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Entrevista con el poeta cubano Alex Fleites

Entrevista con el poeta cubano Alex Fleites


Tomado de Jornal de Poesía

Alex Fleites (Caracas, Venezuela, 1954). Periodista, editor y guionista cinematográfico. Obra poética: Primeros argumentos (1974), Dictado por la lluvia (1976), A dos espacios (Premio “Julián del Casal”, 1981), De vital importancia (1984), El arca de la serena alegría (Premio “13 de Marzo”, de 1985), Memorias del sueño (1989), Ómnibus de noche (1995) y Un perro en la casa del amor (2003). Incluido en importantes antologías de poesía cubana. Ha sido traducido al inglés, francés, alemán, italiano, ruso y portugués.

¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?

Creo –con las inseguridades lógicas que da ser juez y parte– que mi trabajo poético tiene puntos de contactos con una zona de la poesía latinoamericana que se consolida alrededor de los años 80 del pasado siglo. Segmento que toma como referencia, en lo inmediato, las obras de Borges, Paz, Lezama, Eliseo Diego, Cardenal, Gelman, Nicanor Parra y, más atrás, las sombras tutelares de Neruda y Vallejo. Este es un tema sobre el que me cuesta trabajo hablar, pues nunca pienso en ello. La poesía se va haciendo con la anarquía que le es característica, luego vendrán los críticos y fijarán –no siempre con razón– puntos de contactos y desencuentros. Lo que sí puedo afirmar categóricamente es que me siento orgulloso de la tradición poética de América Latina; si tan solo pudiera dejar un verso en esa estela de grandes, me consideraría cumplido en lo esencial literario. Bueno, acabo de entrar en el plano de las ensoñaciones...

¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?

La poesía de la Isla tiene una larga tradición de excelencia que está en el centro mismo de la identidad del cubano, desde el romanticismo, que dio nombres en el Siglo XIX como el de José María Heredia, pasando por el monumental José Martí, los poetas del grupo Orígenes en el XX, etc. En su afán de “novedad”, las revistas literarias atienden poco al venero: sólo quieren “lo último” y, cuando se trata de algún nombre fijado en el tiempo, lo inédito, más por su valor noticioso que por su carácter aportador a un discurso ideo-estético.

Creo que la poesía cubana no es todo lo conocida que debiera fuera de los márgenes del país. Pero eso pasa con la poesía en general, que se difunde poco y se lee menos, y va quedando como asunto de “entendidos”, con un desarrollo que no marcha ni siquiera cercano al desarrollo de los lectores.

La contribución esencial de la poesía producida en Cuba en estos últimos años tiene que pasar, inevitablemente, por el hecho de ser, de una u otra forma, testimonio de la singularidad socio-política del país, y cómo ésta se refleja en la sensibilidad del poeta, ya sea para afirmar o para disentir. Pasados los tiempos de la poesía épica, que cantaba a la Revolución con voz inflamada y, en la mayoría de los casos, externa, hemos llegado, quizás por reacción, a un discurso íntimo, de rica subjetividad y amplio repertorio formal que tiene como centro al hombre y no a la masa. Y si bien no se puede hablar de grandes nombres aislados –fenómeno que es común al área–, si exhibimos un corpus poético diverso y de notables valores estéticos. Voy a señalar, a riesgo de ser injusto, sólo dos nombres: los suicidas Ángel Escobar (1957-1997) y Raúl Hernández Novás (1948-1993): poetas que cualquier literatura de la lengua quisiera para sí.

¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?

La estupidez de los gobiernos, en primer lugar; luego, la falta de recursos económicos y de imaginación de los gestores sociales.

El colonialismo, que en la cultura deja un sedimento muy fuerte, hace que con demasiada frecuencia pongamos la mirada en el horizonte y valoremos como bueno todo lo que nos llega de afuera, servido con cuchara sopera por las transnacionales de la información, sin tener en cuenta la inagotable riqueza de nuestros pueblos. La definitiva integración latinoamericana –ya en tránsito– pasa por el reconocimiento de nuestras diferencias y la aceptación de múltiples puntos de vista. Nadie tiene el rayo de Júpiter en la mano, nadie posee el monopolio de la verdad, por eso no puede haber un solo camino hacia la realización de América Latina como entidad cultural e histórica. Creo que vivimos, como nunca, un momento políticamente interesante, ahora falta que los “timoneles de la historia” no se confíen a la brújula del fundamentalismo y la vanidad.

AMABLE LECTOR, NO SE CONFÍE

En la octava línea de este texto
una paloma está agonizando,
pero usted puede no mirarla
Aguarde mejor en la palabra cuarta:
ha llovido, y justo allí, dique inocente,
un niño juega a detener el agua

Ya sé que no vale la pena
un par de alas abatidas
ni el encendido pico
que ahora surbe, ansioso,
la frescura de la tinta;
pero sucede, lector,
que hacia el final del poema
una muchacha se baña
desnuda en la playa

Si viera, hay tanto azul
y oro en el paisaje
Sus senos desafían en la espuma
y todos los aromas del mundo la regalan
Mas qué le digo…
Usted está sentado junto al niño
viéndolo navegar sueños adentro,
mientras piensa con horror
en una paloma que agoniza

Quédese ahí, no sufra en vano,
después de todo, una muchacha
no vale lo que un sueño

Al final, sólo un detalle:
no se confíe,
la belleza más bien es una espada
Lo que corre a sus pies, puede ser sangre,
y si se fija bien
quizás alcance a distinguir
un desvalido barco de papel
de un ave herida que la corriente arrastra

BREVE ENSAYO DE INTERPRETACIÓN DE LA POESÍA INGLESA

Ayer, mientras me echaba a navegar con Auden
–un barco, un niño que se pierde entre las aguas
seguido de cerca por el sol,
como en un escenario gigantesco –
llegaba hasta mi estudio la voz de un locutor
que, como un mago, unía continentes,
ordenaba los temblores del Siglo
sobre su mesa de trabajo,
distribuía vientos, turbonadas
por todos los rincones del planeta

Yo leía el espléndido poema de Auden
cuando
        de
                pronto
comenzó a golpear el teletipo

Las palabras caían como piedras en el agua del pecho:
En África un barco se hundía
sin el suave jadeo de unos versos,
sin la cuidada emoción de un poema

En la Isla, es decir,
en esta nave donde los sueños son posibles,
ayer los alisios sostenían a las gaviotas,
el Caribe se dejaba atrapar entre las redes
y yo leía un poema de Auden con tristeza
mientras el estudio se iba sumergiendo
y la marea, en las costas de Lomé,
borraba de mi cuerpo los restos del amor

ALTERNAS VIBRACIONES, GOTITAS DE MISERIA

Quien mira a lo alto de la ciudad
descubre en el cielo su rostro envejecido
También el entramado
de los cables y las hojas
cediéndose alternas vibraciones

Entre ramas y hollín
aquí pasaba, urgente, el verano
Insectos laboriosos
acarreaban polvo,
gotitas de miseria
que caían como nieve
sobre las cabezas
de los impávidos viandantes

Sobre la ciudad se alzaba la ciudad
Y sobre el magma de los sueños, versos

Pero llegó el día
que Dios se puso malo:
cerró el negocio
y se echó a dormir sobre su sombra

Nosotros, los muchachos de siempre,
los coreutas amargos, con rosas en los labios,
acudimos corriendo a los templos
y rompimos las puertas a patadas
Queríamos que no terminara la función,
un trago más,
visajes obscenos de las últimas danzantes
Que los capellanes
nos devolvieran las palabras
y los olores perdidos,
los años que cantamos
despreocupadamente entre las ruinas,
fingiendo que todo daba igual,
que ya amanecería

Pero adentro sólo había ángeles rendidos,
embrutecidos apóstoles borrachos,
jabalíes hozando entre las piernas
de las vírgenes eternamente mancilladas
Y nada de la felicidad
que prometiera el Padre

Todo en esta ciudad
donde a veces miramos a lo alto,
y los hijos se olvidan de sacarnos al sol
Esta misma ciudad
que nos deja vivir porque nos mata

Última actualización: 06/07/2018