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Paz Mundial, Pacto con la Naturaleza

Por: Vera Duarte

Cada vez son más alarmantes las noticias que escuchamos sobre cómo la naturaleza ha venido expresando su profundo disgusto por la forma extremadamente agresiva, depredadora y egoísta como ha sido tratada por los seres humanos. 

Desde los terribles tsunamis, huracanes y terremotos, hasta la inminencia de la desaparición física de vastas extensiones de tierra, debido al aumento del nivel medio del agua del mar, provocado por el deshielo masivo que se ha venido produciendo, a causa del calentamiento global.
 
Son demasiado dramáticas e impactantes las imágenes del presidente del archipiélago de Tuvalu, Estado de Polinesia, hablando con el agua hasta las rodillas para ilustrar la situación de su país, literalmente tragado por el océano Pacífico.

Estamos sin duda ante una emergencia climática que afecta a todos, pero sobre todo y de forma más inmediata, a los pequeños estados insulares. Entre ellos mi propio pequeño país, Cabo Verde. Estos, que nada han hecho prácticamente por la degradación de la naturaleza, son los que corren los más graves riesgos de desaparición y otras hecatombes.

La existencia de refugiados climáticos ya no es sorpresa en nuestro siglo veintiuno, que además de la pandemia sanitaria provocada por el COVID-19, también empieza a mostrar claros signos de pandemia ambiental.

Sueño y en el sueño muero ahogada en las aguas densas y profundas de un océano que todo lo cubre. Pero cuando las aguas retroceden y yo, presa de un frenesí de vida, logro escapar, lo que veo es un glorioso regreso a la naturaleza: una inmensa sabana, gigantescos baobabs y las más diversas personas, negras, blancas, rojas y amarillas, todas trabajando juntas por el bien común.

Incluso el más cínico de los negacionistas ya no osaría contraponer ningún argumento contra la evidente degradación del medio ambiente. Para todos es claro que el hombre, con su acción depredadora, logró acabar con lo más hermoso que nos brindaba la naturaleza: una vida segura bajo árboles frondosos.

Aunque la vida ya no es tan segura, aún hay árboles que dan sombra. Pero ha habido muchos más y si seguimos como estamos, corremos el riesgo de que desaparezcan. Corremos el riesgo de que la Tierra quede, como la naturaleza lunar, completamente desamparada. Por eso es importante plantar árboles y hacer lo que sea necesario para detener este proceso de degradación que nos llevará a todos al naufragio. Es importante que plantemos árboles como quien planta poemas por los caminos más áridos y dolorosos de la vida.


Una nueva sacudida
una nueva humanidad
sin esclavitud ni corrupción
sin polizones marcados en las fronteras
sin refugiados ni desplazados
sin represiones ni miedos
sobre todo sin guerras ni conflictos armados
una quimera que siempre ha impulsado a la humanidad
en un mundo de libertad igualdad fraternidad


Hubo un tiempo en que no había posesión. Todos trabajaban y todo era para todos. Desgraciadamente, se produjo el cambio: hubo quienes querían más, y también hubo quienes tenían menos y quienes no tenían nada. Surgió quién mandaba y quién obedecía, quién dictaba las reglas y quién las cumplía.

Y aunque el ser humano pertenece a una sola raza, la raza humana, comenzaron a existir diferentes razas según el color de la piel y la supremacía de una sobre la otra...

Entonces estallaron las guerras por el Poder y por la Posesión.

Todas las guerras han sido y están siendo libradas por el Poder y la Posesión:
Posesión de poder, posesión de riquezas, posesión de dinero, posesión de mando, posesión de personas… ¡¡¡siempre POSESIÓN!!! Poder y Posesión son ilegítimos, porque no se ejercen por el bien común sino por el interés personal.

Sin embargo, la gran salida para preservar la Tierra tal vez sería la NO POSESIÓN, pero la humanidad ya no sabe vivir sin la posesión.

Sin embargo, la gran salida es quizá que cada uno tenga en su poder lo que racionalmente necesita para vivir.

Entonces no habría tanta depredación de la naturaleza porque es un despilfarro que conduce a la destrucción.
Entonces no habría más guerras, porque la guerra surge porque hay quienes tienen mucho más de lo que necesitan y quienes ni siquiera tienen lo que necesitan.

Quizás esta sea la única salida para la Paz en el mundo y la salvaguarda de la Naturaleza.

Y como el mundo sería mucho mejor si hubiera paz, es necesario invertir todos los esfuerzos en lograr la paz. Aunque la irracionalidad de la razón humana lleva a los hombres a recurrir a la guerra y a otros conflictos armados, para resolver cuestiones que sólo el diálogo debe resolver.

De hecho, nunca ha habido tanta abundancia de todo. Pero mientras en algunos países se bota la comida, en otros la gente muere de hambre o desnutrición.

La barbarie aún reina a pesar de la civilización universal.

En nuestro siglo veintiuno, que a pesar de la pandemia sanitaria que viene viviendo a causa del COVID-19 también empieza a tener muestras amargas de pandemia ambiental, es importante y fundamental descubrir la VACUNA contra quienes despilfarran este patrimonio universal que es naturaleza.

Hasta que finalmente se cumpla lo prometido en el Salmo 37:10,11, que dice que los impíos dejarán de existir y los humildes poseerán la Tierra.

Estamos seguros que cuando los mansos y humildes tomen posesión de la Tierra, entonces estaremos anunciando una nueva era de paz y prosperidad para toda la humanidad.
 
Yo soñaba y en el sueño un mar extrañamente amistoso se elevaba y se elevaba y pronto me ahogaría en las aguas del océano...

Praia, 10 de enero de 2022


Vera Duarte nació en Mindelo, Cabo Verde, el 2 de octubre de 1952. Es poeta, narradora, ensayista y activista defensora de los derechos humanos. ​Licenciada en Derecho por la Universidad de Lisboa. Ha publicado los libros de poesía: Mañana por la mañana, 1993; El archipiélago de la pasión, 2001; Oraciones y súplicas o cánticos de desesperanza, 2005; Ejercicios poéticos, 2010; Reinvención del mar, Antología poética, 2018; De risas y lágrimas, 2018; y Naranjas en el mar (Antología poética bilingüe, 2020). Autora del ensayo Construyendo la utopía, 2007; de La palabra y los días, Crónicas, 2013; de Inquietud y arrullos, microcuentos, 2021, y de las novelas: El candidato, 2003, La matriarca: una historia de mestizaje, 2017, y La Venus criolla, 2021.  

Miembro de la Academia de Letras de Cabo Verde, de la Academia de Ciencias de Lisboa, y de la Academia Gloriense de Letras. Fue Ministra de Educación, presidenta de la Comisión Nacional de Derechos y Ciudadanía, consejera del presidente de la República y Juez consejera de la Corte Suprema de Justicia. Integró organizaciones como Centro Norte-Sur Consejo de Europa, la Comisión Internacional de Juristas, la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, la Asociación de Mujeres Juristas y la Federación Internacional de Mujeres Juristas. Fue condecorada por el presidente de la República con la Orden de la Medalla Volcán (2010); por el Gobierno de Cabo Verde con la Medalla al Mérito Cultural (2005); recibió los premios Consejo Norte-Sur de Derechos Humanos de Europa (1995); Tchicaya U Tam'si de poesía africana (2001), el Premio Sonangol de Literatura (2004), el Premio Femina a la Mujer Destacada (2020) y el Premio Literario Guerra Junqueiro, Lusofonias (2021).

Última actualización: 04/05/2022