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Samuel Jaramillo (Colombia)

Por: Samuel Jaramillo

 

Fósforos del universo

Como una cordillera fugaz
ha pasado este millón de años.

Sobre la hierba, sobre la hojarasca,
se oye el reptar de la noche cerrada.

Y de repente,
abres tus ojos verdes
y se encienden todas las estrellas

Tus ojos verdes,
los fósforos del universo.

Ahora puedo distinguir
las olas del tiempo
que rompen a mis pies.

Avanzo las manos de mis propios ojos
y palpo cuerpos.
Deben ser mis hermanos.

Mis hermanos, como olas,
asedian esta costa de mis pies.

El día se construye de repente,
paraguas sustentado por el reflejo de tus ojos.

Tus ojos verdes iluminan
la cúpula cóncava de mi imaginación.

Ahora veo.

Tus ojos verdes,
lo único que rescaté del paraíso.

 

HAY QUE ABRIRLE UN LUGAR A LA NOCHE


y a su respiración vegetal.
Igual, lo que me corresponde es el deseo.
Un cuerpo de mujer arde lentamente
en la penumbra horizontal
donde una hierba oscura
crece con denuedo.
El estremecimiento
de las ramas de los árboles
no responde solamente al viento
de esta noche ecuatorial
que lija las cosas
hasta dejar de ellas tan solo el hueso:
habla de que, contra toda prudencia,
quise besarla una vez más
en el jardín lunar.
Me voy. Pero ahora sé
que a mi espalda
dejo una puerta entornada.
Como una brasa,
el deseo dormita.
Ronronea con sus uñas retráctiles
en la noche estival.

PIENSO: SI SE PUEDE VIVIR SIN ESA NOCHE
en la que en la sartén hervían las estrellas,
es porque de verdad nada resiste el olvido.
El pájaro mensajero
debe poner su huevo en la eternidad.
El pájaro mensajero
deposita su huevo al otro lado
de esta puerta,
fuera de la corriente del tiempo.

 

BAJO UN CIELO VERTIGINOSO
en el que escurren nubes
con una velocidad de asombro, hay una playa.
En esa playa estas tú
En esa playa instalada en una luz del pasado
estoy yo también.
Destapo una botella
y su aroma espeso todavía perfuma
el aire denso bajo el calor.
Hay el aleteo de algún caballo
con sus grandes dientes oscuros.
Hay un pecho vacío como una caja de hierro
que solo encierra aire.
Un aire negro, hermético.
En esa playa irreal tu mirada se desplaza
en dirección a la mía,
pero no se detiene, y sigue bajo el cielo ominoso.
Destapo una botella:
su olor baña el aire caliente
bajo las nubes veloces.

UN TRAZO RÁPIDO QUE RAYA EL FIRMAMENTO

el pájaro se catapulta hasta los confines del cielo.
Creo que tu presencia es la brisa torrentosa
que lo arrastra a esas alturas.
Conozco que estás cerca
y mi corazón emplumado
bate sus alas
alocadamente.

ME ENTERO DE QUE LA DIFERENCIA

entre que el sol gire alrededor de la tierra
o que la tierra gire alrededor del sol
es una simple cuestión de elegancia
en el que mira, en el que calcula.
Entonces, cuando el que ora va a la montaña
con este acto hace que la montaña vaya a él.
Son los que no creen, con sus objeciones,
los que han perfeccionado la idea de Dios.
Así tus dudas sobre lo que siento por ti:
cuando tu cuerpo acaricia mi mano
también mi mano acaricia tu cuerpo.
Dicho esto, me aplico a organizar
esto que llamo sueños, a clasificarlos,
no sea que se confundan con mis recuerdos.
¿Mi mano? ¿Tu cuerpo?
Quién puede poner algún orden
en este enredo de locos.

SÍ. ES POSIBLE QUE LA FORMA CAPRICHOSA

con que se viste el vuelo de los pájaros
no tenga nada que ver con la historia
de nosotros, terrestres.
Que las posiciones de los astros
y de los planetas sean ajenas
a nuestro destino.
Lo lamento, si es así.
Deploro si el curso de mi vida
no está signado por el movimiento
de tus párpados.
Peor para nosotros.
La vida mía: si no es de la vacilación
de tu mirada, de la duda bajo el relámpago,
¿de qué pende su trayectoria obligada?

 


Samuel Jaramillo. Libros publicados: "Asperos golpes", "Habitantes de la ciudad y de la noche", "Geografía de la alucinación" y "Selva que regresa".

Última actualización: 07/07/2021