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JOSÉ LUIS RIVAS México, 1951

JOSÉ LUIS RIVAS México, 1951

EL NORTE

Yo soy el viento que escarda las espumas del rompiente,
el que riza al galope la blanca crin de las aguas,
el que atruena a rachas y golpes de mar esa concha marina
   en forma de anconada.

Soy el rebaño de focas en la banquisa, mugiendo con el claro
   de la luna,
la sombría silueta de la escarpa barbada de mergos y piqueros,
   serrada a contraluz del crepúsculo, como celeste llave.

El breve arcoíris que nimba las olas arboladas que baten
   en los riscos,

el lirio de las aguas sobre la cubierta de la barcaza náufraga
   a medias en la gola.

Yo soy el bagre encovado en una hendija de escollera,
   asomando a la bajamar su lacio bigote,
soy el curvo trazo de la tonina a ras de las aguas del estuario...

 

Por mor del mar

            I

Con su oleaje el mundo
rompe contra mi rostro.

¿Por qué elevarlo
hasta mi corazón?

¿Por qué se alza
ahora contra mi garganta?

Señor nuestro, Nostramo,

¿cómo podría
decirte una palabra

cuando en lo alto
de mi cabeza rompe la marea?

Seños nuestro, Nostramo.
Señor de las corrientes,
al maelstrom que concentra
tu espiral, ah, condúceme;
concédeme tu oído
en medio del estruendo.

Con su oleaje el mundo
rompe contra mi rostro...

¿por qué elevarlo pues
hasta mi corazón?

            II

     El que acecha los vientos, el cazador de huracanes, el terco
avistador de auroras polares y el fuego de San Telmo; el que observa las
corrientes costeras y de marea, los grandes hielos flotantes, las
migraciones de manchas de animales terrestres o marinos; el que rastrea
la luz zodiacal y la estela de los bólidos...

            III

   Y esas elevaciones de las aguas de ciertos ríos,
casi instantáneas y en concierto con grandes pleamares,
   provocadas por el agua dulce al encimarse en la salada sin
mezclarse con ella,
   que descienden en rauda oleada gigantesca en su marcha
rumbo a la mar,
   desparramando estragos por las costas al anegar las
embarcaciones,
   que, aun viéndola venir, no echan al medio del río y filan la
amarra hasta el chicote.

    “Guarden, oh Dioses, la furia del Bore hasta el final de todo lo
que nos es dado conocer.”

            IV

   Capitán, maestre o patrón de navío, que por no ser propietario
del buque, fuiste por otros elegido para que en su nombre dirijas y
mandes la embarcación, con facultad de disponer de ella y sus aparejos,
tal cual si fueses realmente el dueño de la misma con toda propiedad.

  Ah, hombre conocido, prudente y práctico en la navegación,
leal a toda prueba, de claros procedimientos, hombre de letras y
números, apto para dar cuenta puntual y razón cimentada del barco y sus
aparejos, de los cuerpos y los bienes, de las mercancías que en él se
arrumasen, y que sabrás gobernarte siempre con sapiencia en las cosas y
casos que en tus viajes pudiesen ofrecérsete, así en la paz como en la
guerra.

   Ah Capitán, como tal nombrado, luego de haber bogado durante
los seis años de rigor, cuatro de marinero y dos de piloto, y que antes de
mandar, supervisado fuiste con comisión de prior y cónsules, hallándote
hábil y capaz, y recibiendo por dichas autoridades el título con que hoy
acudes...

            V
     ¡Salud, altas goletas ondeantes y esbeltos veleros, blancas
lanchas fuera de borda espumando a la carrera!

     ¡Salud, barcas de Glénans, viejas conocidas de los fondeaderos
en las costas de Cornualles y de los pubs en los pequeños puertos de las
islas Aram y en las marinas captadas al sur de Bretaña!

                        Yo soy de Irlanda,
                        de la tierra sagrada
                        de Irlanda.
                        Oh, señor nuestro,
                        Nostramo,
                        te ruego, por mor del mar...

             ¡Y aquel diario de a bordo, conservado en los fondos de la
ruinosa biblioteca de Dieppe, luego de cruzar océanos y más de cuatro
siglos, hacía temblar con su frescura inadmisible, tus manos aquejadas
de gota, esa enfermedad de tus selectos hermanos, ¡oh príncipe!
             ¡Cuaderno de bitácora de una navegación atrevida en 1529, seis
lustros después de la del gran Almirante!
             ¡Pardas naos que zarparon de Dieppe con rumbo a la mar de la
China! ¡Aventura de mar de otro tiempo, capitaneada por hombres como
tú: Jean-marino, poeta y letrado- y Raoul, su hermano, al lado de sus
probados compañeros de a bordo!

             ¡Salud, patrón, la tripulación se reduce muchas veces a ti solamente!

             Como el tuyo, barcos a vela han bogado ciñendo el mundo
entero guiados por un solo tripulante. ¡La ansiada soledad te ha sido
concedida las veces que la has buscado!
(En invierno te veo visitar el barco en el varadero, junto con
otros patrones de embarcaciones, moviéndote de un lado a otro alrededor
del casco; o perdiendo el tiempo –santa delicia- sin remordimiento
alguno, intimando con otros propietarios de las inmediaciones.)

             ¡Salud, capitán! Luego de algunas horas de navegación de
altura, ¡qué lejos las dolencias de tierra! ¡Qué aguda tu visión de vigía,
diestra en mirar en lontananza, ducha en discernir faros y almenaras y
boyas de campana, y en ahondar hasta el confín de la aventura marina!
             Y tan pronto como ves tu navío en el muelle o en el varadero,
¡qué inmenso regocijo, Nostramo, qué algazara de mar!

            El vuelo de una meauca solitaria, la suave hinchazón del
velamen al impulso de un viento distante, el salto fuera del agua de un
pez acosado, todo se da en movimiento, como la mar en sí!
            ¡Qué despejo en tu frente que sólo tiene en cuenta la ruta a
seguir, las corrientes y mareas y la bondad del barco y su dotación de
cuerpos y bienes! ¡A tal son!

            ¡Salud a las inmensas extensiones de agua, coronadas de
espuma así que sopla fresco al viento! ¡Salud a la mar siempre sosegada
de los Sargazos! ¡Salud al viento, cuna de las olas!
¡Salud a los enormes horizontes y a los cielos sin límite!

            Limitado es el espacio que al hombre es concedido, el mismo
que es otorgado ¡sin límite! a los pájaros.

 

José Luis Rivas nació en Tuxpan, Veracruz, México, en 1950. Estudió Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México. Participó en la fundación de la revista literaria Caos. Entre su obra poética se encuentran los libros: Luz de mar abierto (Editorial vuelta); Raz de marea (Fondo de Cultura Económica); y Estuario (Editorial Norma). Ha recibido los siguientes Premios Literarios: Xavier Villaurrutia (1990), Carlos Pellicer (1982), Nacional de Poesía de Aguascalientes (1986), Ramón Pérez Laverde (1995). Actualmente es director de la Editorial de la Universidad Veracruzana. Traductor de Hölderlin, Pound, Dylan Thomas, Reverdy, entre otros.
Última actualización: 28/06/2018