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Francisco Ruiz Udiel y su obra poética

Francisco Ruiz Udiel y su obra poética



Por Norbert-Bertrand Barbe *

De todos los nuevos poetas de Nicaragua, Francisco Ruiz Udiel es sin duda uno de los que tiene mayor voz propia. Antiguo director del grupo y la revista Literatosis, obtuvo en enero del 2005 el Primer Premio Internacional Ernesto Cardenal de Poesía Joven por su poemario “Alguien me ve llorar en un sueño”.

El mismo título, que proviene del poema epónimo, revela un elemento fundador de la poesía de Ruiz, la otredad, y más todavía, la separación del ser consigo mismo. Comparte Ruiz con Héctor Avellán la temática central de la soledad. Sin embargo, Ruiz le hace forma de una perpetua situación de separación y división del ser, reconociéndose no sólo en la espera del otro, como también ocurre en Avellán, sino también en la identificación del otro como parte escindida de sí mismo. El otro no adquiere en Ruiz personalidad, no es el amante esperado de Avellán, sino la forma desmaterializada de lo que, en términos freudianos, se podría llamar el “Unheimiliche” (o “conocido-desconocido”, lo “extrañamente familiar”). De ahí que, influenciado por Fernando Pessoa, una de sus reconocidas fuentes de inspiración, en la obra de Ruiz aparece la figura de Andrés, que no es sino un alter ego inventado. Casualmente, dicha figura aparece en particular en la serie de poemas “Alguien...”. El carácter de advenimiento de ese “Unheimliche”, que sin duda tiene --como lo plantea Freud a propósito de “El hombre de la arena” de Hoffman-- figura paterna dicotómica, se evidencia en poemas como: “Gesto desvanecido en esquina de una estación”, en el cual nos advierten los dos primeros versos: “Esta estación no será más una estación,/ quedará únicamente mi gesto desvanecido.../...”, y los dos últimos: “y.../ abordará mi soledad otro cuerpo”.

En “Alguien nos grita desde la cima de una montaña”, frente a la evocación de una presencia femenina trascendente (indefinida “ella”) pero maléfica, se abre la advertencia del poeta a Andrés de no volver a la roca (sisifiana), ya que “abajo otro empujará/ su propia miseria”. En “Alguien abre los ojos por primera vez”, es el olvido quien dialectiza la presencia naciente del ser personificado por Andrés. Dialéctico a su vez con “Alguien nos grita desde la cima de una montaña”, el epigramático “Alguien pronuncia mi nombre” nos cuenta que: “Cuando Andrés dice/ que yo ando perdido, volando,/ como si estuviese en las nubes,/ voy corriendo a reprocharle,/ pero no encuentro a nadie/ acá abajo”. No pasará desapercibida la recurrente referencia en la poesía de Ruiz al mundo mitológico griego (Sísifo, el olvido, el infierno en otro poema, también epigramático), que no sólo evidencia cierta formación clásica, sino también evoca el desvanecimiento como proceso histórico permanente, al igual que la imagen recurrente en la obra de Ruiz del gesto propio en su efimeridad. De correspondencia con sus contemporáneos, la poesía de Ruiz, por su aspecto a menudo epigramático, hace eco a la de Avellán, mientras una imagen como la del “esperma de insectos” de “Alguien nos grita desde la cima de una montaña” recuerda Huérfana embravecida de Martha Leonor González.

Como en Avellán, en Ruiz la preocupación social (“Poema para Rosy”) adquiere un valor notablemente individualista, el planteamiento crítico haciéndose desde la vivencia y la moral personal, más que en base a un discurso preestablecido. Lo cual nos remite de nuevo a la presencia inmanente, ontica, en Ruiz del poeta (“Yo”), los poemas presentándose a menudo como un discurso hacia un interlocutor ideado (“tú”), a veces significativamente confundido con Andrés.

De ahí que en “Poema para quedar inmune” se vuelve crística la figura del poeta (“cuenco aire en un costado”) y envuelta en un discurso acerca de sí mismo la evocación de los “traidores”: “y un abismo que separa/ a mi cuerpo/ de otro cuerpo”.

Los primeros versos de este mismo poema nos revela el valor objetual del otro (“tú”) en Ruiz: “Llevo una reja en mis dedos/ una prisión de viento que te habla/ tócame y seré libre” (véase también la identificación del poeta con los objetos definidos como radicalmente opuestos a sí en poemas epigramáticos como: “Nada” y “Poema para desaparecer frente a una botella”), los objetos llegando a identificarse con el mundo concreto, en oposición al mundo íntimo de la vivencia del poeta-yo, cuya problemática central es, como hemos dicho, el sujeto en su proceso carlosmartiniano (“El Auto-Hamlet”) de autoconcientización sobre y acerca de sí mismo, ser regado en esta vida sin mayor meta o comprensión que el vivir, y que busca una razón a su propia existencia.

De ahí probablemente que puede definirse como existencialista (camusiana) la poesía de Ruiz (y también freudiana, como hemos visto), y que al nivel formal se asemeja a la poesía desesperada, antisocial y caminante (por los temas del viaje y los lugares marginales) de los beats (sobre los cuales Ruiz escribió en Literatosis).

En este sentido (como Avellán, aunque sólo una vez, en La mala uva), Ruiz toca el tema del suicidio en “Cada cuatro años nace una poeta suicida”, la referencia a la muerte, y más todavía a la muerte propia, siendo a su vez otro tema central, fundador, en su poesía (“Me desplomaré”, “Poema para desaparecer frente a una botella”, “El mar se quedará ciego”).

*Poeta, catedrático de arte y crítico francés.

Última actualización: 06/07/2018