Festival Internacional de Poesía de Medellín

MARCOS RODRÍGUEZ FRESE (Puerto Rico, 1941)

MITO

El mar, viejo enemigo lujurioso,
acostumbrado a amar revolcado en su lecho,
encrespado en el día y, a la tarde,
cansado ya, extenuado de orgasmos ilusorios,
te vio conmigo, cofre de lengua esclava,
carne de llamas húmedas, prodigiosa
criatura sobrevenida al mundo para el júbilo.

Te vio conmigo, mano que toca y ciega, 
piel en que se sonrojan claveles y esperanzas, 
chorro violento de soles quejumbrosos, 
y ya no pudo más acomodar sus líquidos,
encharcarse en el sedante del crepúsculo.

Sé que levantó sus ojos hasta donde las nubes  
se lavaban, se adelgazaban de espumante celo  
y salían a repoblar un cielo sin destino.

Te vio conmigo, miró tus pies descalzos, 
tus muslos de caer rendido como el viento,
adivinó tu vientre de caminos borrados 
y se quedó en sigilo 
esperando tu entrega rumorosa.

Después irguió sus manos efervescentes, agrias,
se arrastró muchas veces por la playa, y lamía  
por querer alcanzar, violar tu ensimismado
corazón anheloso, sólo por golpearme.

Pero no dejó más que un sabor a marina,
a sal cernida en el lienzo del aire,
impreso con las lenguas ancianas de su aliento.

Te vio conmigo.

Se quedó envidiando.

De usted nadie se acuerda, señor.
Se queda solo, como está, a pesar de los ojos
de la visita de la tarde, viajero, qué sé yo,
rastreando por el viento la huella de la luz,
y no aparece. Sólo queda el recuerdo.
Usted personifica la paciencia, eso
que Job manejó casi hasta llegar a la ceniza.
La alondra no lo toca, sólo al suelo.
El pez hasta ignora que existe.
Pero usted se adelgaza hasta cansarse
trepándose en el aire igual que un alarido.
No me importa si no lo logra, a veces.
¡Cuánto cuesta! Es un poco
como buscar aliento en la ciudad de humo.

Alguno, algún caballero andante del espectro,
a contra 1uz, alza un pincel en ristre
y, si lo apresa a usted, vuelve a su brillo,
como si lo hubiera resucitado al fin,
¡A quien importa! A mí,
porque lo amo a pesar del olvido y el silencio
de sus indispensados patetismos.

Queda en usted como en una savia oculta
por ese tórax, espiga de su impulso,
tronco vuelto a vivir a golpes de pasión y de ternura,
porque ama al día, al corazón del día sobrehumano.
Yo aquí lo miro, lo admiro, sin nostalgia.
No se ilusione usted con mis alardes.
Después de todo, usted y yo vivimos
porque ya no nos queda más remedio.

Marcos Rodríguez Frese nació en Puerto Rico en 1941. Ha publicado en la revista Guajana, de la que es miembro fundador; en la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña; en Revista de Estudios Generales, de la Universidad de Puerto Rico; en Mundo Estudiantil, de La Habana; en la Revista del Ateneo Puertorriqueño; en Verde Olivo, de La Habana; en Revista Nacional de Cultura, de Caracas y en la revista de poesía Mairena.  Sus dos libros publicados hasta ahora son Árbol prohibido (1971), primer premio de poesía del Ateneo Puertorriqueño, y Todo el hombre (1971), también, primer premio de la misma institución.  Ha cultivado la narrativa en el género del cuento, por la cual ha sido premiado en el certamen de la Sociedad de Hijos del Antiguo San Juan y, también, en el Festival de Navidad de Ateneo Puertorriqueño.  Figura en la antología editada por Marcos Reyes Dávila, Hasta el final del fuego.Guajana. 30 años de poesía
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