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Mery Yolanda Sánchez (Colombia)

Por: Mery Yolanda Sánchez

                  (De Un día maíz. Colección Un libro por centavos U. Externado de Colombia. 2010)

 

Segundo tiempo

Un día dejarás a un lado tu sur del castigo por el recuerdo de tus hijos en las calles hambrientas. Te prepararás para escapar antes de contar veintiún pasos al patíbulo. Volverás al norte donde agonizaron tus madres. No recordarás el arma que le mandó nueve silencios a tu cuerpo ni el monstruo que oprimió el gatillo. Tampoco recordarás las manos que te obligaron a dejar tu niñez en el frío de tu abuela muerta. Volverás a las apuestas por tus otras vidas y levantarás con más fuerza la botella que te hace olvidar la oscuridad. Tirarás en el centro de la gallera tu última gratitud, la que no estaba escrita, pero que ahora reconoce en la mano que estira para dar de beber a tu victimario. Olvidarás un día, Carlos, que pronto aprendiste a encontrar perdices para la cena de tu amo y a gritar la noticia de puerta en puerta, donde tú eras el próximo de la lista.

 

 

Acordes

Carlos tiene garzas, ellas levantan una pata y duermen. No se sabe si es la izquierda o la derecha pero una pata levantan las garzas de Carlos. Carlos aprende a mentir, señala caminos y asegura que van las hormigas. Hace mucho que el resplandor del día le limitó todo pequeñito. Se le volvió mínimo el rostro del río, de los árboles, de su propia voz. Carlos sabe moverse en los tres pasos de ida y tres de vuelta para encontrar las almas dormidas. En su pequeña tierra, tres pasos son suficientes para encontrar el bastón y volver al pozo donde rodó su ojo izquierdo, el que le quitó la misericordia de Dios.

 

 

Primera piel

Has vuelto a la individualidad de las cosas. Miras tu taza de café y ya no está el camino por donde pensabas correr. Sabes que no es necesario cambiar las manecillas del reloj, los ruidos tendrán el mismo sentido en cualquier lugar de hora exacta. Recordarás que no podrás dejar hilos sueltos ni calcetines por remendar, allá no encontrarás otras madres. No volverás a las teorías del duelo. Tratarás de recuperar la historia de tu primera piel, pero tu calendario tendrá errores antiguos, donde los pies escriben el miedo en la brújula de las multitudes. Reconocerás que son muchos los que andan sin sombra y al son de una larga duda porque no hay quién repita sus pasos ni devuelva las caricias. 

 

En qué pensaste

Qué pensaste cuando al cerrar los ojos dejaste la carga de tu silencio en mil cuerpos. Cuando descargaste tus vísceras en el baño y te sentiste liviano y liberado de las quejas que eructa la tierra. En tu rostro quedaron señales, miradas pasadas y ajenas. Habrá crecido en ti la cicatriz que resalta la arruga pedazos del juego en la mitad del poniente. Ya ni siquiera eres un hombre común, ni sabrás nunca de los que se han ido después de ti. No imaginarás las cartas que mordemos detrás del muro, ni como aprendemos a separar consonantes y evitar adjetivos, porque en los labios de los muertos, la verdad es un error más.

 

 

De perfil

Te acercas al espejo y ves la cicatriz abierta como un ojo de perro sobre tu mejilla derecha, por ahí respiran los que te acompañaron, los que salieron en desbandada y te dejaron con la mitad de un adiós en la boca que ya no se quiso abrir. Te dejaron pedazos del vestido que llevaba una niña cuando la violaron tres hombres en la esquina de la alegría, allí donde alguien te dio tu primer beso. Das la vuelta y el espejo te enseña el lapo que quedó en la espalda cuando te colgaron de los pies para que vomitaras tu nacimiento. En adelante, tendrás que usar media máscara para salir a la calle. Tendrás que caminar despacio porque tu pierna derecha cojea y la respiración atropellada en tu cuello será una preocupación más. Ya no te volverán a hablar de la muerte, sabrás  de ella por la luz en los ojos quietos de tus amigos. No volverás a contar los silencios porque el dolor te partirá una vez más. Se reirán de ti los que ven medio cuerpo en tu puerta y la justicia te volverá a expulsar porque tu bandera es la camisa manchada que cuelgas en tu ventana. No regresarás al espejo, porque te indica la ruina de tus dieciséis años con el mal y en tu frente las predicciones del hombre que cruza firme en un caballo.

 

Periódico viejo

Cuando ya no importa
que los muertos se mojen
es fácil cubrimos de la lluvia
con un periódico viejo
las manchas de las noticias
se deslizan por el cuello
dejando nombres propios en la piel.

Recorremos el invierno
atragantados con los mismos titulares
de ayer, de mañana y cien años más
con un hombre inmóvil en cada semáforo
como última señal
de que estamos cambiando de piel.

 

A tiempo

La niña me miró,
apretó su muñeco
y se desplomó conmigo.

 

Triángulo

Alguien soñó al muerto
que bajaba por mi tiempo
y descorrió la túnica verde
que se movía en mis rodillas,
mientras yo recuperaba al niño
que orinaba entre mis piernas.


Mery Yolanda Sánchez nació en el Guamo Tolima el 30 de junio de 1956. Ha publicado los libros de poesía La ciudad que me habita (1989), Ritual para las noches (1997), Dios Sobra, estorba (2006), la antología Un día maíz (2010), Gradaciones (2011), la selección de poemas Rostro de tierra y en la Antología Doble fondo El hombre que escupe mariposas. En 2012 su novela El Atajo recibió mención de Honor en el II concurso de Novela Breve de la Universidad Javeriana y fue publicada en 2014; y se reimprimió en 2019 por Himpar Editores.

Ha trabajado en libros de memoria de la Organización Femenina Popular, Vidas de historia, una memoria literaria y Escritura del desarraigo, historias de Floridablanca. Fue beneficiada con la Beca Nacional 1998 del Ministerio de Cultura por su proyecto Poesía en Escena (propuesta escénica para la presentación de lecturas de poesía que se realiza en Bogotá desde 1993). Cuenta con  reflexiones  sobre lectura y procesos creativos en literatura y la conferencia Lecturas del Asombro –poéticas de la memoria-. Ha orientado talleres de poesía para niños, jóvenes, población de internos en centros carcelarios y Habitantes de la calle. Dictó cursos de apreciación y creación literaria en la Universidad Nacional. Diseñó y ejecutó para el Comité de Derechos Humanos de la Personería de Bogotá el proyecto Puente Experimento Piloto (el teatro, la danza y la literatura como liberadores de la violencia intrafamiliar).

Publicada el 12.02.2021

Última actualización: 16/03/2021