Festival Internacional de Poesía de Medellín

Palabras para una apertura

Natalia Rendón  Natalia Rendón

Por Fernando Rendón

La poesía se opone con energía y lucidez a la voluntad de aplazamiento, de aplastamiento, de ocultamiento y confusión, contradice y cuestiona a-la-verdad-a- medias, que calla y dice lo que conviene a unos. La poesía se opone a la acción que impone el enmudecimiento general, el envejecimiento ilícito del proyecto inmemorial y legendario de la existencia humana, el sueño mítico de una sola fuerza viviente, sin antagonismos ni contradicciones, unidad y poesía, paz y poesía, pan y poesía, verdad y poesía, pan y dignidad de la vida insumisa como la naturaleza.

Frente al mutismo impuesto a la sociedad contemporánea por la dictadura de los medios, desarrollamos una acción masiva del lenguaje poético, para ampliarlo y renovarlo, ampliando y renovando la conciencia y la existencia. Frente al deterioro de la vida del pueblo, del aire, del agua y de los bosques, y la declinación de la esperanza de todos, alentamos una poética de la existencia, el ancho río de una nueva conciencia que deviene en movilización espiritual, la honda resistencia desde el corazón de las palabras, canto inexorable que convoca a un porvenir cierto en este tiempo fuerte y torturante.

Los medios cada día casi nos convencen de que dicen la verdad, pero siempre les queda faltando algo, algo que siempre se cae los desnuda. Y día a día vamos descubriendo el trucaje, el hilo falso y roto del entramado: Los colombianos habitamos el tercer país más feliz del mundo. Colombia es pasión, y “el paraíso” queda en Envigado, un ícono confundido nos persigue, el estado redentor rejura que en Colombia no hay guerra, pero comulga y compra aviones, cañones, radares y misiles, mientras cierra hospitales y colegios. No hay miseria pero se cierran las fábricas. No hay problemas sociales, pero se aplastan las protestas, las voces disímiles. Basta ganar un partido de fútbol, una sola medalla de oro, para olvidar de memoria nuestras raíces poéticas y míticas, nuestro destino entero.

Los periódicos colombianos ignoran esta mañana la apertura del XVIIII Festival Internacional de Poesía de Medellín, el más multitudinario del orbe, que cambió el triste título de la ciudad, de capital mundial del narcotráfico, hasta devenir en una capital para la poesía mundial, ciudad para la resistencia del espíritu humano y la esperanza, por lo cual se le otorgó el Premio Nobel Alternativo en el Parlamento Sueco, hace dos años.

Olvidan a los cuatro millones de desplazados, 26 millones de pobres, once millones de indigentes, la mitad de los niños indígenas desnutridos, millones de niños explotados y sin educación, millones de trabajadores que no ganan el salario mínimo legal, que no tienen prestaciones sociales, que no podrán pensionarse, que no tienen derecho a la salud, cientos de miles de enfermos mentales, de alienados, engañados, hipnotizados, aplastados por la repetición de una mentira, que parece verdad según el método propagandístico de Goebbels.

Pero la poesía será la fuerza del pueblo para resistir, para visualizar el porvenir suyo por entero, la energía para avanzar, su sentido de vivir, la voz para comunicar su sueño inmortal, su irreductible memoria de la unidad originaria, que volverá, cuando las contradicciones sociales antagónicas hayan desaparecido y la lucha de clases haya terminado en una sociedad justa, serena y verdadera, sin víctimas ni verdugos.

En su campaña a la presidencia de la nación Álvaro Uribe prometió que bajo su gobierno no habría poesía. El Congreso de la República aprobó hace menos de un mes un proyecto de ley que declara patrimonio cultural de la Nación al El Festival Internacional de Poesía de Medellín. El presidente Uribe se ha negado a firmar hace unos días esta ley, aduciendo su falta de claridad acerca de la posible fuente de apoyo financiero gubernamental al Festival.

Es decir, el inspirado presidente de la “epopeya épica”, tiene claras las fuentes financieras para la guerra y su vocación de guerra. Y no tiene para nada claras sus cuentas para nutrir las fuentes de la vida y de la poesía. Tiene claro que la muerte, la matanza, el exterminio, el aplastamiento, la delación, la eliminación física de la oposición democrática, deben ser financiados. Y que la vida del pueblo, la cultura democrática, la justicia social, la verdad, la poesía y la belleza, no serán financiadas.

Para intentar humillar vanamente un proyecto como el Festival Internacional de Poesía de Medellín, el Ministerio de Cultura ha aumentado en dos millones de pesos su presupuesto para 2008, en tanto que mantiene reducido su aporte a la mitad de lo que fue hace 10 años. Cinco mil millones de pesos por cada delación, y nada para resolver la indigencia del espíritu que promueve con celo y que es el fundamento de la guerra. Es el gobierno de los políticos que se vuelven matones y de los matones que se vuelven políticos, de la inversión de valores con bendición pulquérrima.

La guerra y la aniquilación de la cultura son y han sido el religioso negocio de todos estos siglos; la empresa rentable, el exterminio. Porque el hombre es enemigo del hombre, por la guerra se nos somete, se nos aprisiona, guerra entre el estado y las FARC, prolongación de la guerra de Bush en Irak ante la indiferencia de la comunidad mundial, la codicia se apropia de los recursos naturales del mundo, guerra para doblegar y adormecer, para separar, para aterrar y dominar, guerra para anular el espíritu humano con la promesa de más guerras, para exterminar, para insensibilizar y hacer retroceder la historia, que emplea los progresos de la ciencia contra la población civil. Gases, balas, radioactividad, minas, metralla, propaganda brutal de la nada, negación de toda vida.

Fotografía: Natalia Rendón Fotografía: Natalia Rendón

Mejor el abrazo que la matanza, mejor el triunfo de la poesía que la guerra, superior la belleza a la monstruosidad de la masacre entre colombianos. Mejor dignificar nuestra existencia que perecer en la resignación, promover el diálogo por encima del mutismo pánico, enfrentar la poesía al odio salvaje, movilizarnos contra la guerra y el terrorismo venga de donde viniere.

Es necesario fundar un movimiento mundial de poetas, artistas e intelectuales, solidario con el pueblo colombiano. El Festival Internacional de Poesía de Medellín propone a esta ciudad valerosa transformarse en epicentro de la lucha poética contra la guerra. Esta generación de jóvenes aquí presente que colmará 123 escenarios esta semana, puede ser el motor de un multitudinario plebiscito nacional por un definitivo acuerdo político que elimine de tajo la guerra, y nos lleve a la reconciliación definitiva, como lo pidió el libertador Simón Bolívar al final de sus días. Para ello necesitamos inscribir y movilizar a miles de voluntarios.

Movilización para presionar a los bandos enemigos a estructurar una tregua para el diálogo, para demandar respeto hacia la sociedad civil, que no se siente representada en este conflicto, que la victimiza.

Los convocamos a una revolución paciente y persistente de la poesía, a expresar libremente, cada día, y sin temor su pensamiento constructor, a alzar su amorosa visión de la nueva vida, a proliferar su sueño de un país hermano en su compartida convicción de paz. Paz con justicia social, paz con verdad, paz con energía desencadenante, paz sin actores armados, paz con pleno acuerdo político, paz sin ambages, sin ambigüedad ninguna.

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