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Luis La Hoz, Perú

Por: Luis La Hoz

 

1

 

 

Tengo quince años y explosiona en mis venas

un torbellino de luces, bocas, peces ondulantes.

Es caliente mi cuerpo.

Lanza mariposas que vuelan con colores fosforescentes

a través del día y de la noche.

El día y la noche tienen poco tiempo para mí.

Nada es suficiente. Estoy enardecido aun en sueños.

Odio los sueños. Prefiero las calles,

las bocinas de los autos, los hoteles frente al mar,

el olor de las madreselvas reflejándose en un espejo.

 

Tenía quince años. Siempre tendré quince años.

Soy el que he sido desde un día, algo recuerdo,

fue a las tres de la tarde

y cruzaba el sol por una ventana.

 

 

2

 

 

Una noche mis sueños fueron

lo que nunca habían sido.

Desperté mojado, perdido en la oscuridad,

a punto de morir.

 

Por la ventana pasaban lentos haces de luz,

orquídeas, voces llamando a la provocación.

 

Qué fue aquello. Aun recuerdo los espasmos

y el agua saliendo como un géiser

y la sed y el orgullo en llamas.

 

Pero también recuerdo una especie de soledad,

ahora la entiendo, recién puedo nombrarla.

Soledad de taxi perdiéndose en una esquina,

madrugada en silencio

y sobre la pista mi nombre

transformándose en otro nombre.

 

Un día los sueños cambian, mudan de ropaje,

muestran escenas tan hermosas

como un trozo de vidrio destellando

bajo la luz de la luna,

tus músculos tensos como alambres electrificados

y el estallido y el ardor

y los gruesos perfumes de un nuevo jardín.

 

 

3

 

 

Nada es mejor que tú mismo

caminando por una amplia calle iluminada

y la gente y el bullicio

y los falsos y los verdaderos diamantes

y los tacones de tus botas resonando

y tú abierto, ávido, impertinente,

como un águila cruzando la inmensidad

llevada por el viento y por el deseo de ser libre,

elemental y triste deseo que ha guiado nuestras vidas

y nos ha dado la soberbia, la historia humana,

lo que un día contaremos y tal vez quede escrito

o sólo sean trazos de tinta con el valor de una hoja

a punto de caer,

otoño,

árbol puesto a vivir y después a fallecer

con el ritmo de las continuas estaciones.

 

Yo no voy a morir. Tengo la edad de la maldad,

tengo la furia de un leopardo,

quiero mi propia madriguera.

 

 

4

 

 

Ningún día es bueno.

Todos son agujas y tú eres un escuálido muchacho

que sólo tiene derecho a mirar lo que no le pertenece.

Nada sabes. El saco que te abriga es de tu viejo

y lo llevas encima con los ajustes que el destino ha ordenado.

Tu madre es el destino

y bailan en el cielo tres o cuatro aves que miras alejarse

y con ellas quisieras irte y no puedes

y caminas

y tu nombre lo escribes una y otra vez

en una hoja en blanco

y lo estudias y observas su composición

deseando que tu rostro por fin se haga realidad

en ese maldito garabato.

Tener un garabato es más importante que cualquier cosa.

Tu nombre pertenece al exclusivo ornamento de tu mano.

Nadie firmará igual.

Podrás escribirlo en una pared

y quedar eternizado para siempre.

 

Ningún día es bueno.

Todos son agujas que vienen implacablemente

y tú no tienes nada que hacer.

 

 

5

 

 

Dos cosas y después la calle.

Deseo el cielo y esto que me ofrecen

no me sirve para nada.

Y una tercera y otra vez la calle. Prefiero la noche.

Un tipo canta una canción y toca el piano

y en el bar tardará el fuego en extinguirse.

 

Genios de la noche, brujas de labios hambrientos

y piernas largas

para el largo amor que los hombres buscan

como flor perdida.

Esto es el amor y éstos los que acuden a su reino

con ropas de pordiosero.

 

A pesar de su miseria, para mí las calles son doradas

y resplandecen con durísima belleza.

Y la noche también es dorada y todo lo malo

es tan bueno que dan ganas de llorar.

Maravillosos peces agitando sus colas de tul,

medias de seda, cortas palabras sin aliento

y el piano acariciando los pálidos rostros,

la luz de neón, el plástico,

los vasos escanciados.

 

 

6

 

 

Nadie es serio cuando tiene diecisiete años,

dijo el loco de Rimbaud.

Un día se puso a beber, solo,

y frente a la espuma brillante de su cerveza

decidió largarse.

Nada serio. Escogió Abisinia, el Mar Rojo,

los esclavos, las armas, y una negra fue su amante

cuando el sol caía.

 

Libre, ardiendo, tú también sueñas

con lo que nunca habrás de tener, mala suerte.

 

Nada es serio a los diecisiete años, todo es posible,

un millón de aves resplandecientes, archipiélagos,

cielos que deliran frente a tus ojos,

medusas de maravillosos colores

y todos los pecados por fin al alcance de tu mano,

nada serio,

pecar es mejor que parecerse a una rata

escondida en los desagües.

 

Amo el pecado, las flores carnívoras,

las madrugadas que llegan

y son pálidas como tu rostro

y una cierta angustia camina por la calle

con pasos de bailarina.

 

 

Tu caminas mirando el suelo, preguntándote
si debajo de él está la felicidad
Nadie te acompaña, quién podría.
Todos te son casi insoportables,
como los ojos sin párpados de dios,
como los estragos de una sorda borrachera.

Tu pusiste en vitrina todos tus deseos,
los mostraste igual que a oro puro.
Luego, como quien incendia un bar a medianoche,
los incendiaste, rompiste botella tras botella,
aquí están mis alhajas,
llévense todo.

Hoy una sensación de trance te acompaña.
Tal si llegara no la muerte
sino una parte de la muerte, justo a tiempo.
Y tú te detienes, levantas la mirada, un par de nubes,
arriba el cielo, nada más.


Luis La Hoz nació en Perú en 1949. Es poeta, editor, tallerista de poesía y promotor cultural.  Fundador del diario limeño La República y codirector de la revista literaria AUKI. Ha publicado los libros de poesía: Ángel de hierro, 1984; Los Setenta, 1985, Los adolescentes, 1987; El antiguo ardor, 1993; Oscuro y diamante, 1998; Los poemas de Federico, 2003; Una flor amarilla, 2004; Geografía inútil, 2006; Cosa de nadie -100 poemas-, 2010; El sol entre las islas, 2017 y Poesía (im)pura –antología poética-, 2018. Editó las antologías Vendrá la muerte y tendrá tus ojos33 poetas suicidas, 1989; y 10 aves raras de la Poesía Peruana, 2007. Su poesía ha sido traducida a varias lenguas. Fue Director de Cultura en la ciudad de Lima, Director de Cultura de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima y Director de Cultura del Ministerio de Educación del Perú. Ha representado a su país en diversos encuentros internacionales de poesía.

Publicado el 25.07.2020

Última actualización: 25/07/2020