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La poesía es una testigo

Por: León Guerrero

Pienso seguido en una entrevista a DMC, miembro del aclamado grupo de hip-hop Run-DMC. En ella, él habla sobre cómo los raperos actuales han abandonado el rol que solían tener en los ochenta: el de denunciante de las injusticias estructurales, el de guías para la juventud, el de poetas sociales.

Menciona cómo los raperos de aquel entonces estaban pendientes de lo que acontecía alrededor de ellos y lo incluían en sus canciones. Se concebía al micrófono como una responsabilidad de los artistas para generar los cambios necesarios en las comunidades explotadas. Este tipo de artistas me han proporcionado una base y un apoyo sustancial para mi escritura.

Cada vez que se me dificulta la creación de algún pasaje, escucho a artistas de la Nueva Canción que me arraigan y me dan sentido. Ellos han influenciado la concepción que tengo de la poesía. Para mí, ella es una testigo. Me fuerza a prestar atención a lo que está pasando a mi alrededor de manera más cercana.

Observo los mismos patrones de reacción ante la adversidad moderna en comunidades distantes. Escapismo por medio de alguna sustancia o algún medio de comunicación. Entonces recuerdo una frase que leí en un libro de Lisa Cron sobre la escritura. Argumenta que la literatura no es una forma de escapar del mundo, sino una herramienta para navegarlo.

Como afirmó Federico García Lorca, pienso que la poesía es algo que anda en la calle. Lamentablemente, esta ha dejado de ser un lugar seguro para un gran número de personas. La xenofobia, la tendencia a buscar chivos expiatorios, el imperialismo y el racismo, factores conectados que son propios de la realidad de la época contemporánea, han convertido la calle en un espacio inseguro.

No se puede caminar libremente en San Pedro Sula, en Teherán, en Guayaquil, en Gaza y en muchas otras ciudades con un pasado más común de lo que nos dejan ver. Es ese el problema central de una calle insegura: el que nos encierren y nos aíslen.

Regresando a la entrevista a DMC, él menciona que en el pasado, los grupos de rap eran la forma predominante. Run DMC, N.W.A., el Wu-Tang Clan...

En algún momento, la gente en el poder se dio cuenta de que los artistas serían más débiles y, por ende, controlables si estaban separados. Así pasamos de la crítica social a canciones que enseñan pasos de bailes, un cambio bienvenido por quienes manejan los medios.

Ahora tenemos menos diversidad, solo individuos a los cuales los jóvenes ven como figuras inalcanzables. Ya no se miran en los artistas, ya no se sienten parte de un colectivo.

Es difícil navegar este mundo en soledad para aquellos que portan ciertos acentos, tonos de piel y apellidos. Ante esto, la poesía no puede aportar consuelo. Lo que puede hacer es ayudar a cartografiar una sociedad que para muchos es hostil.

El poema es un rezo, un conjuro, un ritual. Es más que un objeto de admiración y contemplación. Sirve para intervenir en la sociedad, para nivelar el paisaje, para llenar sus grietas.

Escribo lo que escribo porque veo lo que veo. No concibo a mi poesía como una denuncia panfletaria, sino como una necesidad, una responsabilidad.

Los artistas que me han inspirado varían mucho en época, medio e idioma. Pero lo que tienen en común Víctor Jara, Nina Simone y Grandmaster Flash, entre otros, es que vivieron en tiempos tormentosos bajo estructuras sociales que castigaban severamente cualquier indicio de no conformismo.

Ninguno de ellos guardó silencio por este hecho. Ninguno esperó que la tormenta pasara para crear. Escribieron en medio de ella porque lo consideraban un deber necesario.

Los tiempos turbulentos en los que vivimos plantean una pregunta histórica al artista. Mis poemas son un intento de responder dicha pregunta. Con ellos busco que el lector, sea quien sea, pueda conceptualizar una nueva forma de pensar, de ver los asuntos. Busco que mi obra sea accesible porque, si bien no puede cambiar el mundo de manera directa, puede fungir de guía para aquellos que lo harán.


León Guerrero nació en Tegucigalpa, Honduras, en 1999. En 2023, fue el primer seleccionado en artes de la beca Hondufuturo, obteniendo una maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Glasgow, Escocia. Su cuento "El mejor espectáculo de su muerte" ganó mención de honor en el Concurso Nacional Rafael Valle (El Heraldo de Honduras) y fue publicado en la revista Katabasis (México). Su poemario inédito Invasores quedó finalista del VII Premio de Poesía Hispanoamericana Francisco Ruiz Udiel (Editorial Valparaíso, 2025). Otros trabajos suyos han aparecido en revistas literarias como Fleet (Reino Unido) y Minificciones.

Es uno de los poetas invitados mediante convocatoria para participar en el 36° FIPMed.

Última actualización: 2026-05-19