Festival Internacional de Poesía de Medellín

El festival que hizo el milagro



Por ANDRÉS FELIPE OSORIO

"Medellín es el único lugar del mundo donde los poetas son tratados como estrellas de rock". La afirmación es del poeta colombiano Ramón Cote, que no vacila en describir así el Festival Internacional de Poesía de Medellín, el más importante del mundo y que este año estará con todo su aliento en Bogotá.

El asunto es de proporciones gigantescas y quienes no han estado para verlo no lo creen de buenas a primeras. ¿Cómo es posible que en un país donde, según las encuestas, sus habitantes sólo leen un libro al año exista un festival de poesía que haya logrado en sus 13 versiones convocar a más de un millón de personas?

¿Cómo es posible que una multitud suba hasta el cerro Nutibara de Medellín para escuchar a poetas que leen en chino, italiano, portugués e incluso tibetano? ¿Y que después del recital la muchedumbre se acerque a los buses de los escritores y en un ensordecedor bullicio los despida con palmadas en el vehículo gritando "¡poetas! ¡poetas! ¡poetas!"?

¿Cómo es posible que alguien haya convertido la poesía en un espectáculo de masas?

Los responsables del milagro son los miembros de la Corporación de Arte y Poesía Prometeo, que para este año han invitado a 27 poetas de 24 países y que por primera vez se lanzan a hacer en Bogotá cuatro recitales con los escritores más importantes del certamen (ver programación).

La historia


El primer festival se realizó en 1991, cuando el horror del narcoterrorismo azotaba las calles de Medellín. El poeta Fernando Rendón, director del festival, cuenta que "la masiva respuesta del público mostró que existían necesidades de carácter cultural y espiritual no satisfechas, que una sed de cosas nuevas se manifestaba de manera clara y que la poesía parecía poder satisfacer parte de esa necesidad. 

"Desde entonces se han celebrado 13 ediciones del Festival Internacional de Poesía de Medellín, con un claro desarrollo ascendente cuantitativo y cualitativo respecto al público y a los poetas invitados, con la participación hasta la fecha de cerca de 600 poetas de 105 naciones, a través de 700 lecturas de poemas en casi todas las principales ciudades colombianas".


El secreto del milagro


Se sabe que el nivel de lectura de los colombianos es bastante bajo, y por consiguiente resulta paradójico escuchar que en Medellín asistieron a este festival 50.000 espectadores en su cuarta versión, 60.000 en la quinta y 120.000 cuando se celebró en 1998.

El jefe de prensa de Fundalectura, Juan David Correa, explica que la palabra escuchada tiene un poder de convocatoria mayor y mucho más fuerte que el hábito de la lectura a través de medios impresos por su innegable capacidad de emocionar al escucha.

De ahí que antes de la invención de la imprenta, los seres humanos se aglutinaran en torno a los poetas que cantaron La Ilíada o de los juglares medievales. Es una de esas tradiciones enraizadas en los seres humanos, tan entrañables como la vieja costumbre de escuchar los cuentos de la abuela antes de irse a dormir. 


En Bogotá


El festival ha estado en otras ciudades del país como Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Tunja, Ibagué, Pereira, Armenia, Bucaramanga, Quibdó, Barrancabermeja, Villavicencio y Leticia. En 2000 tuvo una pequeña muestra en Bogotá, pero los organizadores decidieron que este año, la capital tendría una participación más amplia en el certamen.

Junto con el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Idct, organizaron cuatro recitales en igual número de escenarios: la Universidad Nacional, la biblioteca El Tunal, el Planetario y la Casa de Poesía Silva. 

El propósito de traer el evento a Bogotá, es explicado así por Fernando Rendón: "Insuflar a la capital del país el espíritu irreductible y revolucionario de la poesía, propiciar una revolución poética en las costumbres del país, proponer a los colombianos una patria para la vida, extender el abrazo fraterno y solidario de la poesía mundial al pueblo colombiano, abrir una tronera en los muros del desencanto y el nihilismo para que Colombia sepa que sin poesía y contra la poesía no habrá un nuevo país". 

Al ser interrogado sobre el porqué había tardado tanto en traer el festival a Bogotá, responde: "Sólo un alcalde con una mente abierta y pluralista como Luis Eduardo Garzón podía comprender la dimensión e importancia para Colombia, en el mundo, de tener poetas de todos los continentes en la capital del país, para propiciar el enriquecimiento espiritual y sensible de sus habitantes. Los anteriores alcaldes se habían negado a ello. El propio Banco de la República, que escasamente pagaba cada año los tiquetes aéreos y el alojamiento de poetas invitados por el festival para llevarlos a otras ciudades colombianas, este año, contrario a los intereses y aspiraciones del público de otras ciudades colombianas, eliminó de tajo su aporte".

Para el poeta Nicolás Suescún, la importancia de que el festival llegué a Bogotá, con las proporciones propuestas para este año, radica en que se le daría una expansión nacional al evento, algo que sin duda alimenta la literatura del país.


Resultados


Al llegar a su 14 entrega, el Festival Internacional de Medellín puede mostrar los resultados de su gestión. 

En el campo social, su mayor logro ha sido el de motivar a toda una ciudad en torno a la palabra. Basta preguntar a cualquier poeta que haya participado en él cuál es su recuerdo más entrañable del certamen, y sin dudarlo responde: la gente, su calor humano, su apoyo. De hecho, Nicolás Suescún dice que ni en Europa el público es tan emotivo en el desarrollo de actividades similares.

En palabras de Fernando Rendón, el impacto social del evento se mide en que "el festival ha realizado lecturas de poemas en auditorios cerrados y al aire libre, calles, parques, puentes, barrios populares y asentamientos de desplazados, universidades, bibliotecas, planetario, teatros, sedes sindicales y cooperativas, colegios, casas de la cultura, tabernas, sedes campestres, coliseos deportivos, centros comerciales, estaciones del metro, museos, fábricas, iglesias, cárceles, hospitales, cerros y reservas ecológicas. 

"Contribuye, mediante la presencia de los poetas venidos de diversos países del mundo, a romper el aislamiento cultural en el que paradójicamente nos han sumido la proliferación y la hegemonía de los medios de comunicación. Involucra a los jóvenes en los procesos de amorosa participación comunitaria, ayudando de esta manera a acrecentar o construir un sano sentido de pertenencia tanto a un entorno inmediato como al de participación en las grandes preocupaciones del hombre actual". 

En el campo económico también hay resultados: Rendón dice que "el Festival ha demostrado que los poetas y artistas colombianos pueden organizarse y constituirse en una fuerza política y económica independiente. El festival ha ingresado a nuestro país cerca de 1.500 millones de pesos en aportes de entidades internacionales para su realización en los últimos años. Ha atraído turistas de otras naciones y de otras ciudades colombianas. 

"Para que el festival sea posible trabaja un equipo de Prometeo que en los días de realización del evento asciende a más de 100 personas, de manera directa, pero cabe tener en cuenta que intervienen en todo el mundo a su favor empleados de los ministerios y de las embajadas colombianas, asociaciones de escritores y aerolíneas, y en nuestro país funcionarios del cuerpo diplomático, empleados en los hoteles, las sedes culturales, el cuerpo de bomberos, la defensa civil, la logística, quienes esperan a los poetas en el aeropuerto, los que editan o difunden la información relativa al evento, los que colocan pasacalles y pendones, los que atienden los 'stands' de información y distribución de literatura, los traductores, los intérpretes, los vendedores que se movilizan alrededor del evento en los actos públicos. ¿Cuánto suma todo ello? No lo sabemos".

Y para terminar, el impacto cultural del festival puede resumirse en la opinión de dos escritores. 

El poeta Ramón Cote dice que, primero, el festival nutre a la poesía colombiana con poesía de otras partes del mundo. Segundo, hace que la poesía deje de ser la olvidada de la cultura. Tercero, sirve para que los visitantes se alimenten de la poesía colombiana, esta se dé a conocer, es un vehículo para que los poetas colombianos vayan a otros festivales internacionales y escriban en revistas de otras latitudes. 

Héctor Abad Faciolince, en alguna entrevista, dijo que Medellín necesitaba otro Cartel, no entendido como una organización del terror, sino como una sigla que reuniera las palabras "Ciencia, Arte y Literatura". 

Quizá el Festival Internacional de Medellín es un logro por capturar ese sueño.

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