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Rodolfo Alonso (Argentina)

Rodolfo Alonso en el 14° Festival Internacional de Poesía de Medellín
Memoria Fotográfica del Festival Internacional de Poesía de Medellín

Por: Rodolfo Alonso

 

El desierto nos conquista

Al comienzo fue una leve brisa cálida, casi una caricia cada vez más sutilmente desmedida de los elementos. Luego nos descubrimos sintiendo en plena cara los primeros granos de arena dura y fría, ríspida, arisca, rígida, mientras los cielos se hacían de un azul pálido como acero templado, destemplado, gris. Poco a poco las dunas se fueron instalando, a la vez graves y gráciles, profundamente grávidas, de una oscura belleza amenazante, con el peso concreto de la vida más la forma del aire y, en las esquinas todavía alumbradas o en los barrios ya devorados por la sombra, el adoquín y el asfalto resultaron cubiertos, breve y precisamente. No menos malo era sentir crecer a eso dentro de uno, insaciable, roedor, combativo, total. El desierto al ataque no era invasor apenas, no sólo nos cubría y nos apabullaba, tan falsamente manso. También nos convertía en su dominio, al imponernos sus dominios, secando nuestras mentes junto con nuestros labios, agrietando a la vez párpados y canales de acceso, corazones y vías de comunicación. Bajo el cielo metálico, crudamente opaco, a una breve esperanza muy pronto desmentida la trajeron unas púdicas matas, un momentáneo resplandor de verde coronando siquiera fugazmente las moles movedizas y cambiantes de los crecientes médanos, mínimo atisbo de reflejos vitales rápidamente desvaído y tornado recuerdo. Pero lo peor fue quedarse viéndolos llegar, silenciosos, hoscos, lentamente, casi como forzados pero en realidad indomables, hirsutos, sólidamente bárbaros, más que ajenos, otros, y sorpresivamente o poco a poco descubrir, darnos cuenta que ya éramos, finalmente, del todo, también, definitivamente quizá, como ellos.

 

MÁRMOL GRIEGO

 

Tan fugaz como fuiste,
y fecunda, instantánea
evidencia vehemente,
cruda luz, cosa en claro,
cuando hablaban los mundos
y en el mundo se hablaba.

Te avecinas, aún,
todavía te abalanzas,
serena oscilación
hecha de graves hechos,
tragos de la tragedia
humana y sobrehumana.

Suspendida en el sino
de tu seno asediado,
ni pasado te vuelves
ni presente perpetuo:
royendo horas sonríes
y las olas te labran.

Con mirarte no fuimos
y somos si te vemos.
¿Nuestros ojos te asumen
o tú alumbras los ojos?
Nos asombra tu sol,
y tu sombra nos nombra.

Sin saberlo, de lejos
(Londres se lo guardaba),
desde el British Museum
bendecías a Benin.
Y Venus asentía:
silenciosas victorias.

Desnudo resplandor,
tú, tembloroso abismo,
apruebas y nos pruebas,
tronco, raíz, racimo,
red del vuelo invisible
y del visible cielo.

GAUGUIN RECUERDA A FRANCIA EN MURUROA

¿Te dejé por Tahití, triste madrastra,
para morir soñándote, pintando
tu nevada Bretaña? Al color libre
y salvaje huí, a adormecerme
en los senos cobrizos de Tehura,
al resplandor del tamarindo, lejos
de tus gendarmes. Pero estabas allí:
jueces, archivos, sables, mercaderes.
¿Morí una vez, bien lejos tuyo, ajeno,
y he de verme morir en Mururoa?
¿Volveré a ver morir lo que admiraba
por obra tuya nuevamente, madre
mortal? ¿Qué puede un maorí, qué pueden
brujos sabios contra el hechizo blanco,
seco, ácido, letal, inexorable?
La dulce vida no será la misma.
¿Libertad, igualdad, fraternidad?
La gracia huye espantada, suicidándose,
a arrojarse en el mar. En sus abismos
que alguna vez creímos insondables.
Bajo el altar del atolón, el cáncer
de coral su misa negra extiende.
Francia, nodriza cruel, si quieres luz
cría vida. Si sueñas con abismos
que sean tus abismos, no los de otros,
sino en tu propio suelo. ¿Te arrastrarás,
así, tú misma al muro? ¿Ya ni en la paz
de los abismos crees, reina árida?


Rodolfo Alonso fue el miembro más joven del grupo "Poesía Buenos Aires" (1950-1960). Publicó, entre otros, los libros de poemas: Salud o nada (1954); El músico en la máquina (1958); Gran bebé (1960); Entre dientes (1963); Hablar claro (1964); Hago el amor (1969); Señora vida (1979); Sol o sombra (1981); Alrededores (1983); Jazmín del país (1985); Música concreta; Antología poética (1996). Publicó también varios libros de ensayo y reflexión: Relaciones (1968); Poesía: Lengua viva (1982); No hay escritor inocente (1985); Liturgias de una lengua (1989); La palabra insaciable (1992), así como dos de narrativa: El fondo del asunto (1989); Tango del gallego hijo (1995). Tradujo a muchos poetas y escritores extranjeros de diversos idiomas, entre ellos Pessoa, Ungaretti, Pavese, Marguerite Duras, Guillo Dorfles, Eluard, Montale, Dino Campana, Prévert, Sade, Elio Vittorini, Drummond de Andrade, Valéry, Murilo Mendes, Baudelaire, Apollinaire, Pasolini, Manuel Bandeira y muchos otros.

 

 

Última actualización: 27/03/2021