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La revolución de la poesía

Por: Amir Or
Traductor: Rafael Patiño Góez 

Especial para Prometeo


¿Por qué pedirle a un poeta que escriba acerca de salvar el mundo? Aparentemente es una labor más bien que conviene a un estadista, un filósofo o tal vez a un clérigo. Los estadistas son gente de acción, mientras los filósofos, profetas y poetas son visionarios. ¿Qué es ello entonces, eso que la poesía puede decir acerca de la existencia humana que nosotros no lo poseamos ya en nuestros libros de filosofía, religión o historia? 

Filosofía, la famosa profesional autorizada en lo concerniente a sabiduría en nuestra cultura, llega a ser menos convincente cuando uno considera seriamente la “sabiduría”. La filosofía habla acerca de sabiduría e introspección, pero agarra el pensamiento con densos alicates. Repleta de pesadas palabras lentas que torpemente toman asidero de ideas que la sabiduría agarra en un parpadeo. Solamente escasos filósofos tales como Heráclito, Platón o Nietzsche, quienes tenían talento poético, podían lidiar con esta eléctrica intensidad del pensamiento. Tal parece que solamente la poesía hace a las palabras lo que el pensamiento le hace a ellas, en su alcance y poder completos: las oye, las saborea, las comprende y las malentiende, las combina de extrañas maneras, resulta llevada por ellas, las golpea entre sí, dice. La poesía verdaderamente expresa a través de las palabras todo lo que ellas pueden asir y más. La poesía captura vivas a las palabras en el momento en el que ellas son formadas. 

No lo decimos en voz alta pero a menudo parece que el poeta es el único que puede servir en este mundo moderno como algún mensajero metafísico, un representante del subconsciente, un mártir o como un profeta. Si ustedes entrevistaran personas en nuestra globalizada cultura, difícilmente nadie habría de confesar explícitamente que piensa que los poetas ocupan cualquiera de estos roles en el sentido tradicional, y si les preguntan a los poetas ellos probablemente dejarían claro que en realidad un poeta tiene otras tareas qué atender tales como escribir sus obras, y ganar un sustento. Los roles a los cuales los poetas están asociados – el réprobo profeta social, el “artista maldito” así como el mártir, el bufón entretenido o el trovador – son todos reduccionistas o al menos crean un modelo enfermizo. Pero quizás podamos todavía admitir que existe algo de verdad en estos sentimientos: de algún modo un poeta parece crear con los más primarios materiales, en la multitud mental de la vida y sus realidades posibles. Sus obras sirven para mejorar y rediseñar mentalmente el mundo en el cual vivimos. Una introspección poética puede servir como una percepción renovada de la realidad, y traza nuevos bocetos o planos para su futuro desarrollo. Un escritor en su trabajo parece apenas soñando, pero los suyos no son sueños ordinarios. Él “sueña” el mundo de nuevo, y en esa misma acción él le da validez y significación a esta realidad que vivimos. Bien que esté consciente de ello o no, con su aventura creativa el poeta continúa creando el futuro mental desde el cual nuestra civilización venidera habrá de crecer. 

La poesía reorganiza y recrea la realidad social. Incluso el poeta más discreto es un rebelde y un revolucionario, quien por su misma creatividad amenaza el orden prevalente de la realidad con la cual estamos familiarizados. 

Al final del día, la historia de la evolución humana es la historia de las ideas creativas: cada logro de la humanidad es un logro de la mente humana. La cercanía de una sociedad hacia la creatividad artística es por ello un factor importante para ampliar o reducir sus capacidades espirituales, y para mejorar o debilitar su imaginación creativa y poderes vitales. Es por ello que una sociedad que no tiene éxito en el campo del arte y la literatura es una sociedad que se ha fosilizado mentalmente y dañado su propia capacidad de auto renovarse y rejuvenecerse. 

La poesía es una constante revolución mental. 

18 de marzo de 2011. 

Última actualización: 26/04/2020