encuentran los rayos; nosotros no sabemos dónde buscarlos.

 

* * *

 

No estamos solos.
Soñamos
y al despertar a veces nos contamos 
y a veces no.
Hay secretos entre nosotros. 
Secretos y temores tristes.
Pero sobre todo hay reflejos 
del agua del canal
serpenteando en las paredes,
y las mañanas
en que perseguimos 
sus formas juntos.


Tania Ganitsky nació en Bogotá, Colombia, en 1986. Es Doctora en Filosofía y Literatura. En 2009 ganó el Concurso Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia y en 2014 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Obra Inédita con su primer libro: Dos cuerpos menos (2015). Publicó Cráter, en coautoría con el artista José Sarmiento, en 2017. Desastre lento (2018 y 2019) estuvo entre los cinco finalistas nominados al Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura en 2019.  Publicó con la editorial Cardumen La suspensión de los objetos flotantes (2020), con ilustraciones de Ana María Lozano, y Rara (2021), con ilustraciones de Sandra Restrepo. En 2021 publicó su primer ensayo literario: El fuego que quería recordar (La diligencia). Es coeditora de La trenza, un fanzine de ilustración, ensayo y poesía escrita por mujeres colombianas y dicta cursos y talleres de poesía en algunas universidades de Bogotá.

Última actualización: 23/06/2022