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ENRIQUE SALDIVIA, Chile.

ENRIQUE SALDIVIA, Chile.

ME DESPIDO

De lo que vi en los ojos de Catylomba, de las gaviotas en primer lugar y ellas lo saben de las piedras, que también lo saben, de las flores que sostienen el cerro, del maestro Vilo que sostiene las flores, 
de los pescadores, de Ondina y sus parientes 
que me enseñaron a remo duro 
la piedra del caballo alado 
donde se peina la sirena. 
  
De los que no han cruzado esta puerta 
y sé que vendrán, los he visto en el espejo, 
de la que me está vedado nombrar, 
de la que me fui y tampoco nombro, 
de mis cenizas, y que el mar las reciba. 
 
De mis libros, el que venga que los cuide, 
de las palabras que no aprendí 
nunca supe de etimologías, 
de los poemas que no pudieron ser 
y aun viven en mi cabeza, 
de lo que falta para que esto sea un poema, 
de mis herramientas: el clavo, la bigornia, el martillo 
de la goma y el lápiz con que escribo. 
  
Del mar, no me despido, me quedaré en él 
hasta que este sol se apague. 
Para Juan Carlos Mestre

 

CAMPANILLERO   
  
En esta vida puta 
no quiero ser matón 
ni pistolero 
quiero ser 
campanillero. 
  
Y cuando la garúa 
o el tiempo me doblen 
si pueden, déjenme 
de cantinero. 
  
 
  
* Campanillero: En los viejos prostíbulos era el que campaneaba (miraba) avisaba, si venía algún 
cliente o la autoridad.
 

 

PALABRAS 
  
Apenas tocan la orilla 
se las traga la arena. 

 

ENRIQUE SALDIVIA A propósito del libro “Papeles”, poemario de Enrique Saldivia, afirma Jorge Ariel Madrazo: “Si el hecho poético implica, según el cubano Eliseo Diego, "el acto de atender en toda su pureza", no es menos cierto que debe poseer la gracia de la necesidad y ser testimonio de una verdad íntima, intransferible. Así, en tanto vehículo de un misterio que no es posible expresar -y que, sin embargo, se hace carne en gesto y voz- la palabra de todo poeta enfrenta un desafío gigantesco: el de ofrecerse como la mejor prueba de la facultad de percibir. ¿Percibir qué? Pues, nada menos que el dorso de los seres y cosas; el revés de esa trama que, erróneamente, denominamos "realidad"… Tal, la experiencia que propone este poemario de Enrique Saldivia, valioso fruto de una visión que busca escrutar el sí mismo por la vía, en apariencia paradójica, de abrir alma y corazón a lo-otro. Vale decir: de fusionarse con los múltiples y sugerentes fragmentos del mundo que late más allá de los ojos (mundo que, a su vez, será recreado y traducido, en inefable alquimia, por la mirada interior del poeta y la de cada uno de sus lectores). "Náufrago/ en esta silla...
Última actualización: 28/06/2018