Festival Internacional de Poesía de Medellín

Breves poéticas

Por Hadaa Sendoo

Primero que todo, la Poesía no es un arma, ella no está proyectada para destruir seres humanos y naturaleza. Empero ella es la fuerza original de los sentimientos de la más incitante danza, o semejante a la música del agua. Ello ha sido probado desde el período de las tempranas epopeyas. Vemos también que la poesía del antiguo Homero, de Dante y de Goethe no ha muerto. Ellos son la pirámide de la civilización humana. Incluso la civilización nómada de Mongolia, desde antiguos tiempos dio nacimiento a numerosas y magnificentes épicas, por encima de 240,000 líneas: el épico Jangar. Hoy en día, él inspira todavía al pueblo hacia el amor por la amistad y el anhelo por la vida.

Poesía no es un tanque ni es armas químicas; ella es el deseo humano de un día retornar al idilio pastoral. Poesía, aun en los más dolorosos tiempos, también añade a este mundo, flores fragantes e incluso el coraje para vivir. Y su magia es cual estrellas en el cielo, cual mensajeros de paz para defender la tierra. Los humanos necesitan pan y también necesitan la luz del sol. ¡Compruébenlo! La poesía es como el rocío, la lluvia que nutre los corazones de la gente.

La esencia de la poesía es lirismo, libertad, romance, belleza; ella se opone a violencia, opresión, despojo y oscuridad.

La poesía crea belleza y nunca muere. El poema se ha convertido en un espejo del espíritu humano. Incluso cuando uno relee los poetas del siglo pasado tales como Rubén Darío, Antonio Machado, Pablo Neruda y Octavio Paz, se siente fuertemente que su poesía trasciende cualquier era, frontera, yendo incluso más allá del estrecho racionalismo y el brutal racismo.

En la distante Latinoamérica, en Medellín, la poesía se ha vuelto un símbolo de paz-amor. La pluma del poeta habrá de defender la Tierra con poesía, más bien que utilizando armas nucleares.

La poesía siempre pertenecerá a la Tierra, en medio de plegarias por este mundo de completa jungla.

Traducción de Rafael Patiño Góez

 

Mi experiencia con la poesía


Por Zabier Hernández Buelvas

Cuando me estrellé contra la fuerza restaurativa de la poesía, fui arrojado sin más al sentido de la vida sin pedir ni dar explicaciones. Un reconocimiento esencial de si mismo y del otro sin mediaciones de poder, tal fue el estado en que entré y en el que, por mi propia condición de libertad, no deseo salir.

Creo que la poesía ha logrado llegar al centro del misterio cósmico. Ella es energía infinita de la humanidad, testigo del agotamiento del petróleo y del sistema, poseedora de la sustancia que molesta la soberbia del depredador: Su humildad y su incapacidad de ser comercio. Al final cuando se consuman todas las fuentes, la poesía seguirá irradiando un líquido fértil sobre la tierra, imposible de ser atrapado por el monopolio, ya que será de todos y todas las luces del amanecer.

En el tiempo en que no sabía que vivía, en medio de los árboles, el viento acariciaba las piedras, sin perturbarse ante mi presencia. El escepticismo acuñado en mi piel, auguraba una pérdida irreparable del sueño, pero la poesía, como animal ligero impregnó el bosque de un aroma de vida. Las ramas, las hojas, la raíz el humus de un canto nuevo se escuchaba en el verde del tiempo. Y surgieron las preguntas del origen ¿Quién fundará el sueño de una vida nueva?   ¿Quién contará la prehistoria de la palabra? ¿Con que voz? ¿Quien dará libertad a la memoria histórica? ¿Y después de la guerra? ¿Cómo vivir sin olvido, sin rencor…sin venganza?

Los pueblos, como yo, encontraran en la poesía, no las formulas mágicas de un paraíso volátil dibujado en un espejo, sino, la fuerza restaurativa del sueño capaz de dar vida a una nación, a una cultura, rescatada del abismo egoísta de los imperios.

La experiencia de la poesía llegará sin duda a cada uno de nosotros, sin pedir nada a cambio. La belleza y la transparencia del espíritu humano le bastaran para no callar ante la injusticia y las victimas cantaran, por que el vencimiento de su dolor será la victoria sobre los victimarios y allí, justo en el centro, estará la poesía con su fuerza restaurativa.

 

Ars Poética


Por Jack Hirschmann
Especial para Prometeo


Primero que todo creo que cualquiera es un poeta, y el celo revolucionario que guardo por la educación de las masas sobre la superación de la propiedad privada y el ejercicio de una distribución equitativa de la riqueza del mundo, debe incluir también la misión de llevar  conciencia poética a todos como una forma de simplemente decir: reconócete.

Así que nosotros, por ejemplo, en la Brigada de Poetas Revolucionarios, tenemos bastante claro que lo que conscientemente queremos hacer es poner nuestras palabras al servicio de quienes están ya movilizándose para defender la tierra de un sinnúmero de indignidades y codicias. Hay una pequeña muestra de sabiduría deportiva: la mejor defensa es una buena ofensiva. Nuestra ofensiva es la Palabra, el heraldo de la Verdad. Ponemos nuestras palabras al servicio de asuntos como la indigencia, la lucha de los inmigrantes, la cuestión de la salud, las condiciones de pobreza, la crueldad del tráfico sexual, la cuestión de la raza y, por supuesto, subyaciendo a todos éstos, está el asunto de la movilización de la maquinaria bélica. Es en eventos que giren alrededor de dichos temas, donde puedes estar seguro de encontrar a los Brigadistas que los irradian con el fuego de sus poemas.

Es bueno recordar que escribir un poema es una acción, y que escribir una acción es ya ir en camino de organizar el alma, no simplemente para disfrutar la estética del momento, sino para reconocer la profundidad de la alteridad en su interior, y cómo, si la palabra guía la verdad, el futuro no será, no puede ser, traicionado por las que son sólo las sobras de mentiras.

También es bueno recordar que aunque nos parezca que somos nosotros quienes escribimos, es en realidad el lenguaje el que nos escribe, y exige tan sólo que permanezcamos abiertos a recibir la verdad que nos puede ofrecer. Esa apertura es la claridad sobre cada uno de nosotros, en la que a cada uno de nosotros se nos concede la majestad del lenguaje con el fin de darle a la tierra la imagen de su propia majestad.


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Arte poética

Por Waldo Leyva
Especial para Prometeo

Se ha dicho muchas veces que un poeta no escribe sino un único poema, y que ese texto es capaz de trasmitir todos los tonos de su voz: desde el más claro y agudo de la infancia, pasando por aquel que cree rozar la inmortalidad, propio de la adolescencia, hasta los graves registros de un tiempo que se acaba. Ese poema debe leerse desde el hoy hasta el ayer más lejano, porque es la única forma de que ese día del pasado vuelva a estar aquí, a ser tocable, y lo más importante, pueda convertirse en memoria del porvenir.

La poesía, ya se sabe, es una materia esquiva que se puede encontrar en los pucheros como dijo Santa Teresa, o extraviarse en los laberintos del ser. No bastan las palabras ni las formas para apresarla y de ese conflicto nace la angustia del poeta y su triunfo.

Creo en la excelencia del verso y rechazo lo que no alcanza esa altura. Para la poesía no hay rutas intransitables ni horizontes únicos. Pienso con Martí que cada emoción trae su métrica. Muchos consideran que, como poeta, pertenezco a los que buscan expresar lo más complejo a través  de un lenguaje diáfano. Puede ser, pero sobre ese razonamiento siempre me pregunto:  ¿existe el texto transparente que no le esconde nada al lector? No lo creo, si hablamos de poesía. Y, por otro lado, ¿una vez desentrañado el poema de códigos aparentemente herméticos, no resulta de una luminosidad implacable que apunta, a su vez, hacia zonas inexploradas?  Definitivamente el asunto no está en las palabras que, como las diversas formas estróficas, tampoco son inocentes a la hora final del poema.

Una vez precisado mi concepto de la poesía,  me remito a otro asunto que también ha sido materia de reflexión desde que se escribió el primer verso, y está en consonancia con el propósito que se le exige a estas líneas. ¿Cómo puede actuar la poesía en la sociedad, su posible utilidad más allá de su naturaleza como creación artística, o a partir de esa propia naturaleza? Los organizadores acotan ese vasto y polémico universo precisando como tema la defensa de la Tierra. Yo pienso que la salvación ineludible de la Tierra es una urgencia de la humanidad más allá de la poesía. Nuestro planeta tiene fiebre, está enfermo, y el futuro de su condición de casa del hombre está en peligro por la acción irresponsable de sus propios inquilinos.  El poeta debe sumar su voz y sus energías como ciudadano para evitar esa catástrofe anunciada. No queda otra alternativa si queremos seguir descubriendo los paisajes, escuchando el latido de la tierra, oliendo, en la temperatura del aire, la proximidad de la lluvia, descubriendo el  violeta del mar en los crepúsculos, y toda esa maravilla cantada y por cantar.


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La poesía y la tierra

 

Por Eufrasio Guzmán Mesa
Especial para Prometeo

La naturaleza es lo que hemos perdido al vivir en la cultura, se nos presenta fieramente como obsesión y mandato. La naturaleza es todo, pero ella escapa, la contemplamos, nos entregamos a ella pero, como la más genuina poesía, ella escapa y nos quedamos con los mendrugos, el naturalismo, el clasicismo decadente. Eso explica la claridad inobjetable del barroco, él se sitúa de una buena vez en la sobrenaturaleza que emanamos como una respiración continua que apenas se fija unos instantes en el vaho del aliento sobre el espejo que apenas cruzamos con un trazo.

Creo que el único compromiso del artista es con su obra, si la sociedad la puede asimilar está bien, pero el artista no puede estar debiéndose a lo público, no puede dejar que en su fuero entre la moda o la urgencia de lo externo, a no ser que de ello dependa su alimentación o el cuidado de los suyos, y se deberá atener a las consecuencias. El artista nutre la vida y la sociedad por un camino medio alquímico, que lleva a una soledad y un egoísmo casi bestiales, para poder entregar lo mejor de sí y volverse dador, comunicante, generoso hasta con sus propios huesos.

Yo creo que el poeta ofrece un lugar y un paraje, el poeta está en busca de su lugar, si ese lugar es inaccesible para otros, si es un lugar imposible, a eso llamaría la utopía, como ausencia de lugar o imposibilidad de encontrar o construir un lugar. Uno cuida su lugar y lo protege, lo acrecienta y lo hace habitable. Pude volverse imposible hasta para un ser amado. Los lugares en ocasiones se construyen con detritus, como lo hacen los pájaros de quienes nos viene la costumbre de anidar, de ellos aprendimos lo de hacer casas en el aire.

Yo creo que la mejor definición de la poesía desde hace muchas décadas, la más vital, se ajusta a la idea de que ella es una religión natural. Una respuesta de la especie a la ausencia de sentido. Por la palabra le doy vida hasta a los muertos y los pongo a hablar. Le damos la voz a los rincones, ponemos a hablar los muros y a la tierra como lo hace un poema muy querido de Fernando Paz Castillo.


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Invocación

 

Por Iván Graciano Morelo
Especial para Prometeo


                            Este es el corazón de la tierra
                                                           el del mar
                                                           el del aire
                                                           el del cosmos
                                           y entre éstos el mío como un tambor victorioso

                                                                                                          Juan Mares

La poesía es también una oración, un canto, una conversación sin comienzo ni final entre  fantasía y realidad. Es magia verbal, quién dice que no. La palabra poética anda el camino del mundo, de la vida, de las cosas que nos definen (al menos en la sombra). Si en el alba de la humanidad era un prodigio (digno de publicarse en el corazón de los hombres) caminar dando tumbos contra las raíces de árboles o las piedras, ese prodigio se ha convertido ahora en el milagro de la danza, gracias al tambor que tradujo la música de la sangre. Bailamos sobre la tierra desnuda, alrededor del fuego, con la máscara del espíritu abrazada al rostro extático. La música que habla su propio lenguaje terrígeno al  toque del tambor nos ilumina con esa luz reveladora, originaria,  que nos posee y nos da la estatura del universo. Bailando, el poema entra pisando niebla   tocando tambores de piel de fantasma   sonando y tronando   enriqueciendo lo imaginario… vocifera “cargado de pólvora” Pablo de Rohka. La poesía es  también el tambor del mundo que se canta al toque de nuestras manos, al toque del corazón encendido de pasión, atormentado por la pena, angustiado por el devenir. Música de la Tierra trepando por las venas, floreciendo en la boca, germinando el papel.

El hombre sólo tiene la palabra/ para buscar la luz/ o viajar al país sin ecos de la nada, nos dice el poeta quiteño Jorge Carrera Andrade. Porque también hay oscuridades hechas palabra en el mundo. Y versos que pueden ser astros sonoros,  como esta flor del lenguaje de Miguel Hernández…Flor de un día es lo más grande/ al pie de lo más pequeño. / Flor de la luz el relámpago,/ y flor del instante el tiempo. El poeta y el mundo se encuentran en la palabra, pues es ésta la que le otorga sentido a ambos: mundo y poeta. La vida se hace vida en el hombre y el hombre se hace hombre en el mundo. Surge así una compenetración profunda entre aquellos. Para el hombre el mundo es la Tierra y el amor, el amor a ella. Es su lugar de paso, su cuna, su cielo y su tumba. Donde llora, ríe, maldice, reza, bromea, canta, adivina y racionaliza.

La Tierra es la realidad en medio del caótico cosmos, el surco negro donde florece, luminosa, la amplia cesta del pan, fruto de la tierra y del sudor del hombre. Es el abrigo de mis hermanos emberá, cuna, katío y zenú, con los que comparto el compromiso por la tierra y la memoria cultural.

El planeta es nuestra nueva religión, nuestra nueva espiritualidad; el decálogo se resume en esto: amarla como a ti mismo. ¿El dios, o los dioses? ¡La vida, el amor, la hermandad, la justicia, la humildad…! Se ve, es una religión politeísta. La poesía es también una oración. La poesía es un conjuro para entrever, al menos, el paraíso. Viene a mi memoria un texto de José Raúl Jaramillo Restrepo que, cada que lo leo, me revive — no sé a través de qué mágica arte— ese improbable lugar. Cuando se apagó la lumbre alrededor de la cual se celebró el conjuro, quedó en nuestros corazones una certeza: habíamos visto el paraíso. Creo que la poesía tiene ese poder: hacernos vislumbrar el paraíso, cuando no crearlo, recrearlo y, cómo no, deshacerlo también. Pero el llamado es a pensarnos como un pedazo de barro, un callo divino, una gota de rocío, un palo de mango o un perro bajo la lluvia, y así identificarnos con la vida, entendida como una totalidad cósmica, universal, vital. Para lograrlo,  invoco las voces, los cantos, los verdes gritos de monte, a los dioses del barro, a los espíritus, a  las quebradas, al rayo, al trueno, al agua, al fuego, al aire, a la tierra, a las cenizas de mis hermanos indígenas que murieron por proteger a la Madre Tierra,  y en su memoria hago un llamamiento a la humanidad por la defensa incesante de ésta, y que en adelante, con ayuda de la poesía, nos comprometamos cada vez más con la vida y por la vida  y el amor, porque la poesía es una oración y como plegaria, como balada, ha de salvaguardar a la Tierra del cataclismo de Damocles del que habla con proféticas palabras nuestro Gabriel García Márquez.

Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, todo.

                                        Miguel Hernández


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Por Carmen Ollé
Especial para Prometeo

Escribo como quien espera que alguien llame una noche de insomnio; como imaginar en un día feriado o en un largo domingo que la calle macilenta se ha convertido en una alameda llena de frutales, con un lebrel jadeando a la sombra después de una larga carrera. Escribo como quien aguarda una copa en el bar de una callecita empinada y entonces oigo la voz de alguien que dice: "ya verdearon los eucaliptos, ¿vienes?"

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Por Triunfo Arciniegas
Especial para Prometeo

Los hombres, en cuatro patas, ladraban a la luna mientras los perros le escribían poemas. Sobra agregar que ni los perros entendían los ladridos ni los hombres los poemas. Batían la cola ante el papel que el amo les sacudía como un trozo de carne, corrían alrededor y acezaban, sumisos, felices e ignorantes. Amarrados a un árbol, veían en la ventana el perfil inclinado del perro que escribía.

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Poética de los árboles

Por Rodolfo Häsler
Especial para Prometeo

"Amigos, el suelo es pobre, hemos de esparcir ricas semillas que nos proporcionen humildes cosechas", dice Novalis. El poeta romántico alemán aconseja, a los poetas en especial, mirar la naturaleza, trabajar la tierra, y arañarla, amarla y fecundarla con la semilla, y esperar después que llegue la cosecha para llevar una vida sencilla. Y creo que sigue vigente, hoy más que nunca, esa convivencia del creador, del ser humano, con su entorno natural. Me parece que ese símil que va de la tierra, la siembra y la recogida de la cosecha y llega a la poesía, es algo que nos da mucho que pensar. Vivimos un momento terrible. Nos hemos alejado de la naturaleza y sus ciclos. Nos hemos desentendido de la naturalidad, de la mirada poética. El poeta es el amante de la naturaleza. Su semilla es el habla, y sembrar, escribir, es más que comunicarnos unos con otros, es ir detrás de los sentidos y descubrir, otra vez en palabras de Novalis, "el velo de la diosa Sais", para conocernos a nosotros mismos. Defendiendo la naturaleza penetramos en el conocimiento y en el misterio de la vida: los árboles, el detenimiento, la lentitud, los ciclos naturales, la poesía.

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¿Cómo puede actuar la poesía en la defensa de la tierra?

Por Rubén Darío Lotero
Especial para Prometeo

El ritual de la vida supone relacionarnos con los elementos esenciales sagrados para la vida: el agua, el fuego, el aire y la tierra. En la poesía de todas las culturas y de todos los tiempos está reflejada esta relación diaria. La poesía ha cantado, ha gritado o se  ha silenciado frente a la acción de dichos elementos. La poesía le ha mostrado al hombre, a través de la artesanía del aire que son las palabras de la tribu, la belleza de nuestra casa que gira y anda en el universo. Siendo la Poesía aire, respiración, aliento, palabra, su esencia hace parte de la Tierra.

Cada ser humano, como un árbol, ha nacido y se ha desarrollado en un lugar específico, tiene una raíz; cuando un poeta encuentra dicha raíz, es como si encontrara el ancla que lo une a la Tierra, y que le da sentido a la vida. En esa medida,  la poesía se encarga de hacer que sus semejantes se sientan parte de una cultura y de un territorio. Porque el respeto por todas las formas de la vida nace del conocimiento del corazón, que es el saber de la Poesía.

Si a través de un poema, un lector o un oyente, logra sentir ese conocimiento de las diversas formas de la vida, esa comprensión lo convierte en partícipe de la defensa de la vida en la Tierra.

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Arte poética

Por Fernando Linero
Especial para Prometeo

Hoy no me preocupa el verso perfecto.
Hoy quiero escribir simplemente
como quien oficia un rito
para alejar un maleficio.
Hoy no me preocupa la gramática.
A estas alturas cuando ya uno
es de ninguna parte
todas esas cosas poco importan.
No es la voluntad
la que escribe sino la frustración.
Hoy no me preocupa
el destino de estos versos
con los que me traiciono
y firmo con un nombre vulgar.

 

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Fronteras que cortan nuestras sombras


Por Nikola Madzirov
Especial para Prometeo

A fin de escribir un par de páginas en defensa de la tierra y para tenerlas impresas en varios miles de copias, muchos árboles deben ser derribados. Muchos litros de kerosene tienen que ser quemados y muchas respiraciones tienen que ser polucionadas a fin de tener estas páginas distribuidas desde un aeroplano y esparcidas a través de los jardines, los techos y las tumbas recién cavadas. Es necesario quemar todas las páginas que quedaron vacías a causa de la no comprensión del lenguaje o el equívoco de la idea, o simplemente para usarlas para envolver un pescado que acaba de ser comprado y nunca ha hablado. A fin de escribir un par de páginas de poesía en defensa de la paz construida, es necesario cortar muchas raíces, perdonar muchas muertes y recordar las nuevas fronteras que cortan nuestras sombras y expectativas.

Pero permitamos que sean derribados solamente aquellos árboles que están muriendo, calladamente, específicamente, como un poeta que escribe sobre su lecho de muerte sus más tranquilos y más precisos versos.

Traducción de Rafael Patiño Góez

 

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D) Arte Poética: Cómo la poesía puede actuar en defensa de la tierra


Por Philip Hammial

Habiendo participado en importantes festivales de poesía en Tokio, Durban, Paris, Praga, Quebec y Sídney, he descubierto que cuando poetas del planeta entero se reúnen juntos, sus diferencias (raza, religión, nacionalidad, edad, lenguaje, género, etc.) no son relevantes, y que generalmente cada uno es respetuoso de todos los demás. Esto es generalmente cierto para la mayor parte de público de la poesía. En Poetry Africa 2000 en Durban, por ejemplo el público diverso – negros africanos, malayos, asiáticos y blancos – era muy respetuoso de cada uno y de los veinte poetas participantes. Este buen ejemplo, puede, en teoría, ser seguido por nuestros “líderes” políticos, militares y de negocios. Si nosotros podemos mejorar ellos también pueden.  Cuando ellos se reúnen en unas de sus largas y costosas cumbres acerca del cambio del clima, derechos humanos, negocios mundiales, salud y demás ellos deberían, siguiendo nuestro ejemplo, ser capaces de hacer acuerdos acerca de qué acción tomar y tomarla. Por supuesto, como sabemos, los intereses nacionales, agendas ocultas y avaricia corporativa generalmente aseguran que muy poco o nada será hecho.

Un festival tal como el de Medellín tiene el potencial de suscitar conciencia de qué le está aconteciendo a nuestro planeta y de ayudar a que en el mundo se dé una presencia humana espiritualmente cabal, socialmente justa, ecológicamente sostenible. Puesto que la naturaleza de nuestra búsqueda es comprometerse con la tierra podríamos ser nominados a estar en relación íntima con ella y así poder testimoniar su felicidad o desdicha.  Puesto que en este tiempo en la historia es obvio que la tierra está en desdicha, nosotros los poetas debemos constantemente levantar nuestras voces de protesta contra su destrucción por parte de individuos ignorantes y avaros y especialmente por las multinacionales y sus gobiernos títeres.

Traducción de Rafael Patiño Góez

 

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Por Giovanna Mulas
Especial para Prometeo

Poesía es escuchar el ritmo del mar. Una ola y después otra que repite la misma cosa – movimento, sonido, aroma -  pero ya diversa.

Poesía no es el visionario que dialoga con los fantasmas, sí artista de pluma que pone en comunicación su mundo de HombrePoeta con el mundo externo y contemporáneamente el mundo de los otros; del pasado, del presente, del futuro, de la Vida/Muerte (que se suceden en un continuo devenir y devorar uno sobre el otro y viceversa, saciados), de lo Verdadero/Falso, lo animado y lo inanimado. Aquí puede venir in mente también Nietzsche: “…como un espíritu de pájaro profético, que mira atrás cuando nos dice qué sucederá”. 

La imaginación... el Arte, contrariamente a las instituciones, es centrífugo. La Poesía no es un lujo inútil, melancólico, dulzón y, por demás, juguetón, pero sí concepción y concreción de una necesidad inherente a la naturaleza de la Naturaleza donde los pájaros más líricos de una obra no estan tanto en aquello que expresan sino en aquello que sugieren, obteniendo diversos y variados efectos de extrañamiento semántico.

Es energía que supera la razón, ya que las cosas como las criaturas exigen Poesía, esencia, verdad, cavar entre aquello que es justo y aquello que es desacertado. Para darles voz el Poeta debe ensimismarse, entrar en ellas, perder la propria identidad para asumir aquellas figuras de lo creado que encuentra y con las que sostiene afinidad electiva, una relación de amante privilegiado.

El artista presenta la propia imagen con un doble filtro, media con los otros, hasta englobar sea la instancia dramática que la lírica; jamás suficiente para sofocar el Yo narrador que, con la multiplicación de la poesía, se eclipsa con el protagonista.

16 de marzo de 2011.

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