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Darién: Breve cronología del conflicto armado

Por: Yadira Rosa Vidal Villadiego

Ubicado en el extremo noroccidental entre los departamentos de Antioquia y Chocó, el Darién Chocoano es una región que articula no solo estos departamentos sino también países y a las Américas a través del conocido Tapón del Darién, territorio que alberga una gran riqueza natural de flora y fauna. En  los años cincuenta se dio el arribo de nuevos colonos al Darién, entre estos mis abuelos maternos y paternos. Familias de Córdoba, Sucre, Bolívar y Antioquia, llegaron a aumentar la población de los municipios de Riosucio, y Acandí. Armaron los primeros ranchos que con el tiempo se volvieron poblados que hoy conocemos con los nombres de Santa María La Nueva del Darién, homónima y vecina a la extinta antigua ciudad española fundada por Vasco Núñez de Balboa en 1502, Gilgal y Balboa corregimientos de Unguía.

Aunque los indígenas Cuna, fueron la etnia predominante  en la región  del Darién, y establecieron relaciones comerciales y de intercambio con mestizos. Por pleitos y enfrentamientos con colonos los Cuna del Resguardo Cuti, prefirieron trasladarse a Panamá al territorio de San Blas y entregaron su resguardo en calidad de préstamo a indígenas Embera, muchos de ellos venidos de Tierra Alta Córdoba. Fue así como los Embera se convirtieron en la etnia que  después de los años 80 conocimos las nuevas generaciones y esa historia de los Cuna se fue quedando en la memoria de los mayores que era narrada ocasionalmente. Los Embera Katio tiempo después sufrirían los rigores de la guerra que vivió el Darién.

Pero como muchos otros lugares del mundo que han sufrido o sufren una larga tradición de violencia, Colombia no se escapa de ello. Desde finales de la década de los setenta, las guerrillas de las FARC  hicieron presencia en la región del Darién. Contaba mi abuela que para esa época cuando el Partido Comunista Colombiano difundía su discurso político en otras regiones del país, el aislamiento geográfico y la barrera espacial que representaba el Golfo de Urabá, así como la selva y los pantanos del Darién les mantuvieron al margen de estas discusiones. A mediado de los años ochenta se da la firma de los acuerdos de cese al fuego entre las guerrillas, el movimiento obrero y la fuerza pública, como  una salida política al conflicto armado que vivía el país. Luego de la firma de los acuerdos las FARC fundaron el movimiento político Unión Patriótica UP. El auge y expansión del movimiento político UP, se extendió por el país hasta llegar al Chocó al municipio de Unguía a finales de la década de los ochenta. Un grupo aproximado de treinta jóvenes iniciaron el movimiento JUCO (juventud comunista), se convocó a la comunidad a reuniones  y muchas de las familias llegaron a integrar el movimiento. Poco tiempo después en 1989 el municipio llegó a tener  el primer alcalde por voto popular Mario Ferley Medina Duque, candidato por una alianza entre la UP y el partido conservador. El 27 de febrero de 1990, a pocos días de las próximas elecciones, Mauricio Ramírez candidato a la alcaldía se encontraba reunido con otros 5 miembros del partido de la UP en el parque principal del municipio de Unguía. Sin previo aviso, un grupo de paramilitares irrumpió en el lugar y, bajo las órdenes de Fidel Castaño, los asesinaron con armas de largo alcance. El hecho ocurrió a pocos metros de la estación de policía, pero ninguno de los perpetradores fue perseguido o capturado. [1]

A partir de esta fecha se empieza a hablar del conflicto en el Darién, pero esta acción violenta no impidió la consolidación de los grupos guerrilleros en la región y era común para la época que las familias fueran convocadas a convites o  fiestas patronales lideradas por las guerrillas de las FARC, incluso las diferencias entre vecinos se resolvían con la intervención de estos. Cerca de los poblados los grupos armados se asentaban, instalaban campamentos por muchos días al punto de formar parte del paisaje de los pequeños que crecimos en esa época y no comprendíamos  las razones ni los argumentos de esas causas que se  libraban.

A mediado de los noventa se da la llegada contundente de los grupos de autodefensas o paramilitares como los denominaban en la región. Llegaron al Darién cuando hacía ya varios años los cadáveres abonaban las bananeras de Urabá. “Los paramilitares llegarían a exterminar a la guerrilla”. El temor se apoderó de las calles y en las veredas del Darién, se decía que los grupos de paramilitares iban dirigidos por antiguos comandantes de las FARC que se habían cambiado de bando y que estas personas señalaban a los presuntos colaboradores, por eso todas las personas que habían tenido un mínimo contacto con las FARC, que era  en suma la totalidad de la comunidad,  temían de algún modo por su vida, porque las FARC eran parte de la cotidianidad de los días.

Meses después los grupos paramilitares tenían el control absoluto de los centros poblados del Darién y de municipios como Riosucio llegaban las noticias del éxodo de miles de familias que abandonaron sus tierras en el marco de lo que tiempo después conocimos como la Operación Génesis [2]. Entre 1996 y 1997 se da el mayor desplazamiento de las familias indígenas, afrodescendientes  y campesinas que habitábamos en las zonas rurales de Riosucio, Unguía y Acandí, por meses habíamos resistido el conflicto pero los continuos enfrentamientos entre los actores armados generó el confinamiento de las familias que ahora no podían ir a trabajar hasta sus fincas por miedo a ser declarados informantes o colaboradores de las FARC. Para esa época los grupos paramilitares llegaron a controlar el abastecimiento de las familias que habitaban especialmente en las fincas con el argumento de que al llevar un mercado abundante podían llevar víveres para las FARC.

El conflicto armado Colombiano es el retrato todo lo malo que deja la guerra, no solo en  este país si no, en el mundo entero. La violencia trajo consigo la destrucción de los lazos sociales, la ausencia de los vecinos que no quisieron retornar por el miedo, muchas casas las cubrió la maleza. La guerra significó: La pérdida de los usos y las costumbres, se olvidaron los paseos rurales, los baños en el río, la selva quedó olvidada tras ser sembrada con minas antipersona.  Antes de la violencia, era común las reuniones entre amigos, los partidos de futbol por las tardes y los grupos de vecinos que se unían para decorar las calles en las épocas navideñas. Con la guerra los indígenas frecuentaron menos el pueblo y una suerte de suspicacia se ancló en lo que antes eras relaciones basabas en la amistad y la confianza.

Muchos años han pasado y en este escenario reciente de construcción de paz, dejación de armadas y diálogos, cuando por fin empezamos a hablar de postconflicto se han dado iniciativas esperanzadoras como las sentencias de Restitución de los Derechos Territoriales de varios resguardos indígenas, entre estas la Nº 33 del Pueblo Embera Katio del Resguardo Cuti del corregimiento de Gilgal en Unguía en el año 2018,  en el marco de la implementación del Decreto Ley 4633 de 2011, emitida por el juzgado primero civil del circuito especializado en Restitución de Tierras de Quibdó. Este caso en particular fue emblemático pues fueron las mujeres indígenas las que resistieron la guerra y en cabeza de la Cabildo María Guasaruca decidieron recuperar los derechos sobre el territorio. Sin embargo el reto de las comunidades indígenas, afrodescendientes  y campesinas es resurgir en medio de un conflicto que sigue latente, que ha causado la deforestación de la serranía del Darién y que ahora está sembrada de cultivos de uso ilícito, la minería ilegal no da tregua, el tráfico de migrantes entró a complejizar este panorama y son estas  actividades ilícitas el músculo económico que financia a los actores armados ilegales, mientras el campesino sobrevive con la imposición de un nuevo orden social.

En medio de la promulgación de acciones reivindicatorias de derechos, cuando el mundo entero buscar como interés general, la paz mundial. El panorama actual en el Darién no es muy alentador. El abandono institucional en el que ha estado sumergido el Chocó ha favorecido el fortaleciendo los grupos posdesmovilización inicialmente de las AUC, luego de las guerrillas de las  FARC y ahora del ELN que intenta colonizar nuevos frentes de guerra en las zonas que han quedado libres luego de la dejación de armas. Por tal razón, la Defensoría del Pueblo en su alerta temprana, la N. 009-2020  referenció la denuncia hecha por organizaciones de base del Bajo Atrato que informaban sobre un posible recrudecimiento del conflicto en la región, que se expresaría en “homicidios selectivos a los líderes indígenas, afros y campesinos […] situaciones de confinamiento, desplazamiento forzado; vinculación y reclutamiento de NNA (niños, niñas y adolescentes); restricciones a la movilidad, al abastecimiento y a sus prácticas culturales; contaminación del territorio con minas antipersonal; amenazas e intimidaciones; y afectaciones territoriales relacionadas con la contaminación y la destrucción ambiental, por la extracción ilegal de madera, siembra de cultivos ilícitos, el procesamiento de pasta de coca, y el desarrollo de minería ilegal”. [3]  Este panorama poco ha cambiado y recientemente empezando este 2022 las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos se han pronunciado frente a la delicada situación de orden público en el chocó [4].

La actual situación del Darién y de Colombia no es muy distante de la que padecen otras regiones y países especialmente del sur del continente americano. La perspectiva general que encontramos es la de regiones ricas, en recursos que están al servicio de algunos pocos y empobrecida por la guerra para los campesinos que la habitan, con una parálisis severa en las instituciones sociales, que no permite el surgimiento de contextos para promover el desarrollo local. Esta situación se encuentra intervenida por prácticas corruptas en la distribución de los recursos, la delincuencia sigue proliferando. No podemos hablar de igualdad cuando la  democracia carece de legalidad, las regiones necesitan la presencia del Estado, personificado en calidad de vida, necesidades básicas satisfechas, instituciones educativas dignas y que en esta oportunidad para el caso del Darién el golfo no sea la barrera para que la justicia y las oportunidades lleguen.

[1] CNMH. Una masacre selectiva en Unguía.  Publicado el 28 de febrero de 2015. Disponible en https://centrodememoriahistorica.gov.co/tag/choco/. Consultado el 25 de febrero de 2022.
[2] COLEGIO DE ABOGADOS. “Operación génesis”: nueve años de arrasamiento en la impunidad 24 al 27 de febrero de 1997. Publicado el 19 de febrero de 2006. Disponible en https://colectivodeabogados.org/OPERACION-GENESIS-9-ANOS-DE. Consultado el 13 de septiembre de 2020.
[3]Defensoría de Pueblo. Alerta Temprana Nº. 009-2020 del 06 de marzo de 2020.
[4] OCHA.  Alerta por situación humanitaria. Confinamiento de tres comunidades indígenas Embera y restricciones a la movilidad de tres comunidades afrodescendientes en el municipio de Bajo Baudó (Chocó).Consultado el 25 de febrero de 2022.  Disponible en https://www.humanitarianresponse.info/sites/www.humanitarianresponse.info/files/documents/files/180222_confinamiento_en_bajo_baudo_vf.pdf


Yadira Rosa Vidal Villadiego, nació un 19 de agosto de 1986, en Gilgal, un corregimiento del municipio de Unguía, en el departamento del Chocó, Colombia. Esta escritora se profesionaliza en Antropología por lo que comienza su proceso de escritura con textos académicos sobre geografía y paisaje a partir del 2011. Desde entonces su trabajo se ha centrado en la defensa de los derechos territoriales de las comunidades negras e indígenas, pues es titulada como Especialista en Derecho Internacional Humanitario y Especialista en Lúdica Educativa.

Sus escritos se han divulgado en diversas publicaciones: como el cuento Rompecabezas, en la Antología poética del Taller de Escritores de Urabá, llamado Policromías Literarias (2013). Antología Relata de Talleres literarios (2013). Desde el 2016, comienza un arduo trabajo de producción poética que se volcará en producciones comunitarias femeninas a través de las Colectivo de Escritoras de Urabá Las Musas Cantan, Recopilación poética Grito de primavera (2016).  Esta misma compilación es ganadora de la quinta Convocatoria Estímulos del Instituto de Patrimonio de Antioquia 2016. Para el 2018  la autora termina la construcción de la primera edición de su libro Río arriba, con esta obra se tornó ganadora de la convocatoria a estímulos del Ministerio de Cultura, en la modalidad de Beca de circulación Internacional, en el primer semestre del 2019, con este premio la escritora participó en el VI encuentro internacional de escritores en Úbeda, España. Ya para el año 2020 su poema La cicatriz del ombligo recibió premio nacional de poesía Decir es Mostrar de Casa Silva, cuyo tema era la Palabra. En el año 2021 el poema Partería es ganador del primer puesto en el concurso nacional de talleres de escritura RELATA en la misma semana en que se anuncia la reedición de Río arriba como libro ganador de la Convocatoria publicación de obras de autoras colombianas, pertenecientes a Grupos étnicos o grupos de interés, del Ministerio de Cultura de Colombia.

Publicado el 6.03.2022

Última actualización: 25/04/2022