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“La escuela de los iguales”

Por: Vielsi Arias Peraza 

Pedagogía y poesía para la vida nueva 

    
Aprender proviene del latín apprehendere, que significa adquirir conocimiento de algo a través del estudio o la experiencia, tomar algo en la memoria. Enseñar, viene del latín insignare que significa, instruir, adoctrinar, dar advertencia, dejar ver, esclarecer. 

Si nos situamos en estos conceptos, Jacotok, referido por Ranciere en su texto “El maestro ignorante”, no estaba distante de esta idea, en tanto dio advertencia a sus “alumnos” de cómo instruirse en el estudio de un idioma desconocido, a través de un método basado en la nemotécnica. Hace énfasis en este concepto porque es en la memoria donde da lugar toda invención creativa, puesto que es allí donde ocurren todas las operaciones de la inteligencia (semejanzas, diferencias, comparaciones, reflexiones). De acuerdo a esta concepción del pensamiento, Jacotok establece un método para el dominio de una lengua. 

Partiendo del axioma, el todo está en todo Jacotok hizo que sus alumnos relacionando lo que sabían con lo nuevo que pretendían conocer, lograran el dominio de un idioma aplicando el mismo proceso que hacen los niños durante el reconocimiento de su lengua materna: observando, reteniendo, repitiendo, comprobando, relacionando, descifrando a ciegas. (Ranciere, 2003: 10).

Señala Ranciere, que los metodistas oponen a la costumbre del azar el planteamiento de la razón, en este sentido, es el maestro el que permite a través de la instrucción, descifrar el mundo que no es capaz de ver y que él le enseñará. A esta mirada de la educación vigilada y examinada, Ranciere propone un aprendizaje guiado por el método de la autoexplicación sin el intermediario del maestro explicador, basado en la inteligencia y la voluntad. Así, estableció una nueva relación entre maestro y alumno basada en una relación de iguales, que libera el dispositivo de subordinación de un alumno que debe responder a la pregunta de quién inspecciona y verifica la consolidación de resultados. Se trata ahora entonces, de una reciprocidad de dos seres que dialogan bajo el signo de la igualdad.  A este proceso, Ranciere lo denominará emancipación. 

Supone este método una ruptura con la práctica pedagógica basada en la oposición entre la ciencia y la ignorancia, que no tiene otro fin que transmitir los conocimientos del maestro al alumno (atontamiento) para convertir en sabio al ignorante, a través de métodos duros, punitivos o pasivos.  Esta proposición, significa que un sabio debe prescindir de sus conocimientos.  Pero: ¿Cómo admitir que un ignorante pueda ser para otro ignorante causa de ciencia? (Ranciere, 2003: 12). 
    
No obstante, plantearse una educación basada en la igualdad, pasa por construir un modelo pedagógico al servicio de la paz para una vida nueva. En este sentido, el legado de la educación popular de América Latina, propuestos por Freire, Fals Borda y Simón Rodríguez puede ser una vía que nos permita contribuir, desde la educación, con la construcción de un mundo más justo.

Uno de los teóricos más emblemáticos de esta idea fue el teólogo Paulo Freire, quien planteó una visión crítica del aprendizaje al referirse a la concepción “bancaria de la educación”.  Freire hablaba de una educación posible en otros espacios externos a la escuela, como una manera de liberar al ser del sistema de dominación manifiesto a través de la escuela. 

Haciendo alusión a la relación desigual educandos-educador-apunta que la esencia de esta concepción del aprendizaje se basa en la palabra, en la “sonoridad” y no en la fuerza transformadora. Así, el educando, fija, memoriza, guarda, mecánicamente los saberes como un recipiente abierto, dispuesto para llenar. Cuanto más lleno esté, más conocimiento tendrá. En este sentido, no existe una verdadera reacción de dialogo entre los involucrados del proceso, sino que lo único que ocurre es una transacción. (Freire,S/F: p. 65) 

Para el maestro sólo existirá un conocimiento verdadero en la búsqueda incesante que los seres hacen ante el mundo y con los otros. Bajo la concepción bancaria, esto no sería posible puesto que no existe ninguna participación del educando. Su actitud es pasiva y sumisa. Lo que existe en si, es una donación como fin último de la ideología dominante. Así se garantizará siempre un ejército de seres “asistidos” a los que estimular su ingenuidad. 

Como antítesis, Freire propuso la idea del SER MÁS, pero no el sentido robinsoniano del amor propio al referirse al deseo egoísta de superación (“amor propio inmoderado”), sino el SER MÀS con los otros, es decir “la educación problematizadora” con un carácter histórico. De ahí que ésta, sea un hacer permanente, dispuesta al cambio. Así señala que: “la educación se re-hace constantemente en la praxis. Para ser tiene estar siendo”. Vista así la educación, tiene un carácter profético y esperanzador. Ve a los hombres más allá de sí mismos y los percibe como realidad, como posibles circunstancias que pueden ser transformadas con la práctica. De una visión pasiva, el sujeto transformador ve su situación como incidencia del acto de conocer y supera la percepción ingenua de la realidad. Ahora el educando es capaz de ver y verse. Es un ente activo que quebranta la realidad histórica, toma conciencia de ella y la transforma (Freyre, S/F: pág. 89-90).

Esta concepción de la educación, sin duda transforma la relación tradicional docente-alumno, al revolucionar el modelo de la sapiencia, en un “sujeto de la educación” objeto incidente de la acción de la cual surge humanizado; un educando activo que genera sus propios conocimientos a partir de ese entorno del que es parte. 

Esta educación para la fragmentalidad, para el egoísmo, ya Simón Rodríguez la había refutado al hablar de la “vertiente negativa del amor propio” cuyo principio se basa en la negación de la realidad. Plantea el maestro Rodríguez, que el egoísta no es capaz de ver que todas las cosas están interconectadas; que lo que hace uno repercute en el otro así expresó una de sus máximas: “piensa en todos, para que todos piensen en ti”. 

Si educamos para la obediencia, difícilmente tendremos un ciudadano que se interrogue, un ser que se vea en el otro. Asumirá como normal ocuparse sólo de sí mismo. A esta educación Freire la llamará “educación bancaria”, un modelo basado en la pasiva recepción del alumno. 

Ranciere por su parte hablaba del orden explicador, el arte de la distancia, el secreto del maestro es establecer la distancia entre él y su alumno y es el maestro quien pone y suprime la distancia. En este sentido Morin propuso la necesidad de una educación basada en los siete saberes imprescindibles para las condiciones de nuestra época: distinguir error de ilusión, un conocimiento pertinente, enseñar la condición humana, enseñar la entidad terrenal, manejar las incertidumbres, la comprensión y la ética.

Este contexto, nos permite hablar de la necesidad de plantear un nuevo paradigma de la educación, una educación que interrogue y nos enseñe a pensar. En este modelo la poesía tiene un lugar fundamental, al acercarnos a lo humano y permitir el desarrollo de una sensibilidad y encuentro con el otro ¿Si comprender es traducir, por qué un solo orden para ello? 

Fuentes consultadas

Calzadilla Arreaza, Juan Antonio (2005). El libro de Robnson un camino hacia la lectura de Simón Rodríguez. Siembraviva Ediciones. Caracas
Morin Edgar (2000). Los siete saberes necesarios a la educación del futuro. Ediciones Faces UCV-CIPOST. Caracas.
Ranciere, Jacques (2003). El maestro ignorante. Laertes, Ediciones. Barcelona.
zssmann, Hugo (2002). Placer y ternura en la educación. Narcea Ediciones. Madrid.
reyre, Paulo (S/F). Pedagogía del oprimido. (Documento mimeografiado).


Vielsi Arias nació en Valencia, Venezuela, el 14 de junio de 1982. Docente, egresada de la Universidad de Carabobo de la Facultad de Educación Mención Artes Plásticas.  Ha publicado: Transeúnte, 2005, con el que obtuvo el Premio del Certamen Mayor de las Letras y las Artes, editorial El perro y la Rana; Los difuntos, 2010, Editorial Fundarte, con el que obtuvo la Mención Honorifica Poesía del Premio Nacional de Literatura Estefanía Mosca; La luna es mi pueblo, 2012, editorial El Perro y la Rana; Luto de los árboles, 2021, editado por El Taller Blanco. Forma parte de la Antología Hacedoras Tomo I, editorial Lector Cómplice y de la Antilogía Antropología del Fuego Tomo III, editorial Palindromus.

Fue miembro de la Red Nacional de Promotores de Lectura, del Plan Nacional Leer es entender, se desempeñó como asistente de la poetisa Ana Enriqueta Terán, ayudando en la recuperación de toda su obra inédita. Su obra ha sido publicada en portales y revistas nacionales e internacionales como: Poesía, Mentekupa, Astorga, Lino Tipia, y Letralia.

Última actualización: 18/01/2024