Festival Internacional de Poesía de Medellín

Tristitia Source

 

Por Tomàs Arias Soler
Especial para Prometeo


«¿Cómo puede actuar la poesía en defensa de la tierra?»

Creo que de ninguna manera. La poesía no puede hacer nada ante la voluntad destructiva de los pueblos, porqué ha estado siempre muy lejos de causar ningún efecto inmediato sobre la sociedad. Otra cuestión, quizás más simple, seria: ¿Cómo puede actuar ‘el poeta’ en defensa de la tierra?  Un poeta puede defender un puente, puede reconstruir una casa, puede proteger a su familia, y puede hacer todo esto desde el punto de vista de un poeta. Después, solo después, cuando haya ganado o perdido el puente, consolidado o no la casa y asentado o no a su familia, entonces la poesía será de gran utilidad, para dejar constancia de como lucho, como sufrió y como venció o fue derrotado; entonces el poeta será de gran utilidad, para fijar el relato de su historia a la memoria colectiva de su pueblo. Pero por lo demás, como dijo T.S.Eliot: «si la poesía no ha tenido función social en el pasado, no parece que vaya a tenerla en el futuro.» (On Poetry and Poets, 1957).

La poesía no puede hacer nada frente a la barbarie. Colocada antaño en lo más alto de la pirámide de la cultura europea, no pudo impedir el holocausto nazi, ni el Gulag ruso, como tampoco pudo evitar la imposición de regímenes políticos corruptos y totalitarios. Al contrario. Esos mismos tiranos y dictadores admiraron y propiciaron a sus poetas elegidos. La poesía ha sido siempre un valioso utensilio que ha ocupado un respetable lugar en la historia política de la humanidad, pero un lugar definitivamente accesorio, decorativo y a veces hasta molesto. La triste realidad sale a la luz cuando G. Steiner dice: «el poema más inspirado es impotente ante la muerte.» Cierto, el poema no puede evitar la muerte, pero puede hablar de ella, y eso convierte a la poesía en un instrumento radical, incluso para aquellos que la desprecian, porque la muerte también les incumbe. El homo se volvió sapiens cuando sus procesos mentales evolucionaron hasta llegar a la idea de la propia muerte, a la idea de Dios, y para poder hablar con Él se inventó la poesía. Lo que demuestra, una vez más, su profunda ingenuidad. La fuente de la tristeza del pensamiento humano es la absoluta certeza de no obtener ninguna respuesta a sus plegarias.

La poesía no posee carga eléctrica capaz de generar corriente social por sí misma más allá de la entropía, del entretenimiento. La poesía puede ser una lanza inútil en manos de un torpe lanzador, pero también el motor indispensable del genio creador, o la última bala del genio destructor. La poesía no es nada, es un símbolo, una botella vacía. ¡Es el vacío mismo de la botella! puede serlo todo.

Cuando Artistófanes, cuatrocientos años antes de Cristo escribió: «La literatura hace mejores a los hombres.» quizás no se dirigía únicamente a los bondadosos. La poesía hace mejores a los buenos, sí, pero también más perversos a los malos, sin olvidar que la literatura puede volvernos locos, según demuestra la tesis del mejor libro jamás escrito en español.

Por todo esto, y ante la imposibilidad de llevar mis razones a ninguna otra parte, me atrevo a asegurar que la poesía, y el poeta, se deben completamente a su lengua. Tienen la principal obligación de honrarla, conservarla y mejorarla. W.H.Auden dijo: «El poeta es el padre del poema, la madre es la lengua.» Por eso es tan importante que cada pueblo, que cada tierra, tenga su propia poesía, escrita en su propia lengua, la lengua con la que siente y expresa sus sentimientos únicos e intraducibles. Para después, por supuesto, compartirla con el resto del mundo. La lengua es a la identidad de los pueblos lo que el agua al planeta, casi todo.

La tarea del poeta, insisto, es hacer avanzar su lengua, y más aún si esta está amenazada por otras lenguas y culturas globalizadoras, entonces, el éxito del poeta se convierte en una cuestión de vida o muerte. A un pueblo se le puede privar de su propia lengua, sí, se puede suprimir y obligar a las escuelas a enseñar otra, pero si no consigues hacer que ese pueblo sienta en otra lengua, no podrás hacer desaparecer la antigua, y esa es, por pequeño que el poeta sea, su gloriosa misión: defender su lengua, y así, quizás también su tierra. La fuerza creativa de las minorías ha sobrevivido históricamente a la fuerza exterminadora de las grandes potencias. Recuerden que las culturas desaparecidas que hoy admiramos no son las que tenían mayores cañones sino mejores poetas. 

Barcelona, 12 de febrero de 2011

16 de marzo de 2011.

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